Reflexión de última hora
Si aspiras a que te galardonen
con el óscar del Premio Nobel de la Paz, gestiona la guerra. Ya lo decían los
romanos hace cientos de años: Si uis pacem, para bellum, haciéndose eco de lo
que escribió Vegecio en su obra sobre el arte militar: igitur qui desiderat
pacem, praeparet bellum. Ya lo dijo Orwell: LA PAZ ES LA GUERRA. O, viceversa.
El galardonado ha dicho que cree que no lo merece. Y tiene razón: no lo merece.
Además, el falso, por supuesto,
Mesías negro, ha proclamado en la lengua franca del Imperio lo que las agencias
de prensa de todo el mundo han traducido enseguida a todos los idiomas de la
diáspora de la Torre de Babel y al nuestro de Cervantes para que nos enteremos
bien enterados: “Hemos sacado al mundo del borde del abismo”. Y nosotros, como
parte del mundo y del abismo que somos, sin enterarnos de que una criatura tan
angelical nos había sacado del borde del abismo. Entonemos un espiritual negro
en su honor: Oh Lord, My Lord, Bendito el que viene en nombre del Señor…Demos
Gracias al Señor, Nuestro Dios. Realmente es justo y necesario darle gracias
por nuestra salvación. Él nos ha salvado. Sin embargo, yo no quería que me
redimieras, Señor: yo no quería que me libraras del abismo, sino que me dejaras
caer interminablemente en él regodeándome en mis pecados capitales. Yo quería
que me dejaras hundirme en el abismo. Devuélveme mi voto, devuélveme el voto
que yo nunca te he dado ni depositado en una urna, y que tú me has usurpado,
falso profeta, pseudomesías.
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