viernes, 27 de diciembre de 2013

Varios



Duda y creencia. - Las creencias pertenecen al fuero interno de cada uno, las dudas también. Tuya es la creencia, mía la duda. Tan tuya es la una como mía la otra. Tanto derecho tienes tú a creer en aquello en lo que yo dudo, como yo a dudar de aquello en lo que tú crees.


Una frase genial del manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes que, aunque entrecomillo, no sé si cito literalmente, habida cuenta de su popularidad: “Tienes que desconfiar del caballo por detrás de él; del toro cuando estés de frente; y de los clérigos por todas partes”.

Made in China: Una fábrica china construye al mes 50.000 consoladores y vibradores que exporta a Occidente. El consuelo chino para nuestro desconsuelo.

Un titular de un periódico amarillo-chillón (sensacionalista a tope): “En los últimos TRES años se ha TRIPLICADO el número de hombres que recurre a la cirugía para aumentar el tamaño de su ¡FALO!” Me llaman la atención dos cosas del titular: 1) la insistencia trinitaria en los últimos tres años y en la triplicación del número; y 2) la utilización de la palabra culta “falo” para referirse a... ¡la polla! ¡Cuántos lectores no sabrán ni lo que es pero, por el contexto, podrán adivinar de qué se trata, claro! La inmensa mayoría de los varones que se someten a esa operación quirúrgica para alargar el tamaño de su virilidad no tiene un problema entre sus piernas, sino un complejo muy grande en su cabeza.

David de Miguel Ángel.- Miguel Ángel lo extrajo de un bloque de mármol de Carrara blanco resplandeciente como la nieve iluminada por el sol. Ante su contemplación uno no puede sentir menos que una experiencia mística de arrobo estético: un rapto, un salirse de sí mismo y confundirse el observador con lo observado en una total observación donde desaparecen sujeto y objeto. Se impone la belleza de David, que es la belleza de la juventud sin ningún tapujo, completamente desnuda, perfecta: el David lleva una honda y una piedra en la mano derecha, con ellas derribó al poderoso gigante Goliath. La república de Florencia eligió esta obra como su símbolo más preciado: belleza y juventud contra el poder por muy gigantesco que sea.

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