(Lo que de veras importa).- Lo
que de verdad importa nunca sale en los periódicos ni en la televisión ni en
internet. Y dándole la vuelta a la frase, obtenemos otra verdad de Perogrullo:
lo que sale en los periódicos y en la televisión y en internet no importa nada
de nada.
(La felicidad me la dio tu amor…)
“Lo que nos hace felices no se puede
comprar con dinero” ha declarado un “entrenador emocional” (sic) que ha
publicado un libro de autoayuda. No doy los nombres propios del libro ni del
autor porque no vienen al caso, condenados como están todos los nombres
propios, incluidos el mío y el tuyo, a la fosa común del olvido. Sólo quiero
darle la vuelta a la frase: “Lo que se puede comprar con dinero no nos hace
felices”. Para que conste que el dinero no sólo no nos da la felicidad, sino
que además nos hace desdichados.
(Sobre la televisión) La
televisión sólo transmite un mensaje insistente a través de la publicidad:
consume, consume. Además, como el medio es el mensaje, Macluhan dixit, ella
misma devora nuestro tiempo libre, consumiéndonos a nosotros y llenándonos la
cabeza de ideas, es decir, de visiones de la realidad para que tengamos fe en ella,
para que se nos antoje al ponérnosla delante de nuestros propios ojos, para
que, al fin y a la postre, creamos en la Realidad, nuevo nombre del único Dios
verdadero.
(Sobre el futuro) Disculpen las
molestias que les estamos causando por su propio bien futuro -y por lo tanto
inexistente: es futuro, luego por definición no existe todavía. El bien no
existe aún, lo estamos conjurando citándolo aquí: las molestias se deben a un
bien que acabamos de inventarnos y que se realizará en el futuro, o sea, ahora
no, es decir: nunca.
(Sobre el amor) Han constatado
algunos que el amor eterno no dura más de tres años. Insisto: el amor eterno.
La eternidad, por lo tanto, como mucho, dura tres años, como poco un segundo,
que también puede ser intenso y eterno.
(Sobre el suicidio) Parece que si
conmemoramos a los suicidas, dicen los charlatanes de los psicólogos,
contagiamos la idea del suicidio. Dicen que eso es lo que sucedió en Europa a
raíz del Werther de Goethe: el malenamorado romántico que acaba suicidándose
porque su gran amor es la prometida de su mejor amigo. A algunos jóvenes les
podría resultar atrayente la idea de conseguir un reconocimiento póstumo que
diera sentido a su vida gratificando su óbito. Sería un suicidio por emulación.
Sobre todo sucede cuando hay referencias románticas como en el caso de Romeo y
Julieta, Marco Antonio y Cleopatra, o el romano Catón, que prefirío quitarse la
vida a vivir sin la libertad republicana.
(El caos y la anarquía). “La
gente a veces dice muchas tonterías, abuelita. Dicen, por ejemplo, que fuera
del sistema sólo hay caos y anarquía, pero lo único que salta a la vista es que
no hay más anarquía ni más caótico caos que el orden establecido dentro del
sistema”.
(Uno y uno no suman dos). -Ni uno
y uno son dos ni dos y dos son cuatro, aunque les pese a muchos matemáticos.
Caballero y caballo no son par de dos, sino uno y otro, otro y uno en todo
caso. ¡Que nadie venga a querer sumarlos para meterlos en el mismo saco!
(Para el vigésimo aniversario de
la caída del muro de Berlín) Hoy, igual que ayer, igual que siempre, sigue
alzándose un muro entre nosotros , amor mío, que nos impide ser libres, con el
inconveniente añadido de que este muro no es visible, como era el de Berlín, y
es por ello más difícil de denunciar y derribar. El muro de Berlín cayó y eso ha significado,
una vez que se vino a pique el modelo soviético de capitalismo de Estado, el
triunfo en todo el universo mundo del modelo capitalista occidental , es decir,
de la libertad... de mercado. Nosotros, amor mío, no tenemos nada que celebrar.
Déjalos a ellos, los políticos profesionales, que sigan blablablabeando, y no
les hagas ningún caso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario