miércoles, 30 de octubre de 2013

Notas musicales



Añoro de la infancia aquellas largas vacaciones interminables que no volverán, aquel paréntesis infinito sin escuela que se prolongaba a lo largo de julio y agosto.  Añoro, ahora que cargo a cuestas con mi sombra de adulto y con la obligación de ser lo que soy, el día perfecto e infinito, vacío como el desierto,  el prodigio del tiempo que no pasa. Más que el sol, las rajas frescas de melón o de sandía, la siesta, el trago  de vino tinto con gaseosa, la playa o el azul del cielo. No pasaba nada y, al mismo tiempo, pasaba todo, pasaba todo el tiempo delante de mi mirada indiferente y ausente de aquel niño antepasado mío que evoco herido de nostalgia.

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El escritor y periodista Andrés Sorel recuerda que en la primera entrevista que le hizo en 1977 al que con el tiempo sería presidente democrático del gobierno de España  don Felipe González Márquez, éste le confesó que los anarquistas eran “la sal de la Tierra” (sic). Y añadió literalmente: “Por vuestra creencia en las utopías. ¿Qué sería de nosotros, los políticos, sin ellas?” ¡Qué pena que la utopía libertaria alimente a los gobiernos ! ¡Y qué revelador! Lo mejor es no creer en nada absolutamente.

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Hay profecías que se cumplen porque se proclaman después de realizado el suceso que profetizan. Hay profecías que se cumplen por el mero hecho de anunciarse y por probabilidad estadística. Hay profecías que no se cumplen.

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En este mundo, el mercado lo domina todo. No es sólo que los mercaderes hayan invadido el templo, como denunció Jesucristo echándolos de allí a palos. Es  que el Dios que habita en el templo es el Becerro de Oro. Así pues, una mujer o un hombre, dada la relación de oferta y demanda sexual que hay, es decir, dada la prostitución,  pueden convertirse en una mercancía. El comercio del sexo es una de las mayores fuentes de beneficios económicos, por detrás del tráfico de armas y de droga. Los hipócritas sólo se escandalizan de la prostitución infantil.

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Morirme quisiera, dejar de existir,  maldita farsa que llamamos vida, que es un sinvivir.

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Hay quien distingue conceptualmente entre prostitución libre y forzada. Es un engaño cognitivo. No hay libertad, dado que hay mercado. No puede haber, por lo tanto, prostitución libre. Es una contradictio in terminis. Toda persona prostituida o no, por muy libre que se crea, depende del dinero. Y si no hace lo que hace por dinero ya no se prostituye: hace lo que hace por amor o por lujuria.

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Blogger, el anfitrión que amablemente nos hospeda, permite a los visitantes de los blogs señalar los contenidos “de dudosa reputación”, “discursos discriminatorios”, “cuestionables o potencialmente cuestionables, ofensivos o ilegales”, sólo con apretar la tecla de “marcar blog”. Asistimos a la democratización de la censura, y a su legalización más escandalosa, porque el Index Vaticanus ya no se hace en nombre de Dios, sino de la mayoría democrática que, como se sabe, es idiota.

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(De la maldad intrínseca de las encuestas) Si se hace una encuesta es porque se pretende interpretar la realidad según las respuestas que se obtengan de los encuestados. Pero las preguntas encierran una trampa: modifican la realidad que pretendían interpretar. Supongamos que alguien nos pregunta: ¿Es usted partidario de dar un trato humanitario a los esclavos?  Imaginemos una casilla que pone SÍ y otra que pone NO. Marcaremos una cruz bienintencionada en la casilla que pone SÍ. Hemos votado como buenas personas que somos por un trato humanitario, lo que en sí es irreprochable, pero hemos legitimado con nuestro voto la existencia misma de la esclavitud, lo que es bastante inhumano. El problema es que la pregunta daba por sentado que hay esclavitud, que existe, que es una realidad física -y es verdad que la hay-, frente a la cual se puede adoptar una actitud u otra. Encuestas como ésta, sin querer tal vez o tal vez queriendo, justifican la esclavitud e inflan el globo del autobombo  de nuestros buenos propósitos de buenos samaritanos.

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La postura de la Iglesia -católica, apostólica y romana, por supuesto-  frente a la esclavitud antigua fue esta misma: dado que era una realidad irremediable, trato humanitario a los esclavos, lo que sirvió para que la servidumbre perdurara en el tiempo, pues la esclavitud en sí rara vez fue condenada: "Yo soy la esclava del Señor...". Lo que se condenaba eran los malos tratos, justificándose así una esclavitud humanitaria en el nombre de Dios, y eso es lo más inhumano que hay.

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Nuestra forma de pensar se basa en la dualidad y en la contraposición: caliente/frío, gordo/flaco, activo/pasivo, alto/bajo, fuerte/débil, blanco/negro, positivo/negativo... Pero sospechamos que en el fondo de todo late la dicotomía sexual masculino/ femenino,  sobre la que se han construido todas las demás, incluso la moral de “bueno/malo”. Estas categorías no son verdaderas, por supuesto, pero la realidad, que es esencialmente falsa, responde a ellas.

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El antropólogo británico Edward E. Evans-Pritchard estudió en el Sudán la tribu de los Azandé, cuyos guerreros, antes de la colonización europea, tenían por costumbre casarse con jóvenes muchachos hasta que podían permitirse tener una mujer y fundar una familia. El mozo, llamado « mi mujer » por su marido, le ofrecía todos los servicios que le habría ofrecido una compañera, incluidos los sexuales. Una vez que su marido le dejaba para unirse a una mujer, él podría casarse con otro muchacho y hacer lo que habían hecho con él. Ya funcionaba la lógica de los sucedáneos vicarios. El adolescente era un mero sustituto interino de la esposa. Ni siquiera era necesaria la diferencia sexual varón/hembra para establecer el dominio masculino y el modelo heterosexual.

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Los efebos de la antigua Grecia aprendían su papel de futuros guerreros iniciándose al mismo tiempo en la homosexualidad. Esto, lejos de confundir y diluir la división de sexos, lo que hacía era reforzar la dominación masculina.

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En pleno siglo XXI Sócrates sería condenado a muerte de nuevo por el sistema democrático actual como lo fue por el más democrático y directo ateniense, el más democrático, valga la redundancia, de todos los tiempos.

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Quinto, el hermano de Cicerón, escribió un célebre Breviario de campaña electoral, donde detallaba ya cómo había que embaucar al pueblo para ganar unas elecciones. De ahí han aprendido los políticos profesionales modernos. De esa fuente, aunque no lo sepan, han bebido los canallas.

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En tiempos de Maricastaña el término “idiota” se aplicaba a todos aquellos que no participaban de forma activa en la vida política, lo que en la coyuntura actual nos sucede a la inmensa mayoría democrática, obligados como estamos a  elegir cada cuatro años a quienes tomarán decisiones por nosotros en nuestro nombre, idiotas que somos hoy todos desde el momento en que acudimos a la pantomima de las urnas y vemos los telediarios y leemos los periódicos, nada de animales políticos, como dijo el sabio Aristóteles.

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Un estudio revela que el cánnabis produce en los consumidores amnesia, bendita sea cuando uno quiere librarse de la rémora de los malos recuerdos.

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(Góticos) Cualquier moda indumentaria es una imposición, por muy libertaria y contracorriente que pretenda ser. Hemos visto cómo se asimiló el punk, y ahora estamos asistiendo a la asimilación por parte del sistema de la moda goth o dark, que ya no es más que un aliño indumentario más de pasarela trivial y banal como otro cualquiera, impuesto desde arriba. La moda de los góticos o almas oscuras,  de una siniestra y calculada  extravagancia que parece que no tiene límites, una moda caracterizada por la omnipresencia del luto: la predominancia del color negro no va reñida, sin embargo, con greñas de colores y unos rostros cuidadosamente pálidos  y andróginos, contrastados con carmín oscuro y generosas rayas de ojo a juego, piercings y tatuajes. Una moda marcada por vagas referencias literarias de terror y de un romanticismo crepuscular que van desde Lord Byron y Percey B. Shelley hasta Blake o el Bram Stoker de “Drácula”, sin olvidar la referencia cultural de la película «Entrevista con el vampiro»,  basada en la novela homónima y best seller de Anne Rice. Otra moda más asimilada por el sistema.

lunes, 28 de octubre de 2013

Libertad de elección

Hay quien confunde posibilidad de elección con libertad, y se cree que porque podamos elegir en España por ejemplo entre votar al PP o al PSOE o entre votar demócratas o republicanos en Estados Unidos si somos gringos, o porque podamos optar a la hora de tomar un refresco en la barra de un bar entre Pepsicola o Cocacola, somos libres. ¡Qué ingenuidad!


Cuando elegimos entre dos opciones como éstas que acabamos de citar a modo de ejemplos, no hacemos más que someternos a la tiranía de la oferta previa del mercado. Y eso no es libertad, sino sumisión.


La auténtica libertad sería que no hubiera mercado ni oferta previa que condicionara nuestra elección sino un verdadero mar de posibilidades en el que poder naufragar, y que, por lo tanto, nuestras opciones no dependieran de los intereses económicos, a los que suele responder nuestra demanda, nuestra voluntad supuestamente libre y nunca más sumisa que cuando se plantea qué beber o qué votar en una espiral o círculo vicioso en que la serpiente se muerde la cola y ya no sabemos si es la oferta la que genera la demanda o la demanda la que crea la oferta.


¿Por qué tengo que beber algo? ¿Por qué tengo que votar a alguien para que me gobierne? ¿Para demostrarme que soy lo que no soy, que soy libre? ¡Nada más falso y, a la vez, por contradictorio que parezca, más real que eso, porque en realidad no tengo ninguna libertad!


La auténtica libertad consistiría en que nos negáramos a elegir entre lo uno y lo otro, entre Pepsicola o Cocacola, entre PP o PSOE, entre demócratas o republicanos, porque no son más que dos nombres propios de lo mismo, no dos marcas diferentes, como parecen a simple vista, sino totalmente indiferentes.


 Elegir entre un color u otro, no es síntoma de libertad, sino de sometimiento. No tiene ninguna importancia nuestra elección: es una trivialidad de lo más banal. La acción de elegir aumenta la ceremonia de la confusión, porque en lugar de mostrar así nuestra libertad, fortalecemos la voluntad individual y personal,  creando nuestro ego, ese fetiche que se convierte en nuestro carcelero,  esa fragilísima burbuja de cristal en la que vivimos, esa ilusión, falsa como todas, de libertad.


sábado, 26 de octubre de 2013

Universitarios españoles

Cualquiera que conozca a algún estudiante universitario español  podrá constatar empíricamente, además de su despolitización y afición al botellón, su desinterés intelectual y su desidia cultural. 

De hecho, puede afirmarse que los estudiantes universitarios españoles son el grupo menos culto y con menos interés cultural de nuestra sociedad, y eso explica que no lean la prensa escrita, a no ser que sea gratuita, que no acudan a bibliotecas, a no ser que vayan a estudiar la víspera de un examen, ni consulten libros ajenos a las bibliografías obligatorias o que no asistan a conferencias, conciertos, representaciones de obras teatrales, si dichas actividades no son recompensadas con créditos útiles para aprobar cursos y asignaturas de sus currículos. Pobrecitos, sólo les importa aprobar, no aprender.

No es sólo que no sepan cosas básicas, cosa de la que ellos no tienen tanto la culpa como el sistema educativo que los ha criado y alimentado para hacerlos unos ignorantes de tomo y lomo, que ni siquiera son conscientes de su propia ignorancia, porque se creen que saben mucho, sino que además no les preocupa lo más mínimo.

No se trata tanto de ignorancia como de desinterés. Lo que llama la atención no es comprobar que la mayoría de dichos estudiantes desconozca el teorema de Arquímedes, por ejemplo, o ignoren si Cristo pertenece al Nuevo o al Antiguo Testamento, como también suele pasar, sino advertir que esos desconocimientos, esas enormes y tenebrosas lagunas donde vive el monstruo de la ignorancia que no se reconoce a sí mismo como tal, no representan problema alguno para ellos, que son unos necios y que, además, no tienen la culpa de ello, pobrecitos.

viernes, 25 de octubre de 2013

Ocurrencias

(Crucifijos en las escuelas) EL Gobierno socialista de España quiso retirar los símbolos religiosos de las escuelas públicas, entiéndase el crucifijo que colgaba todavía en algunas de ellas. Y ya tuvimos polémica en marcha por una nimiedad para distraernos del problema de fondo, que era la presencia de adoctrinamiento católico, apostólico y romano en todas las escuelas públicas españolas. ¿Por qué no quitan el retrato del rey y el adoctrinamiento que supone su imagen presidiendo la clase? La imagen del rey es el moderno crucifijo laico: el jefe del estado democrático y letal preside, como antaño Herodes -un sólo pedagogo hubo- la ceremonia de asesinato de los niños en la escuela. Es verdad que la religión no es obligatoria, como lo era antes. No. Ya no hay nada obligatorio en esta España tan permisiva. Es optativa, como se dice ahora, u opcional, con anglicismo flagrante. Pero la hay. No ha dejado de haber religión. Hay profesor de Moral y Religión Católica en todos los establecimientos escolares españoles, contratado por el obispado y pagado por el Ministerio de Educación y Ciencia con el dinero de todos los contribuyentes. Y eso no lo quitan. Quieren distraernos de esa realidad con la tontería de si quito los crucifijos o los dejo como están. Que venga Dios y lo vea.


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Ni amor ni odio eternos, porque, como dice Gracián, “No se ha de querer ni aborrecer para siempre” porque los sentimientos son coyunturales, flores de un día. Es un ataque al sagrado vínculo del matrimonio y a la institución del amor eterno combatiendo su contrario, el aborrecimiento eterno.

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Los muros más difíciles de franquear son los que nos ponemos nosotros mismos. Nuestros enemigos más difíciles de vencer somos nosotros mismos. Los obstáculos más trabajosos de superar son los límites que nos trazamos nosotros mismos, muchísimo más que los que nos impone la propia naturaleza o la sociedad. Estas dos  viejas damas, solteronas recalcitrantes, que son la sociedad y la madre naturaleza, a veces no son más que excusas en que se acorazan nuestros prejuicios, es decir, nuestra personalidad forjada en la fragua de los miedos. No luchamos, por lo tanto, contra nuestras propias limitaciones porque no somos conscientes de que son nuestras y de que son limitaciones que nos hemos impuesto nosotros, por lo que preferimos achacárselas a esos dos factores externos. Pero los demás y lo demás son, en este caso, los de menos y lo de menos. No nos atrevemos a evadirnos de la cárcel porque no sabemos que vivimos en una jaula que, aunque sea de oro, sigue siendo prisión. No nos atrevemos a ser libres porque no somos conscientes de que somos esclavos, eslabones de la cadena: nuestra cárcel somos nosotros mismos.



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No hay hechos futuros -la expresión "hecho futuro" es una contradicción en sus términos: si está hecho no puede ser futuro-  ni presente, sólo hay hechos, por definición, concluidos, acabados, terminados, historia, agua pasada que no mueve molino.
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El miedo al otro, al enemigo, hace que nos parezcamos al otro que tememos y que nos teme. 
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No hago lo que me da la gana porque, sencillamente, mi propia voluntad no es lo que más quiero, sino que es la muerte de los más íntimos deseos que me asaltan. Debo reconocerlo. Además, soy consciente de que si sé lo que quiero, dejo de quererlo y desearlo.

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Desde aqúí hago una llamada desesperada a la insurreción contra la servidumbre voluntaria que nos hemos impuesto.  ¿Vas acaso a seguir tragando todo lo que te echen, haciendo de tripas corazón, y comprando todo lo que te venden ahora que están a punto de comenzar las rebajas en los centros comerciales, sucedáneos de la verdadera vida de verdad, cuyas existencias se han agotado?

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miércoles, 23 de octubre de 2013

Por la dimisión del gobierno

Mal empezó en su día el año en curso porque mal empiezan todos los años. Todos los años, en efecto, empiezan con la falsa creencia de que el año recién iniciado es un año nuevo, cuando en realidad es más viejo que el primer catarro del mismísimo Matusalén.

Hubo una vez un presidente del Gobierno de España, que, después de llegar al poder en el año 2004 aprovechándose de la campaña orquestada contra la guerra de Iraq con la promesa de retirar las tropas invasoras de Mesopotamia, inició su mandato con la retirada efectiva del país bañado por el Tigris y el Éufrates de los "efectivos" españoles, como se dijo entonces con ridículo eufemismo, pues todos los eufemismos son ridículos. 

Muchos le aplaudimos el gesto. Yo, el primero. Aunque no le voté. Dios me libre de dar el voto a nadie para que gobierne y engañe al pueblo... 

Pero ese mismo presidente de sonrisa bobalicona y planteamientos adolescentes simplistas, resulta que destinó acto seguido de las arcas del Estado, en tiempos de crisis como eran aquellos y siguen siendo estos, y eso no era lo peor, más de ochocientos millones de euros al año procedentes de las recaudaciones de los impuestos de los contribuyentes a operaciones militares, especialmente a la del Líbano, que le era especialmente grata, sin descartar la de Afganistán, a la que más contribuíamos aunque muchos de nosotros no queríamos ni bien ni mal. Entonces seguíamos igual. Todo había cambiado para continuar como estaba. Suma y sigue, contribuyendo a la guerra y llamándola paz.

El expresidente del gobierno dijo en una conferencia internacional que la Tierra no era de nadie (ni siquiera del tiempo o de la infamia de la historia universal) más que del viento, confundiendo la realidad con nuestros más hondos deseos. Tenía que haber proclamado, mejor dicho, que la Tierra no debería ser de nadie más que del viento, su legítimo propietario, por lo que había que ponerse “a desalambrar” como cantó Víctor Jara.

No lo digo yo. Lo dijo la prensa de entonces: “El Gobierno lleva invertidos en la guerra de Afganistán 1.550 millones (de euros) y multiplica por tres el número de soldados (mercenarios) en la zona”. 

Pero lo que a mí más me exasperaba de aquel presidente pseudo-pacifista era su lenguaje políticamente correcto y apotropaico, su empeño de no llamar a las cosas por su verdadero nombre, al pan pan y al vino vino. La crisis económica no era tal crisis económica era... una recesión o no sé qué. La guerra a la que contribuíamos no era tal guerra sino una misión humanitaria de paz encuadrada dentro del marco de la Alianza de las Civilizaciones que él predicaba. 

La función del Gobierno, no nos engañemos, de todos los Gobiernos, es engañar al pueblo. Lo hizo aquel presidente de entonces, y lo hace el actual, que sustituyó a aquel otro después de perder el primero las elecciones. Yo tampoco le he votado. Líbreme Dios de dar mi voto a nadie para que gobierne. Ahora resulta que este Gobierno y toda la cúpula del Partido que lo sostiene ha estado cobrando sobresueldos importantes, inmerso en un proceso de corrupción galopante. 

Se están pidiendo firmas en la Red para que dimitan todos. No me parece mal.  Yo ya he firmado. Os animo a todos a firmar.  Pero quisiera algo más: ¡Que dimita en pleno este Gobierno y todos los demás! Yo, que conste, por si acaso, no quiero elecciones anticipadas, no quiero que se vayan estos para que vuelvan los otros, u otros que al fin y a la postre van a hacer lo mismo que estos porque la corrupción es la esencia de la política, del Gobierno. ¿O es que, acaso, no se puede vivir sin que haya Gobierno, sin que nos gobierne nadie?  No sólo se puede vivir, sino que se debe vivir sin Gobierno. Para ser libres. De una vez por todas. Y lo que digo del Gobierno de España, lo hago extensivo a todos los Gobiernos, al del país vecino, al de Alemania, al de Estados Unidos, al de Gana, si lo tienen, que seguro que lo tienen porque si no, no sería un país...

domingo, 20 de octubre de 2013

A Neftalí

Vas corriendo tú por la playa al vuelo
como flecha que ha disparado el arco,
como Aquiles, el de los pies ligeros, rumbo a la meta,

el altar en el que te sacrificas
vivo,  Neftalí, con tu sombra a cuestas,
como una fotografía, quieto, sin movimiento.

sábado, 19 de octubre de 2013

Entrar en ti

Me gustaría tanto ser invisible, entrar, 
 inadvertido, por la noche, ahora mismo, 
 con la audacia propia de un ladrón o delincuente,
igual que un sátiro itifálico y pederasta
en tu lecho, en ti, en tus sueños, en tu cuerpo y tu alma. 


viernes, 18 de octubre de 2013

¿Civilización? ¡No, gracias!

Critico la civilización occidental, moderna e industrial, y rechazo la cultura, ese invento del gobierno, y la forma de vida americana -american way of life- engendradas e impuestas por esa civilización. Me rebelo no sólo contra las viejas formas de dominación política y económica, sino también frente a las formas de vida de la civilización tecnológica. Rechazo la domesticación y propugno una vuelta a la vida salvaje más auténtica, no porque crea en el mito rousseaniano del buen salvaje, sino porque cada vez tengo menos creencias, cada día que pasa me desprendo de alguna creencia, y ya no creo en el mito contemporáneo del hombre civilizado. La cultura y la civilización son el origen de nuestros males. No quiero volver a la Edad de Oro primitiva, otro mito: quiero la Edad de Oro aquí y ahora. Sin demora.
¿Qué es la civilización? Me preguntaba yo.  Es el movimiento histórico vinculado a la aparición de grandes imperios totalitarios o conquistadores, grandes culturas comerciales y marítimas, grandes comunidades religiosas, demarcaciones territoriales inmensas ocupadas por pueblos unidos por el poder y la lengua, sobre un mapa de opresión política y social devastador. Reconozco con Hegel que “la historia no es el lugar de la dicha”. Por eso aspiro no a la prehistoria sino a la posthistoria, al fin de la historia de verdad, a salir de la historia.

La libertad para mí es un anti-: antisistema, antiautoritarismo, antipatriarcado, antijerarquía, un anti- que no se acaba nunca. Hablo de mí pero ni siquiera sé si hablo desde mí mismo al cien por cien: porque una parte de mí, la de abajo, se rebela y suscribe todo lo que acabo de decir, pero otra parte de mí, la de arriba, la prosistema, la más reaccionaria y conformista, no hace más que ponerle reparos, porque desde arriba las cosas se ven de otra manera, y uno se acaba a costumbrando a todo.

martes, 15 de octubre de 2013

No quisiera dejar de ser

No quisiera dejar de ser
un amigo, tu amigo,
pero debes saber que soy
algo más que tu amigo;
no quisiera dejar de ser
un amante, tu amante,
pero debes saber que soy
algo más que tu amante.

domingo, 13 de octubre de 2013

Juventud, divino tesoro

Perdemos la juventud el día que empezamos a valorar el dinero y admitimos que todo se compra y todo se vende, incluidos nosotros, las personas, que nos vendemos y nos compramos bien baratos por unos billetes de papel de banco.

Perdemos la juventud el día que aceptamos que la realidad es todo lo que hay, que siempre ha sido así y que nunca podrá hacerse nada para cambiar las cosas.

Perdemos la juventud el día que dejamos de estar enamorados, que es el día en que declaramos solemnemente nuestro amor a otra persona , matando así el amor que sentíamos, y decidimos casarnos con ella, sepultando nuestros sentimientos en el sarcófago del matrimonio.

Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar quimeras y utopías, y despertamos nuestro sentido práctico, entrando por el aro y aceptando las reglas del juego de la sociedad establecida.

Perdemos la juventud el día que aceptamos que el ganador es el mejor, convertimos el éxito y el triunfo en monedas de cambio, y ya no somos capaces de defender una causa perdida.

Perdemos la juventud el día que sólo vemos lo que se ve y no nos damos cuenta de que para ver las cosas hay que cerrar los ojos y olvidarse de las ideas previas que tenemos.

Perdemos la juventud el día que nos miramos al espejo y no vemos las arrugas del alma, y no se nos cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la vergüenza. 

Maldito SIDA

El SIDA ha sido la mayor contrarrevolución sexual que se ha podido inventar y se ha inventado precisamente para eso, para condenar el amor libre. Porque, que conste y quede claro desde el principio de esta columna virtual que no pretende sostener el sistema, sino todo lo contrario, el SIDA es un invento del Gobierno.

Por eso es la peor arma de destrucción masiva: no sólo por los cadáveres que se ha llevado al otro barrio, que son muchos, sino por el miedo que nos ha inculcado a machamartillo en el cuerpo y el espíritu a los que estamos supuestamente, aunque es mucho suponer, vivitos y coleando todavía, amargándonos los gozos de los que podíamos disfrutar libremente, introduciendo el maldito preservativo, que arruina nuestras relaciones, por lo que conlleva de responsabilidad y planificación. 

Han conseguido meter el futuro, que es la muerte, en la actividad más gozosamente delicuescente que había, en el placentero polvo, porque te hacía olvidar todo lo demás.

En otro tiempo, los homosexuales eran quemados en la hoguera o reducidos en campos de concentración y exterminio. Decían que, además, se condenaban al infierno para toda la eternidad.

Ahora que podían holgar irresponsablemente, es decir, descuidados y tranquilos sobre todo entre hombres (porque todo lo puede Dios, excepto hacer parir a los hombres, por lo que no había cuidado de que ninguno se quedara embarazado), resulta que van y te meten la responsabilidad, o sea, el sentimiento judeocristiano de culpa encima, obligándote a hacerlo con la bendición del profiláctico,  o, en caso contrario, a no hacerlo.

Las cosas no han cambiado mucho, si bien se mira: ahora se llama SIDA, AIDS ó VIH o HIV, igual da, al infierno, la condenación eterna y la hoguera. De lo que se trataba entonces y ahora es de que no holgáramos libre e irresponsablemente, porque seríamos castigados por la cólera de Dios. 

Maldito sea el SIDA, maldita sea la madre que lo parió, maldito sea el que difundió la enfermedad y el miedo a contraerla, que propagaron multiplicándolo los medios de masificación. Maldito sea el Gobierno. Maldito el miedo, el puto miedo a la muerte, que es lo peor que hay, que es el barro del que estamos hechos, y lo que arruina las múltiples posibilidades de vida.


sábado, 5 de octubre de 2013

Narciso ante el espejo

Narciso no quería a nadie, ni a las ninfas
que suspiraban por su amor desesperadas
-huía siempre del amor de las mujeres
y del sexo como si de la peste se tratara,
ni a los padres de familia que se enamoraban
del efebo arisco que jamás se dejó querer
y que era sin embargo bello, mucho más
que las perdidamente enamoradas ninfas
y mucho más que todos los muchachos juntos.
Corría a todas horas por el bosque huyendo,
sin otra compañía que su soledad,
de las proposiciones deshonestas que unas
y otros le hacían, hasta que una vez cansado
llegó a una fuente transparente y cristalina;
tenía sed y acercó sus labios a las linfas,
y vio una imagen en el seno de las aguas
bellísima, no bella; quiso pues besarla
y hacerla suya: por primera vez Narciso
se había enamorado de alguien, pero ese
alguien, esquivo, huía de él lo mismo que él
huía de las ninfas y de los hombres hechos
y derechos que se prendaban de él y su juventud.
 Quisiera entrar en ese espejo yo contigo
en cuyas aguas cristalinas te sumerges
buscando en vano una imagen propia tuya. 

Quisiera ser en ese marco imaginario
la sombra de unos labios que en las alas vuelan
del deseo vivo y lujurioso y que susurran
y te acarician sobre sábanas satinadas
con una inmensa mansedumbre, y ser quisiera
las manos ciegas que te palpan y los brazos
que ciñéndote te abrazan amorosos como
tentáculos que al apresarte te liberan,
y arrullarte con la obscenidad de las palabras
que van dejando huellas casi imperceptibles,
interminablemente, en la penumbra blanca,

igual que largos, lentos y prolijos besos,
eyaculando en todos tus orificios, poros,
la luz que entra por las rendijas de la ventana,
provocando escalofríos y estremecimientos
en la anatomía de tu cuerpo y de tu alma. 

Se supo pues Narciso rechazado así.
Se masturbó y buscó en el fondo de las aguas
la bella imagen que de amor lo había herido,
el espejismo deslumbrante del reflejo
y sólo halló el orgasmo dulce de la muerte.



viernes, 4 de octubre de 2013

In memoriam don Manuel Fraga Iribarne

Con motivo de su muerte, ha sido canonizado y casi subido a los altares por la diestra, que lo considera su santo patrón, y por la siniestra, que no ha dejado de halagarlo, lo que podría parecer extraño, tratándose de un hombre de la más rancia derecha dictatorial, pero no lo es. Cosas de la hispánica política.

Es curioso cómo casi nadie se atreve a hablar mal de los muertos, no sea que su maldición recaiga sobre nosotros. Pero no se trata de hablar mal ni de hablar bien, sino de decir la verdad. Ese hombre ha sido un chaquetero y un sinvergüenza, no alguien del viejo régimen que ha sabido adaptarse a la democracia, como han dicho halgadorametne de él. 
 
Ese hombre, don Manuel Fraga Iribarne, era un hombre sin principios, lo mismo juraba fidelidad a la dictadura de Franco y era uno de sus prohombres como se declaraba demócrata y monárquico convencido de toda la vida. En realidad nos ha demostrado algo: que el dictador, efectivamente, lo dejó todo atado y bien atado para que la dictadura perdurara bajo el nombre actual de monarquía democrática parlamentaria.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Odio contra el sistema

Hay jóvenes frustrados que sienten auténtica rabia y una rebeldía visceral contra el sistema injusto, esencialmente corrupto, que padecemos, el más injusto, porque es el único que hay, de toda la historia universal, ya que todos los demás regímenes que en el mundo han sido han venido a desembocar en éste, en el que vivimos –cuya monarquía encarna el dinero, la moneda, el vil metal contante y sonante: Pecuniae unum regimen est rerum omnium, que dijo Publilio Siro en latín hace dos mil años, y que hoy repetimos con más razón en italiano cuando decimos “il denaro è il re del mondo”. 

Ya no sucede que, como intuyó nuestro Quevedo, Don Dinero sea un poderoso caballero, es que es más: es el más poderoso de todos los caballeros, y aun más: el único y existente Dios verdadero. 

Hay jóvenes, decía, cuya rage against the machine/systhem se encauza hacia el neonazismo, el racismo y las organizaciones extremistas y fascistas de ultraderecha, no por lo que afirman, que es algo completamente vil y despreciable, con lo que nadie que tenga más de dos dedos de frente puede estar cabalmente de acuerdo, sino por lo que niegan, porque parece que son las únicas que se oponen radicalmente al sistema democrático y económico vigente de dominación, no menos vil y despreciable que dichos grupúsculos radicales en los que militan.

martes, 1 de octubre de 2013

Fantasía erótica infantil

Cuando era niño, me encerraba en el retrete
o, si no, en mi cuarto, a solas. Nadie me veía.
Y me desnudaba ante el espejo, y me ponía
un traje de gitana verde, aquel vestido
de volantes y lunares blancos, y el mantón
de Manila, o el insinuante velo solamente
de seda que trasparentaba mi desnudez,
velo nupcial de novia, blanco inmaculado, 
inolvidables prendas que me travestían. 
Y bailaba cual odalisca turca en el serrallo,
concubina del harén del gran sultán, y así
 
soñaba que me exhibía ante mis amigos,
cuya respuesta inesperada provocaba
que me llamaran mariquita y que, excitados,
quisieran poseer mi cuerpo,sin embargo,
entrando en mí, penetrándome, violándome.