lunes, 30 de diciembre de 2013

Hojas




¡No me llames extranjero! ¡No a las leyes de extranjería! . – Invitación a la protesta contra las diversas leyes de extranjería que nos imponen desde arriba -porque de arriba ya sabemos que no puede venir nada bueno- para legitimar las fronteras, las banderas, las naciones, los nazionalismos (sic, no es un descuido o falta de ortografía, lo escribo así adrede y a propósito con zeta), las patrias y los idiomas que nos separan.  El problema no son los extranjeros, al fin y al cabo todos lo somos, sino las fronteras y los gobiernos que las imponen y las defienden.

Teología: Toda religión que no sea la mía es un invento artificial de los hombres, mientras que la mía propia es una revelación natural de Dios. Esta argumentación es, de hecho, utilizada por todo el mundo. Si prescindimos de “mío” y “tuyo”, encontramos la única revelación auténtica: toda religión es un invento artificial de los hombres.

Reconocía amargamente don Mario Vargas Llosa: "Hacer el amor ya no es un arte. Es un deporte sin riesgo, como correr en la cinta del gimnasio." Pero nosotros somos artistas, y convertimos todo lo que tocamos en arte. Hacer el amor puede ser toda una obra de arte todavía. La verdad está en el viaje, no en el destino. Lo que importa no es llegar al puerto del orgasmo al fin del acto sexual, sino que cada paso y cada caricia sea una experiencia única e irrepetible, algo inolvidable.

¿Quién ha visto que un marigüanero al volante choque o atropelle a alguien? Siempre son los borrachos, malditos sean, los que se llevan todo por delante. El consumo de alcohol y de tabaco, que son legales, arroja muchas más muertes al año que el consumo de la marigüana. Quizá por eso mismo esta última está fuera de la ley, porque no mata, mientras que alcohol y tabaco son legales y están dentro del sistema precisamente porque matan, ya que lo que le interesa al stablishment es que nos vayamos muriendo poco a poco y no demos mucha guerra a las autoridades (in)competentes. 

Educación para la ciudadanía: Si se aprendiera en la escuela alguna cosa que fuera buena o nos enseñara a ser mejores  de lo que somos, verdadera y provechosa, el gobierno prohibiría el cole a los menores.

Tomar decisiones: Si te cuesta tomar una decisión, piensa que no tienes por qué tomarla,  no te agobies. ¿Por qué no dejas, este es mi consejo, que las decisiones te tomen a ti en vez de preocuparte tanto por tomarlas tú y porque sean las adecuadas o no lo sean? No se puede saber a priori si una decisión es adecuada o no. Además, no hay decisiones adecuadas.

¡Que viene el lobo!. - Tantos años diciéndonos “¡que viene el lobo!” y el lobo no venía que un día vino de verdad, como en el cuento infantil, y nos pilló desprevenidos: el lobo es una irrupción violenta de la naturaleza libre y salvaje en los dominios privados de la civilización: el lobo, nocturno y silencioso, ágil, salta la cerca que separa nuestra sociedad de lo otro, del bosque circundante y peligroso de los cuentos infantiles donde los niños se pierden y encuentran el tesoro de lo inesperado. Un lobo voraz que irrumpe en nuestra vida cotidiana y que viene a devorar ávidamente a una no inocente Caperucita Roja que somos nosotros mismos y que lo espera corazón palpitante.

Ámame

Sin tapujos, como vine al mundo, a ti me entrego
para que me tomes y me claves el aguijón
ponzoñoso que, matándome, me dé la vida
inoculándome el veneno de tu amor.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Varios



Duda y creencia. - Las creencias pertenecen al fuero interno de cada uno, las dudas también. Tuya es la creencia, mía la duda. Tan tuya es la una como mía la otra. Tanto derecho tienes tú a creer en aquello en lo que yo dudo, como yo a dudar de aquello en lo que tú crees.


Una frase genial del manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes que, aunque entrecomillo, no sé si cito literalmente, habida cuenta de su popularidad: “Tienes que desconfiar del caballo por detrás de él; del toro cuando estés de frente; y de los clérigos por todas partes”.

Made in China: Una fábrica china construye al mes 50.000 consoladores y vibradores que exporta a Occidente. El consuelo chino para nuestro desconsuelo.

Un titular de un periódico amarillo-chillón (sensacionalista a tope): “En los últimos TRES años se ha TRIPLICADO el número de hombres que recurre a la cirugía para aumentar el tamaño de su ¡FALO!” Me llaman la atención dos cosas del titular: 1) la insistencia trinitaria en los últimos tres años y en la triplicación del número; y 2) la utilización de la palabra culta “falo” para referirse a... ¡la polla! ¡Cuántos lectores no sabrán ni lo que es pero, por el contexto, podrán adivinar de qué se trata, claro! La inmensa mayoría de los varones que se someten a esa operación quirúrgica para alargar el tamaño de su virilidad no tiene un problema entre sus piernas, sino un complejo muy grande en su cabeza.

David de Miguel Ángel.- Miguel Ángel lo extrajo de un bloque de mármol de Carrara blanco resplandeciente como la nieve iluminada por el sol. Ante su contemplación uno no puede sentir menos que una experiencia mística de arrobo estético: un rapto, un salirse de sí mismo y confundirse el observador con lo observado en una total observación donde desaparecen sujeto y objeto. Se impone la belleza de David, que es la belleza de la juventud sin ningún tapujo, completamente desnuda, perfecta: el David lleva una honda y una piedra en la mano derecha, con ellas derribó al poderoso gigante Goliath. La república de Florencia eligió esta obra como su símbolo más preciado: belleza y juventud contra el poder por muy gigantesco que sea.

Mundo de locos




Vivimos en un mundo, hermano mío, donde reina desde los tiempos inmemoriales en los que ni tú ni yo todavía habíamos nacido la dinastía del sufrimiento, la vieja monarquía constitucional, y lo llaman Estado del Bienestar y de Derecho para que la evidencia del dolor pase desapercibida. 

Un ansiolítico sirve a ese fin –Lorazepán se llama, monopolio de uno de los grandes laboratorios farmacéuticos–, el psicofármaco más vendido en España, por encima de la vulgar aspirina o los analgésicos. Sin ansiolíticos como él o sin antidepresivos no podríamos dormir, levantarnos y soportarnos los unos a los otros. No podríamos aguantar lo inaguantable.

Si eres un niño problemático en el colegio, o un ama de casa en el agridulce hogar con dolores sempiternos de cabeza que el médico no sabe a qué se deben, o un trabajador que duerme poco y abusa del alcohol, no temas, amigo mío, toma psicofármacos,  piensa que el problema lo tienes tú, está en ti, y no que arraiga donde de verdad radica, que es en la escuela, la familia o en la fábrica u oficina respectivamente, y en la sociedad en definitiva.

Mundo de locos, dominado por los especialistas “psi” (psicólogos y psiquiatras, profesionales a sueldo, malditos sean los usurpadores del diván de Freud), que son los más locos de todos porque son los que nos vuelven locos. Incapaces de criar a nuestros cachorros, de aguantar el tormento del trabajo asalariado y de envejecer con dignidad, como el buen vino o los viejos amigos, necesitamos profesionales “psi”: psicopedagogos, sexólogos, psicólogos para poder sobrellevar el duelo por la falta de alguien cuando nos deje o se nos muera, neuropsiquiatras contra el mobbing y gerontopsicólogos para que nos enseñen a envejecer.

Por eso nos recetan técnicas “psi” o una pastillas con una dudosa o, por el contrario, excesiva eficacia, pues pueden ser tan poderosas que permiten tolerar situaciones intolerables anestesiándonos y adormeciendo los sentimientos que tratarían de cambiarlas contra el Poder que nos hace impotentes.

Tanto los psicólogos con sus palabras como los psiquiatras con sus pastillas nos “ayudan” a tolerar mejor el dolor vital, la angustia existencial. Ambos nos ofrecen remedios paliativos: pretenden calmar nuestro dolor, fruto de nuestra profunda insatisfacción, sin luchar contra el foco que lo produce. 

Todos los profesionales “psi” limitan sus soluciones al egoísmo de la salvación individual, al sálvese quien pueda. Te aconsejan que te recluyas en el marco personal de la intimidad de tu vida privada, son especialistas en ti, como los grandes almacenes. Te aconsejan que te aferres al carpe diem cotidiano, encerrándote en el individualismo más cerril. A ningún paciente, y pacientes somos todos porque tenemos más paciencia que el santo Job, le han aconsejado la lucha armada, es decir, la acción directa, el combate solidario contra el sistema para que habite entre nosotros el ángel libertario y destructor de los muros de los manicomios, de las cárceles, de las escuelas, de las fábricas o de los cuarteles, instituciones que limitan la vida, convirtiéndola en existencia, y sobre todas ellas de la Sagrada Familia.

La primera persona del plural (es decir, nosotros) es la única receta capaz de curarnos del individualismo que termina en una especie de narcisismo egotista y ególatra en la que cualquier contrariedad puede provocarnos una depresión que acaba en la consulta del especialista en salud mental de la seguridad social.

Mobbing, lo llaman ahora en la lengua del Imperio. Si tienes un problema de acoso laboral, vete al psicólogo no al sindicato. Si vas al sindicato no vas a conseguir nada. Allí van a decirte,  como me dijeron a mí, que el problema lo tenía yo como pieza individual dentro del complejo engranaje del que formo parte, porque era muy sensible. Y el psicólogo me escuchó como un amigo –esa es su terapia- y me consoló desahogarme con él la primera vez. Pero la segunda vez, como no podía hacer más, me mandó al psiquiatra para que me recetara píldoras ansiolíticas y/o antidepresivas. El fallo, quieren darte a entender todos, no está en el sistema que genera el mobbing, sino en el individuo personal que soy yo, porque el problema lo tengo yo porque soy demasiado sensible y tengo demasiado corazón.

-"No necesito sexo. El gobierno ya me jode a diario".Lo del gobierno es verdad, lo de que yo no necesito sexo es mentira.  Pero no es sólo el gobierno lo que me jode a diario, en el peor sentido de la palabra, que es en el de fastidiarme y hastiarme, sino la realidad, el mundo, el sistema, el orden establecido del que yo formo parte...Yo necesito sexo para olvidarme con el orgasmo siquiera momentáneamente, demasiado momentáneamente, de todo esto, incluido de mí mismo.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cosas



Actualidades. -Nos ofrecen actualidades  para que no nos enteremos de lo que pasa. Nos venden novedades, cuando de sobra sabemos que no hay nada nuevo bajo el sol. Nos venden revoluciones en el arte, en la música, en el cine, en la política… y lo hacen para ocultarnos la verdad: que no pasa nada, absolutamente nada. Que no hay revolución que valga. Que no cambia nada, o que si algo cambia es para seguir igual. O peor.

Piromanía.- ¿Qué libro sagrado salvaría yo de un incendio? -El fuego. El fuego purificador que hace arder todos los libros sagrados de todas las bibliotecas -salvo el que dice que no hay ningún libro sagrado- y todos los libros profanos, toda la literatura que ha creado el mundo: mala literatura, porque la mejor es la poesía destructiva del fuego. Porque la destrucción es creación. Porque para crear algo nuevo hay que destruir lo que impide su nacimiento.

Atracador el banco.- No hay peor atracador de los clientes de un banco que el propio banco, porque, esencialmente usurera como es toda entidad bancaria, actúa con toda la impunidad que le brinda el amparo de la ley.

Eufemismos. -¿No decían hace unos años, cuando empezó todo, que no había crisis en España, que la situación que estábamos atravesando era una simple "desaceleración económica", es decir, una reducción del ritmo del crecimiento? ¿No decían que había crecimiento negativo en vez de decrecimiento? ¿No decían que no había recesión ni tampoco crisis? Y ahora ¿qué dicen? 

Cheque-bebé. -Antes te daban dos mil quinientos euros si tenías un hijo, el famoso cheque-bebé del gobierno: trae un hijo al mundo, que nosotros educaremos para la ciudadanía de votantes y contribuyentes aborregados de este sistema putrefacto y corrompido que sólo cría esclavos: trabajadores emputecidos y parados subsidiados... 

Lo bueno de la pareja. -La pareja, algo bueno tenía que tener, no iba a ser todo malo. Lo bueno que tiene es que nos saca de las casillas egoístas de nosotros mismos y del narcisismo del amor propio, contra el que es el mejor antídoto: si fuéramos fieles a nosotros mismos como Narciso lo era, no seríamos nunca capaces de querer a otra persona, a otras personas, sin dejar de querernos de un modo egoísta más a nosotros mismos. 

El verdadero terrorista: “Nos dijeron que luchábamos contra los terroristas: el verdadero terrorista era yo” .  Declaraciones de Mike Prysner, veterano de la guerra de Iraq. Todos podemos hacer nuestras las palabras de este veterano de guerra, aunque no hayamos visto la guerra más que por la televisión. Nos dijeron que luchábamos contra los terroristas y resultó que los terroristas éramos nosotros mismos, ya participáramos directamente en el frente o apoyáramos el conflicto –eufemismo con el que camuflan la guerra- con nuestro silencio, metiendo la cabeza debajo del ala como el avestruz o mirando hacia otra parte.

Tomar decisiones: ¿Por qué hay que tomar constantemente decisiones? ¿Por qué tenemos que tomar una decisión? ¿Qué tiene de malo la indecisión? ¿Por qué no esperamos a que la decisión nos tome a nosotros?

Cavilaciones



Sócrates. - A pesar de los testimonios sobre la continencia de Sócrates que nos han transmitido, la figura del sabio que sólo sabía que no sabía nada no parece mal avenida con el uso común en la Atenas de su tiempo del cortejo de los mancebos por parte de los hombres maduros, de los que se enamoraban al contemplarlos desnudos en los gimnasios donde se exhibían pavoneándose y practicando sus entrenamientos, a los que iniciaban en la sensualidad.  Parece que se trataba en él sobre todo de un enamoramiento de la juventud misma: esto es, del muchacho en su trance de integración, y por lo tanto de rebelión contra el futuro que se le imponía. Así, se le oye decir en el Cármides de Platón: “A mí, más o menos, los que están en la flor de la edad –los efebos, los que están en la Hebe o divino tesoro de la juventud- se me antojan hermosos todos”.

Pedofobia.- No sé si debería patentar la palabra. No estoy seguro de haberla inventado yo. Es posible que ya la haya usado alguien antes. Está construida a imagen y semejanza de "pedofilia", que, como se sabe, significa atracción erótica y también amor o amistad hacia los menores de edad, tiernas criaturas; si cambiamos el sufijo -filia por -fobia, también de origen griego tenemos una de las características de nuestra sociedad, que resulta pedófoba, es decir, que tiene una mezcla de miedo y algo de aversión también  por todo lo que signifique infancia o minoría de edad..

Paz y progreso.-  "LLevais paz y progreso a partes del mundo que necesitan estabilidad." Ha dicho en videoconferencia el hideputa del presidente del gobierno español a las tropas destacadas en el extranjero para felicitarles las pascuas y agradecerles su “lealtad y compromiso.”  No se puede decir que nuestros mercenarios lleven “paz” cuando lo que llevan es el progreso de la guerra, a no ser que seamos tan hipócritas como el presidente del gobierno español y llamemos con toda la desfachatez e irresponsabilidad del mundo “paz” a la guerra.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Del trabajo sexual



Estoy contra la reforma laboral, porque estoy contra el mercado del trabajo. Sencillamente. Ni más ni menos. No porque esta reforma laboral que nos impone el Gobierno y que no es ni justa ni necesaria me guste menos que lo que había antes o que otra, sino porque lo que no me gusta es la moderna esclavitud que es el trabajo asalariado, cada vez peor remunerado, cada vez en condiciones más precarias y peores, cada vez más esclavo, cada vez más falso porque se pretende liberador: Arbeit macht frei, que ponía a la entrada del campo de exterminio nazionalsozialista: el trabajo te hace libre.  Mentira. El trabajo no libera porque ni Dios nos libra del trabajo, al que nos condenó: ganarás el pan con el sudor de tu frente.  El trabajo no dignifica porque no hay trabajo digno: el trabajo envilece o, mejor dicho, emputece porque su auténtica cara, la cara verdadera de la moneda es el vil metal del dinero por el que nos prostituimos como putas detrás de los rastrojos.

Un sindicato obrero cuyo nombre no voy a citar manifiesta que su deseo primordial es que las relaciones entre los seres humanos no se vean sometidas a intercambios comerciales de ningún tipo, lo que me parece muy loable. Sus pretensiones, por lo tanto, son liberar a la clase obrera de la servidumbre laboral del trabajo asalariado, lo que no deja de ser  también muy encomiable. Dicho sindicato se declara, por consiguiente, contrario a la existencia de lo que denominan el trabajo sexual (sic), o sea, el oficio más viejo del mundo: la venta del sexo de las mujeres  (o de su sucedáneo vicario, el trasero de los efebos) al falo de  los varones, y viceversa ahora que las féminas han adquirido valor adquisitivo al igualarse a los hombres y ponerse los pantalones, pasando de ser mercancía a ser también dinero.

Afirma el referido sindicato que le gustaría que desaparecieran las relaciones de trabajo sometidas a las leyes del mercado capitalista para dar paso a la libre autoorganización y la autogestión.

Pero mientras tanto, aquí viene el "pero", mientras tanto aboga por la legalización del  oficio más viejo del mundo. Mientras tanto.  El trabajo sexual, pontifican, debe situarse en el mismo plano que el resto de las actividades laborales capitalistas, por lo que es preciso reconocerlo y regularlo mediante leyes. El sindicato lo hace refiriéndose a la prostitución con el eufemismo de “trabajo sexual”, curiosa denominación que legitima sin querer la prostitución. Aboga el sindicato por el reconocimiento de los derechos laborales de las personas trabajadoras del sexo o prostituto/as, como única forma efectiva para evitar la explotación. No se dan cuenta de que lo que están haciendo es legitimar la prostitución de hecho.

Pedir el reconocimiento de lo/as trabajadore/as del sexo que realizan sus  menesteres voluntariamente no quiere decir que aceptemos –aseguran- la trata de personas, sino todo lo contrario, queremos que sea perseguida, pero, mientras tanto, mientras no desaparezca la esclavitud, queremos mejorar las condiciones de vida de los esclavos. No quieren ver que la mejora de dichas condiciones, en lugar de servir a la abolición de la esclavitud, lo que hace es todo lo contrario: justificarla, fortalecerla. 

No tiene empacho, por consiguiente, el  mentado sindicato cuyo nombre no cito en reconocer y dar por buena la sentencia dictada en 2001 por el Tribunal de Justicia de Luxemburgo, -pero ni en Luxemburgo ni en ningún otro sitio hay justicia- donde se afirma que la prostitución es una actividad económica legítima como cualquier otra. Es decir, que el trabajo sexual es una actividad laboral y requiere el reconocimiento de los mismos derechos que otros trabajos, con acceso a los servicios cubiertos por el sistema de protección social general y a la sanidad pública.

Le faltó al Tribunal de Justicia de Luxemburgo decirlo del revés -para enderezar algo que nos viene dado enrevesado-  y reconocer también que cualquier actividad laboral es un acto de prostitución, y que, por lo tanto, todos los trabajadores somos unas putas redomadas en el sentido de que desempeñamos una actividad sea intelectual o manual o sexual o del tipo que sea por dinero.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Varios



Quema de bandera .-  Noticia leída en la prensa: jóvenes “radicales” queman bandera española. Lo hicieron al amparo de otra bandera, la bandera de una nación que se siente oprimida por la española, precisamente, y que aspira a su independencia y autodeterminación. ¿Qué pensar de este hecho? La quema de una bandera es un acto de libertad de expresión, es un insulto contra una nación por alguna injusticia cometida. Aplaudimos la quema de la bandera rojigualda, y al mismo tiempo aplaudimos la incineración de la bandera que pretende sustituirla: echamos gasolina, arrimamos un fósforo y enseguida lo prendemos para deshacernos de todos, absolutamente todos los pendones, trapos sucios y ensangrentados que son todas las banderas, fruto de la guerra de todos contra todos.

Epinicio. - He escrito un epinicio o himno para celebrar la victoria de un atleta, como hiciera Píndaro en grandilocuentes versos que serían interpretados por un coro. Yo, a diferencia del maestro de la lírica coral, he renunciado a la grandilocuencia. Mi epinicio está, pues, desnudo de alusiones como un atleta griego antiguo y olímpico, centrándose en el meollo de la victoria que se pretende celebrar:  Joven, guárdate de obtener / los laureles de la victoria; / es mejor conseguir a veces / menos éxitos, más derrotas.

Pensemos un poco. -  Todas las ideas tienen vocación de ideas fijas y obsesivas, porque todas están abocadas a ser estereotipos, es decir modelos rígidos como corsés, clichés inamovibles, tópicos, lugares comunes, por eso lo mejor es desembarazarse de todas y cada una de las ideas recibidas que nos constituyen, antes de que se conviertan en costras de las que no podemos desprendernos.  Pensar, precisamente, es podar: desembarazarse de las ramas viejas que ya no nos sirven del árbol frondoso, irse desprendiendo alegre y gozosamente de las ideas fijas. Puede hacerse en soledad, pero es mejor hacerlo con alguien utilizando el método socrático: en el diálogo ambos nos desprendemos de ideas, vamos despojándonos de conceptos que no nos sirven y que son igual que rémoras, vamos desnudándonos, despojándonos de nosotros mismos.

Antisistema. - No se puede estar en contra del sistema sin estar en contra, al mismo tiempo, de uno mismo, porque todos y cada uno, aunque no queramos, también formamos parte del sistema y colaboramos con él. Yo estoy en contra del sistema y, por lo tanto, estoy en contra de aquello que me constituye: de mi constitución, contra la que me alzo en pie de guerra. Uno no puede tirar piedras contra su propio tejado, dice la gente, pero hay algo o alguien dentro de uno, el otro, el doble, la sombra que se rebela, quizá el niño que todos llevamos dentro, que se resiste a entrar por el aro y que, él sí, tira piedras contra el propio tejado, caiga quien caiga -y ya se sabe quién es el que va a caer-:  el espejo que nos refleja y devolviéndonos nuestra imagen nos traiciona.

martes, 17 de diciembre de 2013

Desengaños varios


Hay que analizar, es decir, desmenuzar, desintegrar esos tópicos pedagógicos solemnes que no significan nada, jerga con la que se llenan las bocas psicólogos y pedagogos con un desparpajo propio de ignorantes, que son capaces de hablar y de escribir una página con una sintaxis perfectamente impecable y no decir nada absolutamente, charlatanes de feria que le pueden vender un falso crecepelo a un melenudo. Aseveran por ejemplo que en pleno siglo XXI no se puede enseñar igual que hace mil años. ¿Por qué no se puede enseñar igual? Hay cosas que hacemos igual hoy que hace mil años, y no hay otra forma de hacerlas: por ejemplo el amor, por ejemplo soñar. ¿Por qué no se puede soñar y hacer el amor hoy igual que hace mil años? ¿Por qué no se va a poder aprender hoy igual que ayer e igual que siempre?

oOo

Una frase de Gurdjieff: “No trates de ser todo para tu pareja, debes admitir que busque en otro lo que tú no puedes darle”. No quieras ser exclusivo ni excluyente.

oOo

El arte de la política es el de la imposición de la ciudadanía, la unción de un yugo del que la gente tiene necesidad como los bueyes. ¿Por qué no nos planteamos la supresión de la política para que todos deje­mos de ser bueyes y para que, no de­ntro de unas generaciones, cuando nosotros ya no estemos aquí para verlo, sino ahora mismo, como por arte de magia, desaparezcan los gober­nantes, los policías, los curas, los periodis­tas, los jueces, los abogados... y todos esos profesionales y especialistas que nos hacen creer, amar­gándonos la vida y convirtiéndonosla en existencia, que son indispensables para que todo vaya bien según ellos dicen?

oOo

Cristófilos desde la estética: admiramos al Cristo desnudo, clavado en la cruz, sufriente y doliente, que se regodea de un modo masoquista en su sufrimiento de chivo expiatorio.

Cristófobos desde la ética: aborrecemos al Cristo que se ofrece como víctima de sacrificio, que se autoinmola para salvarnos a nosotros, que no queremos que nos salve nadie. Aborrecemos las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús que se ofrece a la vorágine caníbal en el rito sagrado de la comunión: este es mi cuerpo y esta es mi sangre que será derramada por todos vosotros: comedme y bebedme.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Mensajes en una botella



-Contra la usura del sistema bancario que nos gobierna bajo el nombre de democracia parlamentaria podría hacerse algo como lo que ha propuesto un exfutbolista francés: retirar nuestro dinero de los bancos el día 7 de diciembre, o cuanto antes mejor, no vaya a ser que nos lo hayan robado: no hay peor atracador bancario que el propio banco.


-No por ser maricón se es mejor que por no serlo, evidentemente, pero tampoco se es peor.

-Está muy de moda entre los clérigos y clericales denunciar la radicalidad anticlerical y la cristofobia: no ven la propia radicalidad, visceralidad y fundamentalismo clerical de una fe ciega como la suya y cristófila que mueve sistemas montañosos que es mejor que estuvieran quietos.


-Como dijo Epicuro, deberíamos liberarnos de la cárcel de los negocios, de la economía, y de la política si aspiramos a vivir con alguna dignidad.

-El gobierno de las Españas quiere sacar una ley para lograr una muerte digna. Quiere matarnos dignamente. ¿Por qué no se preocupa de dignificarnos la vida? Porque los gobiernos están para matarnos. Que conste que yo no soy enemigo de la eutanasia, sino acérrimo defensor.

-El futuro es una entelequia de la que no deberíamos fiarnos, en la que vale más no confiar, y a la que no conviene confiarse demasiado. No hay futuro, pues, pero el futuro existe, sin embargo: el futuro ya está aquí impidiéndonos vivir el presente, impidiéndonos vivir aquí y ahora. 
 
-Es indignante ver cómo las personas facultadas por un titulo universitario hacen valer su poder despojando de su libertad a sus congéneres mientras tanto, dejando en libertad condicional y relativa, porque no hay nada más relativo y condicional que la libertad, a las verdaderas amenazas de la llamada salud mental, a los locos menos inofensivos.

-Psicólogos y psiquiatras nos diagnostican enfermedades mentales, atribuyéndonos el rol del enfermo imaginario de Molière, y ellos se arrogan la etiqueta de "sanos" o "cuerdos" con una presunción que raya en la indecencia y obscenidad.

-Lo peor de psicólogos y psiquiatras es que te facilitan una salida individual, cuando "tu" problema no es individual ni tuyo exclusivamente, sino social: la que está enferma, y mucho, además, y loca perdida, es la sociedad.

-El adviento: esperanza desesperada.

-Si el adviento es la “rememoración del nacimiento de Cristo hecho hombre”, estamos recordando el nacimiento de alguien que, hecho hombre como no cabía menos de esperar en una sociedad que se apresura a matar al niño que todos llevamos dentro convirtiéndolo en adulto desde que venimos al mundo a decir que no, fue condenado además a muerte y crucificado, y su proyecto vital revolucionario condenado al más estrepitoso de los fracasos. Podemos rememorar todas las veces que queramos su nacimiento, pero eso no va a hacer que Cristo renazca de sus cenizas,

domingo, 15 de diciembre de 2013

Perder la fe

Algunos hemos perdido, gracias a Dios y a Buñuel por la feliz ocurrencia, la fe, que es lo peor que hay: y esta pérdida ha sido, paradójicamente, una auténtica ganancia, nuestro mejor negocio.

Me gustaría poder decir y escribir que la fe va perdiendo terreno día a día en las vidas de las personas, que nadie cree ya en nada, pero no es verdad, desgraciadamente.

Es cierto que la mayoría de la gente no cree ya en Dios, que es un fantasma monoteista del pasado, pero eso no significa que no crea en ninguna otra cosa, sino que ha sustituido una creencia obsoleta, una fantasmagoría, por otras más modernas y no menos perniciosas.

La mayoría democrática de la gente cree, por ejemplo, en la economía, que es la cara verdadera y dura de la política, y en el dinero o Becerro de Oro, que es la nueva epifanía del viejo dios de Israel, o en la importancia del individuo y la real gana de su voluntad personal o voto (y lo llaman libertad y no lo es) o en el sufragio universal y en  la democracia o en cualquier otra superchería.

Dicen que la fe puede mover montañas, pero yo digo, humildemente, que es mejor que las montañas estén quietas, inmóviles donde están, que no se muevan y produzcan un terremoto.

Yo, que no soy como la mayoría de la gente, que no sigo la corriente, he perdido la fe en todas y cada una de las cosas, descreído como soy. Y estoy contento de que así sea. Amén. Deo gratias (y a Buñuel, que dijo que era ateo gracias a Dios).


sábado, 14 de diciembre de 2013

Contra la pareja

Si tuviéramos que establecer los tres pilares sobre los que está construida la sociedad patriarcal en la que vivimos, diríamos que son el machismo, la homofobia y la pareja, o sea, dicho a lo culto, la monogamia. 

Y es cierto que homofobia y machismo gozan de mala prensa, pero no sucede lo mismo con la monogamia, que casi  nadie cuestiona.

Monogamia es voz culta y griega que significa, como se sabe, "único matrimonio o emparejamiento". Según un diccionario que consulto de la Casa Editorial Ramón Sopena, monogamia es el "Régimen familiar que prohíbe la pluralidad de esposas, y es la salvaguardia (sic) de la mujer y por consiguiente la del hombre". Más que una definición es una declaración de fe y de principios.

Se exalta la monogamia como símbolo de fidelidad, sin percatarse uno de que la fidelidad a una única persona a lo largo de toda una vida, fomentada por el ideal romántico del amor, un ideal que no responde al sentimiento, supone una traición de lesa humanidad a todas las demás personas. Si eres fiel a una persona es porque estás traicionando a todas las demás.

Llevamos toda la vida consumiendo productos culturales de una mitología que profesa una clara apología de la monogamia y de la pareja, desde los cuentos y dibujos animados infantiles hasta el cine de autor más underground y algunos productos supuestamente contraculturales. Llamamos final feliz, de hecho, al relato que concluye en boda, o al menos en beso de pareja: happy end. Este final feliz es falso, no es un final, sino un comienzo de otra relación: la declaración del amor se convierte en la institucionalización monogámica de la pareja.

Por otra parte, las alternativas conocidas no son especialmente atractivas: en la juventud se está imponiendo un nuevo modelo basado en el consumo de sexo a ultranza.  En este nuevo panorama, las relaciones afectivo-sexuales se convierten en productos de consumo de usar y tirar: no queremos complicaciones sentimentales: sólo sexo. No hay nada malo en ello, ojo, pero tampoco nada bueno.

Los que quieren huir de la presión monógama vitalicia “hasta que la muerte nos separe”, optan por la cada vez más frecuente monogamia sucesiva o serial, que podríamos definir como la práctica de contraer varios matrimonios o relaciones de pareja no simultáneos, sino de manera sucesiva y más o menos continuada a lo largo de una vida, pero con una sola persona cada vez. Es la forma más extendida en occidente, especialmente a partir del momento en qué las leyes del divorcio facilitaron los trámites de ruptura matrimonial: el divorcio lejos de romper el vínculo matrimonial,  como temía la iglesia católica que se opuso a él,  vino a fortificarlo.

Lo cruel de todo esto es que cuando el yugo de la pareja nos oprime nos deshacemos del compañero, como si él tuviera la culpa, como si a él no lo oprimera también igual que a nosotros, no nos deshacemos nunca de la fe que tenemos en la pareja, y lo que hacemos es buscar un recambio, otra pareja, para que siga existiendo siempre la institución matrimonial monogámica de Adán y Eva.

Todos los efectos negativos directos y colaterales que nos produce la cultura monógama en la que vivimos son considerados problemas personales. Si tenemos problemas de esta índole, nos dicen que se debe a que carecemos de madurez emocional, o a que no hemos encontrado, todavía, repárese en la malicia de este adverbio, a la persona idónea para cimentar una sólida relación de pareja.

Prolifera por ahí una extensa variedad de libros de autoayuda y de terapias y terapeutas que intentan solucionar los problemas que sufrimos en nuestras relaciones afectivo-sexuales, pero que nunca cuestionan la base sobre la cual se sustentan, que es nuestra cultura monógama y patriarcal de raigambre judeocristiana tanto en el ámbito heterosexual tradicional como en el homosexual que se está imponiendo allá donde el matrimonio homosexual es legal.  

El amante monógamo y romántico generalmente oculta cualquier atracción que sienta por alguien, por mínima que sea, para no inquietar o herir a su media naranja. Podemos ser fieles a nuestra media naranja durante toda la vida de hecho, pero nuestra fidelidad no es sincera. ¿Cuántas veces no nos habremos acostado con ella y habremos cerrado los ojos e imaginado que estamos con otra persona?

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Olor a ti



La prenda olvidada en el armario a la que me aferro porque reconozco en ella el olor corporal y espiritual, el aroma personal e intransferible, único en definitiva, de la persona a la que quiero, impregnada como está de su fragancia inconfundible.

No hace falta que vengan investigadores y científicos a decirme que la estela personal y genética, diríamos, de las características  olfativas de cada uno permanece, a modo de nota musical de un tema de una melodía que no puedes olvidar, estribillo que se repite inalterable, que es y no es el mismo, paradójicamente, a pesar de las variaciones circunstanciales que introducen elementos externos que inciden en nuestro aroma como el ambiente y la dieta.

El olor es el rastro animal reconocible de cada individuo, que detecto a través del olfato como si fuera un sabueso siguiendo el husmo de la vulva ardiente de una perra en celo, que es tu fragancia más íntima.

De nuestros cinco sentidos, el oído y la vista parecen los más sublimes y  espirituales, ligados como están a actividades nobles como las artes plásticas -¿no has visto nunca el ojo de Dios que todo lo ve?- y musicales –recuerda el poder de la lira de Orfeo, que amansaba a fieras y llegaba a conmover a los sordos árboles y peñascales-,   mientras que el gusto, el tacto y el olfato parecen más sórdidos y plebeyos, porque nos acercan más a la carnalidad primitiva del cuerpo, a nuestra animalidad.

La boca, la nariz y la piel, no sólo la yema de los dedos, son sentidos más groseros, están en contacto con realidades más mundanas e inmundas: mucosas, olores y sabores no siempre agradables, secreciones varias, y  se asocian a actividades placenteras más ordinarias como beber, comer, palpar en la oscuridad, olisquear, acariciar, defecar, husmear, follar...

Quizá lo nuestro fue amor a primera vista, no lo sé ¿No sería acaso amor a primera olida o al primer olfato? ¿No sucumbí ante tus encantos cuando percibí la esencia de tus feromonas, la fragancia que venida por el aire – per fumum, a través del humo, como el incienso de los ritos religiosos-  me llevó, a través de tu rastro,  a la geografía de tu cuerpo, a la anatomía de tu alma?

¿Cómo describir ese aroma? No hay palabras: vienen a mí vestigios primitivos y animales de orina con la que el tigre demarca su territorio, fragancia de aire fresco que entra en un cuarto cerrado, el vaho táctil de tu piel desnuda y sensitiva, recorrida interminablemente por las caricias de las yemas de mis dedos, restos de heces agridulces en la punta de mi lengua y en las papilas gustativas, efluvios de puro néctar y emanaciones de ambrosía, vaharadas de las secreciones de tus glándulas sudoríparas, el perfume a rosas frescas de tus sobacos e ingles, la dulce fetidez de tus pedos -inconfundibles, singulares, únicos-, las perlas de sudor resplandeciente que me conducían inevitablemente a lo que era y sigue siendo todavía el objeto de mi deseo, mi último destino. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Lo poco que he aprendido



He aprendido que no sé tantas cosas como creía saber.

He aprendido que el dinero no da la felicidad, sino que la compra, y que la felicidad que se compra, como cualquier otro bien de consumo, se posee quizá, sí, pero no se disfruta, porque "o la tienes o la gozas": una de dos, pero no las dos cosas a la vez. Es imposible. Por eso, a fin de cuentas, el dinero no sólo no acaba dándonos la dicha, sino que, encima, nos quita la poca que teníamos, llenándonos de preocupaciones y conjurando la desdicha.

He aprendido que cuando digo que tengo o no tengo tiempo doy a entender que yo dispongo de mi tiempo, pero es mentira: lo que estoy diciendo en realidad es que el tiempo me tiene a mí bien sujeto y prisionero del reloj y de la agenda.

He aprendido que la fe y el fanatismo mueven montañas, pero que es mejor que las montañas estén quietas sin que las nueva ninguna fe o falsa creencia, que es lo mismo.

He aprendido que el futuro nos despoja de lo único y poco que de verdad tenemos, de ahora.

He aprendido que el amor verdadero existe, y que es una desgracia, por lo que lejos de ser algo bueno que nos pasa alguna vez en la vida, es lo peor que podría pasarnos si no sobrevivimos a él, porque cuando nos enamoramos de alguien dejamos automáticamente y aunque parezca mentira de quererlo.

He aprendido que la madurez tiene más que ver con las cicatrices que se han tenido y con aquello que he aprendido, mejor dicho, desaprendido gracias a la experiencia, que con el número de años cumplidos.

He aprendido que la felicidad es un espejismo ardiente que si llega alguna vez fugazmente a mí es precisamente cuando desisto de buscarla y menos me preocupo de ella.

He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida no son las cosas sino las personas que tengo alrededor, personas que no dejan de ser un caso de cosas especiales. Y de las cosas las que más importan no son las grandes, sino las pequeñas: son las pequeñas cosas las que me reportan algo de dicha de vez en cuando.

He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que tengo alrededor y que quiero como si fuera la última vez, porque todas las veces son de alguna forma una primera y última, una única vez.

Quizá la mayor lección que he aprendido en esta vida es que nunca se sabe, y la he aprendido a pesar y al margen del sistema educativo, que pretendía convencerme de lo contrario.

Ya sabemos, desde Orwell, que llaman paz a la guerra, vida a la muerte y libertad a la esclavitud, así que estamos curados de espanto, por lo que hay que tener muchísimo cuidado con el lenguaje que usamos y que nos usa. 
 
He aprendido que lo malo no es que las mujeres estén discriminadas de los puestos de mando de la sociedad; lo malo es que no estemos discriminados también los hombres. Es verdad que las mujeres casi mandan lo mismo que los hombres, y de hecho da igual el timbre masculino o femenino de la voz de mando. Eso es lo malo: que haya mando.

Por eso mismo lo que realmente me gustaría es que no mandara nadie, que no hubiera voces de mando, ni macho ni hembra, que no hubiera mandamases ni mandamasas, ni mandados ni mandadas tampoco. 

He aprendido que las cosas tendrían que haber sido al revés, que en lugar de habere incorporado las féminas al ejército, había que haber licenciado a todos los soldados, rotas para siempre las filas y abandonados todos los frentes de combate. 

¿Cuándo llegaremos a eso? ¿Llegaremos alguna vez a eso? ¿Saldremos de esta prehistoria donde, so pretexto de igualdad sexual, se nos somete a todos y a todas bajo el yugo del mismo rasero igualitario?

domingo, 8 de diciembre de 2013

Narciso y la fuente



Narciso amaba tanto la soledad que no
soportaba la compañía ni de su propia sombra.
Se sabía diferente y era muy sensible.
Son muchos los muchachos, muchas las doncellas
que se enamoraron del efebo y que se vieron
despreciados, tanta era su insolencia y tanta
la belleza insultante de su juventud,
hasta que un día vio una imagen, cara de ángel,
en el espejo claro de una fuente clara,
a donde había ido él a apagar su sed.
Se enamoró el arisco mozo de la imagen
que no se fatigaba nunca de admirar
embelesado: fue a abrazarla y a besar
los frescos labios de la fresca boca abierta,
y se desvaneció la imagen en el agua.
Al poco tiempo se perfiló otra vez su sueño
y  la pasión de apoderarse de la belleza
ambigua, andrógina. No sabía si era efebo
como él o acaso una ninfa como aquella
chalada de Eco que repetía sus últimas
palabras y que lo acosaba constantemente.
No identifica aquél su imagen en el espejo
del agua clara de la fuente reflejada
pues no se había aún Narciso nunca visto
y no se conocía ni reconocía.
Cree que es otro, un ser extraño, el ser amado,
la encarnación de la belleza más perfecta.
Y se le antoja poseerla por un momento,
y se arroja al agua clara de la fuente en pos
de la belleza fugitiva e inasible
de aquel extraño ser, de aquel desconocido
que nunca había visto y que habitaba allí,
en la fontana donde no sació su sed
de amor y halló el orgasmo al fin de su propia muerte.
Allí por donde se salió del mundo el joven,
nació una flor amarilla y blanca, muy hermosa,
a la orilla de la clara fuente cristalina,
que lleva el nombre de recuerdo del muchacho.
Y dicen que es el alma misma de Narciso
ensimismada y arrobada contemplando
en el reflejo del espejo de las linfas
el espectáculo absoluto de su belleza.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El anónimo monje budista


El lama budista, a la sazón guardián del templo, no tenía nombre propio porque, amante como era de la libertad había decidido cuando ingresó en la orden monástica, darse de baja en el Registro Civil.  Pensaba no sin razón que los nombres propios sólo servían para dominarnos, para sojuzgarnos, para aprehendernos y controlarnos, y que eran como las ideas, con las que había que acabar a toda costa.



El anónimo monje budista, que se había retirado del mundo y llevaba un hombro descubierto bajo la túnica luminosa de color naranja, mostraba la sacrosanta reliquia, venerada en varios puntos de la cristiandad, del Santo Prepucio que cubría el glande del falo de Nuestro Señor Jesucristo, quien, siguiendo la tradición judía había sido, como se sabe, circuncidado.



El bonzo imberbe se la mostraba a los incrédulos fieles que visitaban el monasterio, sorprendidos de hallar un amuleto cristiano tan alejado de Roma y de lo que los cristícolas denominaban Tierra Santa, en un templo consagrado a la veneración de Buda en el Extremo Oriente, tan cerca del país del Sol naciente y los almendros en flor.



La propia iglesia católica, apostólica y romana había acabado por derogar el culto de algunas de esas reliquias supersticiosas, como los numerosísimos clavos viejos y oxidados de la cruz de Cristo, que habrían bastado para crucificar no a uno solo, sino a unos cuantos cristos en el Gólgota, como los no menos cuantiosos trozos de madera de la cruz, o los abundantes pellejos del Santo Prepucio del Niño Jesús, como éste que mostraba el monje a los curiosos fieles de la religión atea.



Los visitantes del templo no podían adivinar que el casto monje era víctima de un ataque de priapismo agudo tan repentino como inesperado e inexplicable para él, que lo perturbaba sobremanera, y le provocaba  una descomunal erección no poco dolorosa.



El monje itifálico se había excitado sobremanera después de mostrar la reliquia del Santo Prepucio a los visitantes del templo, y, aunque te parezca mentira, querido lector,  no podía ocultar la excitación que despertaban en él las imágenes imprecisas de los espíritus súcubos e íncubos, visiones tentadoras, seductoras, pecaminosas, que le asaltaban y tentaban y se habían desprendido de las sugerentes palabras de un libro de lectura prohibida explícitamente en el monasterio al que había tenido acceso.



Una vez que se han ido los turistas, el joven lama, novicio de una religión atea como es la budista, pues Buda no es un dios monoteísta al uso como Jehová o Alá ni un ser sobrenatural, sino un hombre que alcanzó la liberación y un ejemplo para el resto de la humanidad, se masturba compulsivamente, rompiendo sus votos de castidad, y no sabe cómo ha llegado a hacer algo que no había hecho nunca hasta entonces y que no sabía hacer, liberándose, acto seguido y como consecuencia de ello, del semen largamente retenido en los calabozos de sus testículos desprovistos de vello. La copiosa emulsión ha ensuciando su pubis rasurado y manchado con dos gruesos lamparones la túnica color de azafrán.  




Se desprendió de la túnica que revelaba su pecado. Igual que se había despojado de su túnica, tenía que desprenderse ahora de todas las ideas que le habían inculcado, liquidándolas, es decir, convirtiéndolas en líquido elemento, y procurando no aprehender ninguna otra en su lugar. A menudo nos sucede a todos, en efecto, que cuando nos liberamos de una creencia enseguida adoptamos otra fe para sustituirla, y no sabemos librarnos de una sin cambiarla por otra, por lo que efectuamos un recambio.



Son pues las ideas como los tentáculos-cabezas de la legendaria Hidra de Lerna: por cada una que le cortamos le crecen dos, con lo que la solución del problema no hace más que multiplicarlo, incrementándolo. Lo mejor sería olvidarse absolutamente de todo, piensa el anónimo monje budista que se ha desnudado en cuerpo y alma.



Es entonces cuando aparece el derviche giróvago turco, que sube, resuelto y decidido, espada desenvainada en mano, las escaleras. Va, visiblemente nervioso y excitado, decidido a violar al monje budista. El lama, desnudo por completo sin su provocativa túnica color naranja que ha dejado caer al suelo y que era como su nombre propio del que se ha desprendido renunciando al bautismo, a la inscripción en el censo y al mundo, no sabe todavía lo que le espera.  Lo que tiene muy claro el fundamentalista islámico, fanático religioso como miembro que es de una religión monoteísta, es que no va a renunciar al firme propósito de su ciega fe.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Apuntes al natural



-En algún momento, en algún lugar, sin que el tiempo dejara de correr, se me paró el reloj.

-(Como la mujer del César). En esta sociedad nuestra, no basta con estar cuerdo, también hay que parecerlo.

-Compañero, compañera: compartimos el pan del compango y el desconocimiento mutuo.

-No tratemos al dinero como si fuese un dios, a Él, que tanto nos desprecia. 
 
-No es que no sepamos cuándo moriremos, es que no sabemos si no hemos muerto ya: si no estaremos todos muertos.

-(El tiempo es oro) Si envejeces no te olvides de que te vas, como el viejo Rey Midas, haciendo de oro.

-¡Cuánta angustia nos ahorraríamos si no nos quisiéramos tanto, o si no nos quisiéramos tan poco como nos queremos!

-(Contra el refrán que dice: “Para atrás ni para coger impulso”) Camina y mira hacia atrás, no para coger impulso, como dice el refrán, sino para ser original volviendo a tus orígenes.

-Todo el mundo baila. Bailamos. Tenemos que hacerlo. Al son que nos tocan. Lo que varía es el ritmo y la letra de la canción. Y, a veces, la pista de baile.

-Todo el mundo baja la basura. Pero todos guardamos los trapos sucios en casa.

-¿Cigarrillos? ¡Sí, pero para ocultarme tras el humo! 

-Escúchale al corazón, que siempre tiene razón.

-Puedo hacer cualquier cosa:  pero, cuando estoy a solas,  lo que más me da por hacer  es reírme, por no llorar,   a mandíbula batiente, de todos y de todo:  de mí y de mi propia sombra.

-¡NO A LA GUERRA!: Aunque habría mucho que discutir sobre si la guerra de verdad que no se declara no se habrá disfrazado de paz en este perpetuo carnaval del teatro del mundo en que vivimos para pasar desapercibida: la guerra, un lobo disfrazado de cordero para ahogar los numerosos gritos que se levantan, otra vez, contra ella en todo el mundo y en todas las lenguas, porque no hay guerras justas, señor presidente del gobierno: ninguna guerra lo es. Ninguna bomba está justificada. Las que llueven ahora sobre Trípoli y toda la Libia tampoco. 
 
-Y ahora que somos un poco menos niños, ahora que nos hemos vendido y rendido un poco, que nos hemos prostituido y entregado el alma al diablo; ahora que el tiempo, ese gran mentiroso, nos ha obligado a entrar por el aro, ahora ¿qué?

-El porvenir nunca llega. No esperes el porvenir, porque como su propio nombre indica el “por-venir” nunca llega, está siempre pendiente de cumplimiento, siempre por venir, nunca por llegar. Está siempre a punto de... pero se abre un hiato, un abismo que hace imposible que llegue.