jueves, 30 de enero de 2014

Libertad




Zambúllete, desnudo, en el azul del mar.
Sumérgete en las hondas aguas de la vida
y en el océano de las nuevas sensaciones.
Sal de la cárcel que eres tú, de tu propia celda
y atrévete a ser libre, más que nadie: goza
de este momento, que es el único que hay,
sin miedo, libremente, aquí y ahora mismo:
ahora, amigo, es el momento: ahora o nunca.

sábado, 25 de enero de 2014

¿Qué es violencia?


Violencia es tener que ganarse la vida con el sudor prostituido de la frente, según la bíblica maldición veterotestamentaria, sin darnos cuenta de la pérdida de vida que supone esa ganancia a cambio de nuestra venta al mejor postor, que es el único dios verdadero, o sea, don Dinero.


Violencia es trabajar los mejores años de nuestra vida, pongamos  que 35 ó  40 años, por un salario de miseria como son todos los jornales al fin y a la postre,  preguntándote cuándo llegará la jubilación, sin saber siquiera si vas a poder cobrar la pensión.


Violencia son los bonos del Estado, los fondos de pensiones robados, los seguros de vida, que es lo más inseguro que hay,  las acciones y el fraude del mercado de valores… de bolsa, que son los únicos valores capitalistas. Porque ya no se trata de elegir entre la bolsa o la vida, es que nuestra vida -o existencia, mejor dicho- se ha convertido en un valor bursátil nunca en alza, cada vez más a la baja.


Violencia es verte obligado a pedir una hipoteca que tendrás que pagar con muchas creces a la entidad prestataria,  el mayor usurero que puede haber, que es el Banco, auténtico atracador.


Violencia es tener que añadir a la jornada laboral de ocho horas diarias otras dos, por ejemplo,  en concepto de traslado al centro de trabajo todos los días del año. 
 
 
Violencia es, igualmente, no tener trabajo y, por lo tanto, posibilidad de ganar dinero, y sentirse uno como un paria de la sociedad, como si uno tuviera la culpa de ser un parado de larga duración.


Violencia es tener que comprarte un coche para que te lleve de casa al trabajo y viceversa, arriesgándote a morir o a accidentarte in itinere, lo que a veces es peor que la muerte.


Violencia es el derecho de los directivos, jefes y empresarios a despedirte cuando quieran y a prescindir de tus servicios después de haberte utilizado como si fueras un pañuelo moquero.


Si violencia es el trabajo, no menos violencia es el paro, esa sensación que te embarga de desempleo, de que ya no vales para nada, de que no eres útil a la sociedad de conumo que (te) ha consumido los mejores años de tu vida preparándote para nada.


Violencia son los “accidentes” laborales, ocasionados por el ahorro de los empresarios en costes de seguridad, que ponen de manifiesto que el accidente no es accidental ni casual.


Violencia es enfermar por las duras condiciones físicas y/o psicológicas, tanto monta, monta tanto, del trabajo.


Violencia es el consumo de psicofármacos –antidepresivos y ansiolíticos- y vitaminas para poder aguantar las jornadas laborales hasta la extenuación.


Violencia es trabajar para ganar dinero a fin de poder comprar medicinas que remedien nuestra salud, enferma de tanto trabajar.


Violencia es pensar que el trabajo nos hace libres. Es lo mismo que creer que las cadenas nos liberan de la esclavitud. Pero eso nos han inculcado toda la vida: que la esclavitud, es decir, el trabajo es la libertad.


Violencia es el fin de semana, cuya única razón de ser es hacernos más soportable el lunes, como violencia son las vacaciones por la misma razón: el ocio es violencia porque su razón de ser es justificar el trabajo, y porque él mismo se ha convertido en un trabajo, es decir, en un negocio o negación de sí mismo. 


Violencia es morir en camas preparadas en hospitales horribles, sufriendo como un perro, porque el sufrimiento dignifica al hombre y es muy cristiano, ya que sufriendo murió Cristo para –dicen- redimir al género humano.



(Panfleto repartido en una calle de Atenas en diciembre de 2008)

martes, 21 de enero de 2014

Enamorarse a los cincuenta



¿Quién iba a mí a decírmelo, que a mis cincuenta 
y  pocos años me enamoraría yo
como un chiquillo, igual que un tonto colegial,
adolescente incauto? ¿Cómo no lo he visto
asomando la cabeza al monstruo del amor,
al ciego dios Cupido, el niño hideputa
que mueve el mundo y hace que nos encaprichemos
los unos de otros -y a mí de una crïatura
angelical cuya edad triplico yo con creces-,
clavándonos sus flechas que nos hieren para
que de veras nunca nos queramos por su culpa.
por culpa del maldito amor, maldita sea
su propia estampa? Cómo pude sucumbir
en esta trampa y estas redes otra vez,
un hombre hecho ya y derecho, como Dios
ordena y manda, un adulto respetable,
con la que tengo yo experiencia de la vida
acumulada de amoríos y desengaños,
a mi edad, mis cincuenta y tantos años, Dios,
sin darme cuenta? ¿Cómo he sido tan idiota?
¿No soy acaso un patético viejo verde,
o sea un viejo que se quiere siempre joven
y no se resigna, por lo tanto, a envejecer?

jueves, 16 de enero de 2014

Mensajería breve


Todos los periódicos y televisiones muestran y retrasnmiten con un impúdico e indecente exhibicionismo pornográfico imágenes del dolor ajeno en el que nos regocijamos porque podría ser el nuestro y no lo es.

De la muerte es de lo único que no tengo ni puedo tener ninguna experiencia previa: por eso no puedo hablar de ella.

Si te digo la verdad y soy sincero contigo, te mentiría.

Mejor que tratar de resolver los muchos problemas que se nos plantean es disolverlos mediante la pregunta corrosiva como la sosa cáustica: ¿Qué? .



¡En España ya no hay cuatro millones de parados! ¡Tenemos pleno empleo! Según el presidente del gobierno,  un parado no es un parado sino un trabajador en proceso de formación, un trabajador que está formándose gracias a los cursillos que tendrá que seguir para disimular las estadísticas, un trabajador en potencia, que diría Aristóteles. Curiosa manera de acabar con el desempleo.

Trágica duda. Eurípides, el poeta trágico griego, ha formulado una pregunta para la eternidad que ha sembrado la duda y el escepticismo, que nos obliga a poner en tela de juicio todas nuestras creencias: “Pero ¿quién sabe si el vivir no es morir, / y es morir lo que los hombres creen que es vivir?” Hay alguien que lo sepa. ¿Lo sabe alguien? ¿Quién lo sabe?


Canta la soleá: ¡Qué cosas tiene este loco / que nunca dice verdad / pero mentira tampoco!

El amor y sus metáforas bélicas. La realidad de la tribu son las metáforas de su vocabulario semántico, sus palabras, su palabrería, por eso se funde el amor con la guerra en nuestro mundo y orden establecido dictado desde el futuro, que es la muerte. El amor es una guerra, por eso se habla de conquista. Se conquista a la persona amada.

Penas para los clientes. En algunos países democráticos se está cociendo un proyecto de ley que prevé penas de cárcel para los clientes de las prostitutas. Si llega a convertirse en ley, podríamos llegar a ver a muchos parlamentarios arrestados, pero esos parlamentarios se librarían de ser condenados por la inmunidad, que es impunidad, parlamentaria de la que gozan, mientras que un camionero, por ejemplo, se vería obligado a pagar el pato. No hay derecho. No hay justicia. El Rey puede irse de putas, el último de sus vasallos no.


sábado, 11 de enero de 2014

La jerga politizante



Ya sé que es un rollo, más que rollo, un enorme coñazo,  pero conviene analizar el lenguaje que usan los políticos amateurs y profesionales y los medios que tienen a su servicio para ver cómo nos engañan y nos la meten doblada, corruptos todos, mentirosos todos que son. Y conviene hacerlo para librarnos de esa peste y para no caer en la tentación de hablar como ellos. Como muestra un botón sacado de un editorial de un periódico: “En muchos países europeos, los Gobiernos y los partidos que les sustentan vienen siendo contundentemente desalojados del poder central o local por los electores, en busca de una alternativa posible que mejore la vida de los ciudadanos.”

La jerga del editorial parece chino mandarín, es deliberadamente incomprensible. Analicémosla: Dejemos aparte y de entrada el adverbio “contundentemente” más apropiado para otros desalojos por la fuerza y brutalidad policial, y pongamos la primera parte de la frase en voz activa, que es lo normal en castellano –la pasiva es cosa de periodistas, pedantes y economistas-: los electores desalojan del poder en muchos países europeos a los Gobiernos -ojo a la mayúscula con que han escrito la palabra Gobierno, como si fuera Dios-  y los partidos que los sustentan.

Centrémonos ahora en la segunda parte: ¿por qué dice "desalojar" en vez de "echar", que es lo normal y corriente? Precisamente por eso, porque "echar" lo entiende todo el mundo, y "desalojar" no, por lo que resulta más culto, más propio de "entendidos", que son los que no quieren entender nada de nada, y porque además parece que significa otra cosa. Sigamos:  ¿se desaloja -o sea, se echa- a los gobiernos del poder para buscar con la alternativa “que mejore la vida de los ciudadanos”?  No, Evidentemente: se echa a un partido del gobierno para que deje de hacernos la vida imposible, que eso es lo que hacen todos sean del signo que sean. Lo malo -la trampa en la que caemos- es que para echar a uno hay que poner a otro que va a seguir haciéndonos lo mismo de mala manera. Ellos lo dirían así: para desalojar a un partido hay que alojar a otro. Nosotros nos preguntamos: ¿Por qué no desalojamos a todos de una vez por todas?

La vida de los ciudadanos mejoraría no con el cambio de gobierno (o  de gobernanza, como dicen ahora algunos de ellos para camuflar el mismo perro pulgoso con distinto collar), sino con el desgobierno, con la desgobernanza  y, en definitiva, con la libertad. El problema es que la mayoría de la gente –no vamos a decir “todo el mundo” como hacen ellos, los políticos correctamente democráticos y los medios de formación de masas a su servicio, que hacen valer la opinión de la mayoría por la de todos-  espera una intervención de la providencia divina y/o estatal que venga como por arte de magia y milagro a resolverlo todo a modo de deus ex machina.  Y no hay providencia divina ni estatal ni Dios ni gobierno que valga: sólo el Dinero, que no sólo no nos da la felicidad, sino que nos quita la poca que teníamos.

martes, 7 de enero de 2014

Supositorios varios

No es raro que, tras aplicarle un supositorio a un niño pequeño, se le salga otra vez del recto y tengamos que repetir la maniobra;  y aun desecharlo y utilizar uno nuevo. Esto suele deberse a un error técnico.  Aunque pueda chocar un poco, la mejor forma de administrar los supositorios no es la que suponemos, valga la redundancia, a primera vista,  es decir, introducirlos en el ano por su extremo puntiagudo, sino al contrario, por el extremo obtuso o romo. Esto facilita que el supositorio quede alojado en el recto, porque así, cuando el ano contrae el esfínter, lo que hace es impulsar el supositorio hacia adentro y no expulsarlo. Aunque parezca mentira, no lo es.



oOo

Inicio, como dinosaurio que soy, la danza nupcial del macho, cortejo previo a la parada para seducir a la hembra en celo. No se trata de lograr insemianrte y meterte nuevas ideas, sino de despojarte de las muchas, demasiadas tal vez, que tú ya tienes inculcadas, que forman parte ya de tu herencia genética.



oOo

No hay hechos futuros: si son hechos es porque están realizados, si son futuros no están llevados a cabo todavía. El pasado está escrito por los vencedores, que son los que escriben la historia, pero el futuro no.
.


oOo

Hay una epidemia o, mejor dicho, pandemia porque se cierne sobre el conjunto de toda la población,  peor que el virus A(h1n1) o gripe porcina que hace que nos pongamos mascarilla para besarnos en la boca: el miedo a la muerte, que se traduce en el miedo a contraer el susodicho virus de gripe porcina, o el del SIDA u otro cualquiera que se estile.




oOo
En torno a los cuatro años, más o menos, nos inculcan que nuestras deposiciones, que es lo más nuestro que a esa edad tenemos, lo único a decir verdad que producimos nosotros, son malas. Eso no se come, caca, tíralo. Más tarde, cuando hemos interiorizado la abominación de los excrementos, con un lenguaje un poco más elaborado aunque vulgar nosotros mismos decimos de algo que nos desagrada que es una mierda.   Caca, culo, pedo, pis.


oOo

Nos inculcan de pequeños que debemos controlar los esfínteres y no hacérnoslo encima, porque eso supone ensuciarnos, mancharnos, convertirnos en impuros.  De niños aprendemos que el culo esta ligado a los excrementos y que, por lo tanto,  es malo, por lo que las deposiciones hay que hacerlas en privado, a escondidas, sin que nadie nos vea…




Autobús número 64

Muy frecuentado, el autobús sesenta y cuatro
parte de la estación de Términi de Roma
y va hasta el Vaticano y vuelve, y es famoso
por los carteristas que te roban sin que te enteres,
auténticos profesionales de la rapiña,
que, astutos, hurtan la cartera a los incautos
turistas fascinados por la gran belleza
de la ciudad eterna a poco que se descuiden.
Estuve en Roma yo y tomé no pocas veces
ese autobús, y nunca me robó ninguno.
No quedan manilargos ya profesionales,
quizá no hay cacos como los que había antes,
pensé, leyenda son urbana de otros tiempos;
los que te roban hoy son otros a mano armada,
elegantes hombres de negocios y banqueros;
un chico sin embargó que montó en el bus
con aires de rufián, golfillo y sinvergüenza
me robó algo más valioso a mí que la cartera:
era un ragazzo, bello no, “bellissimo”,
más bello que cualquier mujer que se precie de ello,
que me dio la espalda, y al frenar el autobús,
repleto que iba de turistas japoneses,
monjitas con sus hábitos y un cura serio,
arrrimó sus nalgas juveniles a mi verga,
sorprendiéndome con la refriega gratamente,
y aprovechando la aglomeración de gente
el ariete se me puso sin querer en pie
de guerra, me avergüenzo de ello, la verdad
jamás me había a mí una cosa así pasado,
a mí que siempre he amado a las mujeres...  
Y nada más pasó ni nada menos que esto:
Me dedicó, cautivadora, su sonrisa
de pícaro recién salido de una cinta
de Pasolini o de Visconti o de Fellini,
que rodó el Satiricón, o, acaso de la vida,
de la propia Roma y de sus calles y su historia,
David que inspira, renacido, a Miguel Ángel:
me había, sin querer, robado el corazón.

lunes, 6 de enero de 2014

Peligroso asomarse al interior

Si no existiera el terrorismo, habría que inventarlo. Caviló en su fuero interno el Ministro del Interior del Gobierno de un remoto país. No lo declaró a la prensa porque no podía declarar una cosa así con la boca grande a los medios de comunicación en la rueda de prensa. Pero estaba firmemente convencido de ello. No tenía por qué preocuparse de corroborar esa hipótesis. No necesitaba inventar el terrorismo porque ya existía realmente en ese lejano país. Era el monstruo que había creado el propio Ministro del Interior para poder combatirlo y justificar la existencia de su Ministerio.

Resulta que el presidente del gobierno del país más poderoso del mundo declara ahora, para atizar el fuego, que existe -con el verbo grandilocuente que se emplea para Dios y todas las abstracciones ideológicas- una amenaza terrorista global creíble -con este adjetivo apelan a la vieja fe decimonónica para resucitarla-, es decir, del mundo mundial, que procede de un pequeño país árabe del que casi nadie ha oído hablar pero cuyo nombre inspira pavor. Dicho presidente, en el que algunos ingenuos creyeron ver una esperanza de regeneración para la humanidad, se embarca, por lo tanto, en luchar contra un fantasma que él ha creado, lo que en la lengua del imperio llaman: Global War on Terrorism o sea GWOT. 

El Ministerio del Interior pedía su colaboración a la ciudadanía desde su página web: “La colaboración ciudadana es fundamental para combatir el terrorismo y la delincuencia organizada, por este motivo si Vd. tiene conocimiento, indicio o sospecha de actividades que pudieran estar relacionadas con este tipo de delincuencia, no dude en ponerse en contacto con nosotros: Vd. mismo puede ser un peligroso terrorista e ignorarlo: colabore con la policía: denúnciese.”

El Ministerio de Defensa del mismo lejano y remoto país negociaba la venta de más de doscientos carros de combate a otro país que, lejos de ser una democracia, era una monarquía absoluta pero muy rica gracias a sus yacimientos petrolíferos en la que la mujer vive fuertemente segregada y discriminada por razón de su sexo, y la homosexualidad está castigada como un delito de pena capital con muerte por ahorcamiento.

 Esta situación, lejos de ser un impedimento para el establecimiento de tratos comerciales y lejos de provocar una intervención humanitaria o invasión armada del primer país sobre el segundo, es ignorada y pasada por alto. Sin duda porque el contrato que están a punto de firmar es multimillonario: supera los tres mil millones. Y no estamos hablando de la vieja moneda, sino de la nueva, que multiplicaba por más de ciento cincuenta el valor de la vieja, lo que constituye una suma astronómica, casi incalculable.

El dinero, aunque no proporciona la felicidad y es causa de desgracias múltiples, caviló el primer minsitro, es siempre bienvenido en las arcas y los bolsillos de los magnates del lejano y remoto país que pretendía así solucionar de alguna manera la crisis económica que ellos mismos habían desencadenado y generado.

domingo, 5 de enero de 2014

Citas de casa, casa de citas



Su Majestad. Ese señor, perteneciente a una regia dinastía, es rey porque otros señores se comportan respecto a él como sus súbditos y lacayos. Y estos creen, al revés, que son sus vasallos porque él se comporta como un rey, constitucionalmente designado por la gracia divina de Dios sabe quién.

Money, Money, Money. El dinero no sólo representa lo que podemos comprar con él, sino también lo que hemos vendido, nuestra dignidad, para conseguirlo. El dinero es el pago bien merecido de nuestra vil prostitución al vil metal del becerro de oro.

“¡Cosa maravillosa es el oro! Quien tiene oro es dueño y señor de cuanto apetece. Con oro, hasta se hacen entrar las almas en el paraíso” Esto lo escribió Cristóbal Colón, premonitoriamente, en su epístola desde Jamaica de 1503.

La muerte de Dios. Hace falta que Dios muera de verdad para que las cosas, incluidos nosotros, las personas, podamos empezar a vivir. ¡Muera Dios! ¡Abajo el dinero! ¡Vivan las cosas gratis et amore!
 
Música, maestro. Después del concierto todavía resuenan las notas musicales en mi cabeza y en el eco de mis oídos, por fin abiertos -ellos que estaban sordos e impenetrables- a la eyaculación de la belleza. 

¿Se puede vivir sin música? Yo no podría, sinceramente. Todos los días necesito mi ración cotidiana de música: clásica, moderna, triste, alegre... Lo que sea, pero música. ¿Para qué sirve la música? La música sirve para resucitar a los muertos, es decir, para resucitarnos a nosotros de la muerte que supone nuestra vida cotidiana. Sería horrible la vida sin música, sencillamente inconcebible, porque no sería vida.

La música nos abre los oídos, y, a través de ellos, la mente. Cuando oímos música, dejamos de oír los ruidos del mundo. Cuando oímos música, descubrimos que estábamos sordos, que llevábamos tapones para no oír: los oídos entaponados. La música nos devuelve el silencio primordial y paradisíaco anterior a la creación del mundo. La música nos devuelve el paraíso que nos robaron.

Del sentido de la historia: La historia de la humanidad no tiene ningún sentido, es un sinsentido, como nuestra propia vida. Ni la humanidad ni la ciencia avanzan hacia ninguna meta por ningún camino. Nosotros mismos tampoco. Por eso, sólo me interesa una clase de gente: los que nadan contracorriente. 

Dos paradojas: Hay gente retrasada que, por eso mismo, está por delante de los demás. Lo esencial es invisible a los ojos. Esta última no la he formulado yo, la proclamó Antoine de Saint Exupéry en El principito, pero yo la hago mía, porque la siento como verdadera, y la formulo de otra manera: si quieres ver, cierra los ojos.

Muriendo lentamente. Nos estamos muriendo, nosotros y las cosas, continuamente, deshaciéndonos sin cesar. Ahora mismo. Convirtiéndonos en otro, en otra cosa. La ilusión en que nos hacen vivir es un matrimonio entre la fe en el futuro y en el pasado, la historia, y el continuo pasar que está fuera de la realidad. Entenderlo es sentirlo. Quiero romper la ilusión de mí mismo, tan falsa pero tan poderosa.

Ideas del tiempo: Hay dos imaginaciones igualmente falsas del tiempo: la cíclica y la lineal: la cíclica responde al ritmo natural, circular del eterno retorno de lo mismo que no es lo mismo, propio de las sociedades agrícolas, de la tradición oriental en la que el ser humano nace y renace constantemente como ave Fénix de sus propias cenizas. La imaginación del tiempo lineal procede la cultura judeocristiana, y se fundamenta en pasado, presente y futuro. Pero el tiempo de verdad no es ni lo uno ni lo otro: no tenemos ni idea de lo que es el tiempo.

Cultura. La cultura, igual que el ministerio que lleva o llevaba su nombre, ya ni lo sé ni me importa, que yo no vivo de sus subvenciones, es un invento del gobierno, como escribió Rafael Sánchez Ferlosio, para crear un ministerio y un ministro, esencialmente incultos, que lleve su nombre.

Capitalismo: El modo de producción capitalista no se define por su capacidad de producir riqueza sino, más bien, por su afán de destruirla. Si se considera que la mayoría de las mercancías que se producen hoy en el mundo dentro de seis meses estarán en el contenedor de la basura se comprende enseguida que el capitalismo no fabrica mesas, coches, ordenadores, lavadoras etcétera sino “residuos”, y que el consumidor que se empeña durante seis meses en usarlos como si fueran mesas, coches, ordenadores y lavadoras acaba él mismo siendo consumido por el deseo de sustituirlas lo antes posible por otras. En consumidor consumido, convertido él mismo en un residuo marginal de un sistema económico de producción que no produce, valga la redundancia, mesas, coches, ordenadores, lavadoras etcétera sino ideas, que son su verdadero producto, es decir, basura, o, dicho de otra manera, mierda escatológicamente pura. 

No todos somos demócratas. El presidente del gobierno ha dicho que no sé qué desafío afectaba a la democracia misma, Y ha añadido: por tanto, nos concierne a todos. Ahí está la mentira. La mayoría -eso es la democracia- no somos todos. Lo que concierne a la democracia puede referirse a la mayoría, pero no a todos. ¡Qué afán totalitario tienen hasta los más demócratas! Pero no todos somos demócratas. Algunos, hay que decirlo, aunque huelgue decirlo, somos ácratas. Ácratas y no demócratas. Nunca podemos ser todos porque continuamente estamos entrando y saliendo más. Nunca podremos ser buenos súbditos porque esos son los que se dejan contar, los que se están quietos, firmes, sumisos, reducidos al número de su documento nacional de identidad, prietas las filas de votantes y contribuyentes.

Lo que más le conviene a uno. Liberarse del peso de las conveniencias.

Éxito y fracaso. Son cosa de los negocios, no cosa nuestra. Nuestra vida no puede considerarse ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.


jueves, 2 de enero de 2014

Últimas noticias del mundo



El Premio Nobel de la Paz, como no podía ser menos y como corresponde a su alto galardón internacional, declara la guerra a Libia, pongamos por caso, ya que se trata de un ejemplo tomado de la realidad.

La verdad no cabe en la realidad: son incompatibles.

Aquí no nos dedicamos a la construcción sino a la destrucción de lo que nos construye, de nuestro ordenamiento constitucional, maldito sea.

Me veo y no me reconozco en el espejo: yo no soy ese, ese no soy yo.

Tan despreciables son los nacionalismos periféricos (catalán, gallego, vasco, etc.) para el nacionalismo central (España) como el nacionalismo central para los periféricos. ¿Por qué? Porque todos los nacionalismos, sean del signo que sean, son execrables. Todos quieren tener la exclusiva, palabra que, como puede verse, procede de excluir por lo que se emparienta con excluyente.

Reivindico desde aquí el antinacionalismo, la única fuerza política sensata que puede cerrar definitivamente la puerta del maldito siglo XX y abrir de verdad la del XXI. Acabemos con la historia de las naciones y con los nacionalismos centrales y periféricos que lo único que hacen es crear otros centralismos, nuevos centros de concentración del poder: descentrémonos: mientras haya nacionalismos habrá fronteras; mientras haya fronteras habrá extranjeros; mientras haya extranjeros habrá naciones; mientras haya naciones no habrá libertad.

Best-seller. Entramos en el hit-parade. El que más vende es el que más se vende, el más vendido. Cuanto más arriba hayas llegado en el top-ten, mayor grado habrás alcanzado en el escalafón de la prostitución. El number-one es el más puto y el más puteado al mismo tiempo, o, mejor dicho, la más puta.


El trabajo asalariado es la nueva forma de prostitución o moderna esclavitud que corresponde al neoliberalismo avanzado que padecemos. Deseamos, por ejemplo, coches y motos que no tenemos y nos dejamos los cuernos en un andamio que aborrecemos para comprar la mierda -vamos a llamarlo por su nombre simbólico y real- de los medios de transporte que necesitamos para ir a ninguna parte.

¿Política económica del Gobierno? ¿O quizá deberíamos decir mejor: economía política del Gobierno, que se somete la doctrina de los Mercados, ese nuevo Dios todopoderoso que hace y deshace incomprensiblemente -sus designios son inextricables- a su capricho y antojo?

Modifiquemos el “Cogito, ergo sum” o “Pienso, luego existo” de Descartes, por un: Consumo, ergo sum: consumo, por lo tanto, me consumo, lo que significa que existo. Dicho de otro modo: Sufro, luego existo. El dolor te hace sentirte vivo, te hace existir, porque la existencia es sufrimiento puro, auténtico dolor, como un diamante incandescente en estado bruto.


miércoles, 1 de enero de 2014

Fiel a uno mismo

Me escribiste una vez una postal con una puesta de sol y una frase lapidaria de un tal R. Bach que decía literalmente: “Tu única obligación en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo.” Te contesto aquí y ahora, después de muchos años:


Ser uno mismo, fiel a sí mismo, ser sincero parece una de las primeras exigencias juveniles, lo que no me extraña viniendo como viene de ti y de tus dieciocho recién estrenados años, cuyas primicias me ofrecías y yo no quise tomar, por lo que me limité a invitarte a una cocacola... 

Pero el discurso del “yo no miento” es siempre falso porque la hipocresía, el disimulo y el engaño forman parte del comportamiento humano, y no son ni mejores ni peores que la sinceridad, la verdad y la audacia. Hablando (sinceramente o no) puedes arreglar o empeorar las cosas, y callando puede ocurrir a veces que se olviden, que es lo mejor que les puede pasar a algunas cosas. Diciendo "las cosas a la cara" o yendo con la verdad por delante puedes darle el día a quien sea tu víctima, mientras que callando puedes dejarlo vivir en la paz de la ignorancia. Piensa, por lo tanto, que cuando hablas de ser "fiel a ti mismo", o de "ser uno mismo", lo más probable es que te estés ciñendo a un comportamiento preestablecido por la propaganda del sistema y de las series de televisión juveniles que te dictan el modelo que esperan que tú sigas. Uno es verdaderamente "uno mismo" sólo cuando es libre e independiente, cosa bastante complicada, por no decir que imposible, por lo que no se da prácticamente nunca.


Apología de la pederastia y la pedofilia

Dejad que los niños se acerquen a mí” dijo el Nazareno, ese gran pederasta en el sentido más noble del término que divide la historia en un antes y un después. Otro gran pedófilo, condenado también a muerte por, entre otras cosas, corromper a la juventud, fue Sócrates, el filósofo que sólo sabía que no sabía nada.

Si desmenuzamos las palabras de origen griego “pederastia” y “pedofilia”, vemos que están compuestas ambas de un primer elemento “ped(o)-” que significa “niño” y un término “-erastia” en el primer caso, bajo el que se oculta el nombre propio de Eros, el dios Amor, entrañable e hideputa Cupido; y “-filia” en el segundo caso que significa “amistad” o “cariño”.

El amor y el cariño hacia los niños está mal visto en esta sociedad, que se apresura enseguida a matar al niño que todos llevamos dentro cuanto antes, es decir, a convertirlo en adulto, a adulterarlo, a la vez que, paralelamente, infantiliza al adulto tratándolo como si fuera siempre un menor de edad que necesita tutela y asistencia pública y benéfica de las instituciones.