domingo, 1 de diciembre de 2013

Varapalo y reflexión

Reflexión de última hora

Si aspiras a que te galardonen con el óscar del Premio Nobel de la Paz, gestiona la guerra. Ya lo decían los romanos hace cientos de años: Si uis pacem, para bellum, haciéndose eco de lo que escribió Vegecio en su obra sobre el arte militar: igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum. Ya lo dijo Orwell: LA PAZ ES LA GUERRA. O, viceversa. El galardonado ha dicho que cree que no lo merece. Y tiene razón: no lo merece.

Además, el falso, por supuesto, Mesías negro, ha proclamado en la lengua franca del Imperio lo que las agencias de prensa de todo el mundo han traducido enseguida a todos los idiomas de la diáspora de la Torre de Babel y al nuestro de Cervantes para que nos enteremos bien enterados: “Hemos sacado al mundo del borde del abismo”. Y nosotros, como parte del mundo y del abismo que somos, sin enterarnos de que una criatura tan angelical nos había sacado del borde del abismo. Entonemos un espiritual negro en su honor: Oh Lord, My Lord, Bendito el que viene en nombre del Señor…Demos Gracias al Señor, Nuestro Dios. Realmente es justo y necesario darle gracias por nuestra salvación. Él nos ha salvado. Sin embargo, yo no quería que me redimieras, Señor: yo no quería que me libraras del abismo, sino que me dejaras caer interminablemente en él regodeándome en mis pecados capitales. Yo quería que me dejaras hundirme en el abismo. Devuélveme mi voto, devuélveme el voto que yo nunca te he dado ni depositado en una urna, y que tú me has usurpado, falso profeta, pseudomesías.


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