Quema de bandera .- Noticia leída en la prensa: jóvenes
“radicales” queman bandera española. Lo hicieron al amparo de otra bandera, la
bandera de una nación que se siente oprimida por la española, precisamente, y
que aspira a su independencia y autodeterminación. ¿Qué pensar de este
hecho? La quema de una bandera es un acto de libertad de expresión, es un
insulto contra una nación por alguna injusticia cometida. Aplaudimos la quema
de la bandera rojigualda, y al mismo tiempo aplaudimos la incineración de la
bandera que pretende sustituirla: echamos gasolina, arrimamos un fósforo y
enseguida lo prendemos para deshacernos de todos, absolutamente todos los
pendones, trapos sucios y ensangrentados que son todas las banderas, fruto de
la guerra de todos contra todos.
Epinicio. - He escrito un
epinicio o himno para celebrar la victoria de un atleta, como hiciera Píndaro
en grandilocuentes versos que serían interpretados por un coro. Yo, a
diferencia del maestro de la lírica coral, he renunciado a la grandilocuencia. Mi
epinicio está, pues, desnudo de alusiones como un atleta griego antiguo y
olímpico, centrándose en el meollo de la victoria que se pretende celebrar: Joven, guárdate de obtener / los laureles de
la victoria; / es mejor conseguir a veces / menos éxitos, más derrotas.
Pensemos un poco. - Todas las ideas tienen vocación de ideas fijas
y obsesivas, porque todas están abocadas a ser estereotipos, es decir modelos
rígidos como corsés, clichés inamovibles, tópicos, lugares comunes, por eso lo
mejor es desembarazarse de todas y cada una de las ideas recibidas que nos
constituyen, antes de que se conviertan en costras de las que no podemos
desprendernos. Pensar, precisamente, es
podar: desembarazarse de las ramas viejas que ya no nos sirven del árbol
frondoso, irse desprendiendo alegre y gozosamente de las ideas fijas. Puede
hacerse en soledad, pero es mejor hacerlo con alguien utilizando el método
socrático: en el diálogo ambos nos desprendemos de ideas, vamos despojándonos
de conceptos que no nos sirven y que son igual que rémoras, vamos desnudándonos,
despojándonos de nosotros mismos.
Antisistema. - No se puede estar
en contra del sistema sin estar en contra, al mismo tiempo, de uno mismo,
porque todos y cada uno, aunque no queramos, también formamos parte del sistema
y colaboramos con él. Yo estoy en contra del sistema y, por lo tanto, estoy en
contra de aquello que me constituye: de mi constitución, contra la que me alzo en
pie de guerra. Uno no puede tirar piedras contra su propio tejado, dice la
gente, pero hay algo o alguien dentro de uno, el otro, el doble, la sombra que
se rebela, quizá el niño que todos llevamos dentro, que se resiste a entrar por
el aro y que, él sí, tira piedras contra el propio tejado, caiga quien caiga -y
ya se sabe quién es el que va a caer-: el espejo que nos refleja y devolviéndonos
nuestra imagen nos traiciona.
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