jueves, 27 de febrero de 2014

Las cosas, como son


Los que declaran su amor lo hacen como si estuvieran convencidos de la entidad permanente y eterna de su sentimiento amoroso, convertido en un ideal platónico, desentendiéndose de las cosas que le pueden pasar al amor y a la gente a cada paso, por ejemplo y sin ir más lejos acabarse un día cualquiera  igual que empezó. Ya se sabe que el amor eterno no dura, en el mejor de los casos, más allá de tres años. Conviene recordarlo cuando los grandes almacenes festejan el día de los enamorados señalado a tal fin en el calendario.
La historia está llena de revoluciones fracasadas: todas acaban sustituyendo un poder por otro. Los revolucionario se levantan contra el poder;  por ejemplo,  los bolcheviques en la antigua Rusia. Derrocaron al tirano del Zar, y, para que no se produjera un vacío de poder, ocuparon ellos el trono que había quedado vacante.

domingo, 23 de febrero de 2014

Elogio de la Marihuana

Hagamos el elogio aquí de la marihuana
que nos da sosiego, reconforta y nos hermana
divina que es y al mismo tiempo tan humana,
como la épica sánscrita del Ramayana
o el verso de una oda lírica horaciana;
la han condenado y la han proscrito, tan galana,
sin embargo, e inocente que es, y tan cristiana.
Cultivemos, pues, la vieja ciencia de la iguana
que sólo sabe su ignorancia, no la vana
presunción del necio, y alcancemos el nirvana
gracias al consuelo de la sabia marihuana.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cuatro breves apuntes políticos

3 apuntes sobre la llamada "Revolución Cubana"


La llamada revolución cubana no es un hecho histórico que se pueda constatar empíricamente porque no ha existido nunca (todavía) una tal cosa. No ha habido sensu stricto revolución en Cuba. El cambalache producido en la isla no fue una convulsión social, sino un simple canje de gobernantes a través del golpe de Estado de una insurrección armada. Batista fue reemplazado en el poder por Castro. Sólo que, para consolidar su hegemonía y perpetuarse en el gobierno, este último se sirvió de la coartada semántica de la "revolución" marxista y de su fetiche ideológico de la “dictadura del proletariado”, identificando ésta con su persona y viceversa. No fue el primero en hacer algo así. Seguía los pasos de Stalin, Mao y tantos otros que se apoderaron del poder, valga la redundancia, y se perpetuaron en él. Es verdad que en la isla caribeña, no vamos a negarlo nosotros, se puso fin a la propiedad privada, abolida como tal -por lo menos oficialmente-, declarándola propiedad del Estado. A eso se llama capitalismo de Estado. Eso es verdad, pero lejos de ser un logro emancipador, el capitalismo de Estado no liberó al trabajador asalariado del trabajo embrutecedor, lo convirtió en un esclavo que debe aceptar resignadamente la explotación y la esclavitud si no quiere ser considerado un traidor a la Revolución.


La llamada “revolución cubana” fue un cambio político bastante superficial que no destruyó las estructuras de opresión, sino que sólo las reforzó poniéndolas al servicio de un nuevo grupo social, de un partido elitista y de su caudillo. No es lo más grave que no haya libertad de opinión, de expresión y de reunión en la isla, que no las hay y es bastante grave, prohibidas como están por parte de un poder dictatorial totalitario; lo más grave es que la revolución cubana es una coartada para que no haya precisamente una verdadera revolución, so pretexto de que ya se ha producido.


Criticamos y denunciamos la llamada "revolución cubana" porque al presentarla demagógicamente como tal, no sólo se contribuye a pervertir la idea de revolución, sino que se logra efectivamente que millones de explotados, en Cuba y en el mundo entero, renuncien a la lucha por la emancipación y el fin de la explotación del hombre por el hombre. Todas las pretendidas revoluciones de esa índole sólo han servido para destruir la aspiración emancipadora en el seno de la clase trabajadora y consolidar el capitalismo, en tanto que sistema económico y político  dominante. La prueba es que el Dólar se ha convertido en la moneda de uso común y corriente, no sólo en los Estados Unidos, donde es de curso oficial, sino también en Rusia, en China… y en la Cuba de Fidel. ¡Qué paradoja!


Y un apunte sobre el Rey de España


El rey de España guiña un ojo a sus enemigos y les dice que él también es republicano. No es un sarcasmo, Su Majestad el Rey lo ha dicho alguna vez: él, si no fuera el Rey, sería republicano. ¡Cómo iba a ser monárquico con un monarca como él, al que conoce mejor que nadie, y que todas las mañanas ve reflejado en el espejo a la hora de afeitarse!






martes, 18 de febrero de 2014

(Re)flexiones

Aterrorizaron mi infancia con el dibujo del ojo de Dios metido en un triángulo equilátero, supongo que por aquello de la santísima trinidad lo de los tres lados iguales. Era un ojo que decían que todo lo veía, panótpico. No se le escapaba nada. Cuidado con lo que haces, niño. Dios te vigila. No te toques, que Dios te ve. Ese ojo, que como cantó Machado no es ojo porque nosotros lo veamos sino porque él nos ve, son las cámaras de videovigilancia instaladas por doquier, que controlan el reality show de nuestra vida cotidiana convirtiéndola en existencia anodina y gris. 

OOo

No es que no sepamos cuándo moriremos, que no lo sabemos, es verdad; es que ni siquiera sabemos si no estaremos todos muertos. Ya. Aquí y ahora mismo.

oOo

El mito del buen salvaje: Del bicho primigenio hemos evolucionado hasta el bicho actual. La civilización nos hace víctimas de ramalazos esquizofrénicos, entre lo que somos y lo que “deberíamos ser”. Los no civilizados han sido catalogados de salvajes, dándole un sentido peyorativo a ese término. Yo no creo en el mito del buen salvaje, pero tampoco en el del buen civilizado, que es su contrapunto, porque no creo en nada. Sencillamente. Soy, o trato de ser, un descreído. Pero jamás un salvaje ha sido tan cruel como un civilizado.

domingo, 16 de febrero de 2014

Contra natura, contracultura


Contra natura, contracultura;
siempre a la contra y en contra siempre,
contra el sistema, contracorriente,
contracultura, contra natura.

sábado, 15 de febrero de 2014

Cuatro cosas literalmente



Síndrome del cautiverio. Es un trastorno provocado la mayoría de las veces por una lesión cerebrovascular, que consiste en vivir completamente paralizado, sin capacidad para comunicarnos con el mundo exterior pero manteniendo las funciones mentales intactas. El síndrome de cautiverio puede ser total, incompleto o clásico -parálisis completa pero permite el movimiento vertical de los ojos o el parpadeo. Un estudio realizado con unos cuantos pacientes revela que la mayoría de ellos es feliz. Esta para mí curiosa enfermedad me resulta como si fuera una especie de metáfora de la condición humana. ¿Cómo no vamos a padecer el síndrome del cautiverio si no somos libres ninguno de nosotros?
Futuro. Los políticos profesionales, charlatanes que venden humo, siempre nos han remitido a una carrera sin fin, igual que la que emprende el burro detrás de la zanahoria. Nos remiten al mañana, un mañana escurridizo e inalcanzable, con el que ocurre lo mismo que con la tortuga de Aquiles en la célebre aporía de Zenón de Elea, que por mucho que la persigamos nunca llegaremos a darle alcance: cuando llegamos a donde estaba ella, ella ya no está allí. Ya parece que tenemos la tierra prometida del futuro a tiro de piedra; pero, cuando nos abalanzamos sobre él, para cogerlo y no dejarlo escapar, descubrimos que lo que habíamos confundido con «el mañana» promisorio es en realidad «el hoy», un hoy más escurridizo todavía que el mañana, un hoy que se nos escapa de las manos como el viento, porque cuando decimos “ahora” ya no es ahora. Así de sencillas son las cosas. Encomendarse al mañana es como hacerlo a las inexistentes calendas griegas. Lo malo es que el reclamo del futuro feliz cuenta, como el happy end de las películas, con la aureola eufórica del optimismo de los necios que creen en el progreso.

Conocerse. ¿Cómo es posible que dos personas puedan convivir toda una vida juntas y descubran un buen día que no se conocen la una a la otra? Porque la tarea de conocerse a uno mismo es bastante difícil e interminable, si no imposible ontológicamente hablando, y la de conocer a otra persona no lo es menos.

Ocio. La ociosidad es la madre de todos los vicios. ¡Qué mala prensa tiene en este mundo nuestro el ocio, que los antiguos romanos contraponían al negocio, desde que nos dijeron que teníamos que trabajar para ganarnos la “vida”! Y, sin embargo, de la ociosidad es de donde pueden surgir todas las artes, placeres y libertades. Lo que pasa es que a los Señores del Tiempo, es decir a los fabricantes de relojes, calendarios, y agendas varias, no les gusta que vivamos libres de su control, sin estar cumpliendo constantemente planes preestablecidos. Quieren que planifiquemos nuestra vida, que diseñemos nuestro futuro, que cronometremos nuestro tiempo, que trabajemos para convertir nuestra vida en dinero, en una triste existencia que ni siquiera merece el digno nombre de “vida”, en definitiva, en muerte. Sin embargo, sólo el que no cronometra el tiempo ni hace planes para el futuro, el que no sabe ni en qué día ni hora vive, puede encontrarse lo inesperado, como el que se pierde en el bosque. Eso sí que puede ser la vida: lo que no nos esperamos, lo que no estaba previsto ni programado, lo único que puede sorprendernos y que, al contrario de los negocios y empresas humanas, está más allá del éxito y del fracaso.

jueves, 13 de febrero de 2014

De amor y olvido



De amor y olvido convaleciente aquí,
a orillas de este río que anhela el mar
al término de su discurso,
voy paseando en la tarde a solas,

un día azul de octubre y de vértigo,
bajo los chopos de oro impertérritos,
tras ti, mi niño antiguo, como
sátiro yo y pederasta viejo

detrás de los chiquillos, buscándote
desesperado, para recuperar
la sombra de mi propia infancia,
y el resplandor de sus soles de oro.

Pronuncio al aire libre tu nombre a voz
en grito. Nada, nadie responde. No hay
siquiera un ruido. Sólo se oye,
sordo disparo, el silencio y su eco.

Pronuncio en el silencio tu nombre y es
un pájaro que vuela al olvido, allí
donde naufraga todo nombre
propio, en el mar del anonimato.

miércoles, 12 de febrero de 2014

¡Quema el dinero y baila!



Unas cuarenta personas, o sea, cuatro gatos, acudieron una vez a una concentración en Madrid para protestar contra una cumbre de mandamases que iba a celebrarse en Guasintón, la capital del Imperio, porque tenían la pretensión de “refundar el capitalismo”, criticando con un acto simbólico y sus palabras recogidas en un pasquín la piedra filosofal del tinglado mundial, que es el dinero, único dios verdadero que existe.

Allí quemaron el dinero simbólicamente, prendiendo fuego a un billete  de cinco euros, y repartieron un panfleto que viene muy a cuento porque, como dijo el poeta, "hoy es siempre todavía", del que extraigo algunas ideas y frases de interés.

Nosotros no queremos refundar el capitalismo, maldito sea, queremos destruirlo y que se hunda de una vez por todas.  Ahora nos dicen que hay crisis y nos están engañando. ¿Crisis? La sabiduría desengañada del pueblo nos enseña que la vida es una puta vieja y que vivir es pagar por cada acto de vida y por cada sueño que se alienta. La esencia del sistema económico capitalista es la crisis: que la paguen ellos, que son los dueños del Estado y del Capital, o sea del dinero. Bien se ha visto cómo el Estado, en España por ejemplo, pero este país no es más que un ejemplo de lo que pasa en los demás y se cuece por doquier,  corre solidario a auxiliar al Capital como primorosa hermanita de la caridad, primos hermanos que son."

"El dinero es deuda, una hipoteca que no acabamos nunca de pagar, condenados como estamos a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente prostituida. ¿No nos lo hemos ganado ya? ¿No hemos malvendido nuestro tiempo de vida a ese mal postor? Pues por eso mismo queremos ponernos a destruirlo, porque no queremos gastarlo en ninguna inutilidad, porque queremos que se consuma él y con él todo el sistema que quieren refundar los capitalistas arruinados. Ha llegado el momento de decir que no queremos el dinero que no nos dan gratuitamente (si nos lo dieran gratis et amore, por lo menos, otro gallo cantaría), queremos destruirlo y bailar del gozo y la alegría”.

Cualquiera de nosotros seríamos capaces de prender fuego a un billete de cinco euros, pero, me pregunto yo, si tuviéramos entre las manos uno de 500, de esos que vemos rara vez,  ¿haríamos lo mismo?  ¿De verdad?

martes, 11 de febrero de 2014

¿Quién vigila a los vigilantes?


Hay que protestar como sea, cuando sea y donde sea por la excesiva vigilancia a la que somos sometidos por el Gran Hermano (el Gobierno del Estado orwelliano en que se ha convertido el universo mundo) y los Pequeños Hermanos del sector privado (las empresas en nuestro puesto de trabajo, que no se quedan mancas). Estado y Capital, siempre de la mano, se unen en perfecto matrimonio para mantenernos bajo perpetuo control, monitorizados y controlados, constituyendo el Ojo de Dios que quiere verlo todo, si no lo ve todo ya.

La aparente seguridad lograda en nuestras ciudades y pueblos que se postula a menudo para justificar medidas de vigilancia y control es más que discutible. Acumular información sobre los ciudadanos no mejora nuestra protección frente a la delincuencia ni nuestra seguridad pero nos cuesta billones de euros o dólares al año,  que podrían ahorrarse en tiempos críticos como estos o invertirse en mejores y más humanitarias causas y labores, y no deja de ser un efecto placebo.

Por otra parte, el respeto a nuestra intimidad es un principio fundamental de nuestra dignidad humana, tanto en casa como en el trabajo. Una sociedad libre y abierta no puede existir sin unos espacios y comunicaciones incondicionalmente privados. Por eso hay que protestar donde sea, como sea, cuando sea, aquí y ahora mismo, por ejemplo, contra la manía de la seguridad y la excesiva (video y audio)vigilancia a la que somos sometidos por el Capital y el Estado.


Los políticos deben ver que tomamos las calles y los espacios públicos en legítima defensa de nuestra libertad. No queremos que nos vigilen, porque ¿quién vigila a los vigilantes? ¿quién controla a los controladores?
 

domingo, 9 de febrero de 2014

En el principio era la palabra



Empecemos por el principio, pero ¿dónde está el principio?

En un principio era la palabra viva, la palabra que se llevaba el viento, pero enseguida vino la escritura, la fijación por escrito que paralizó el vuelo de vocales y consontantes: uerba uolant, scripta manent, que dijeron los antiguos: las palabras se las lleva el viento, porque son como las hojas muertas de los árboles en otoño, pero, si las fijas por escrito, les quitas el vuelo y las encierras como pájaros prisioneros en una celda de papel o virtual, y "aunque la jaula sea de oro / no deja de ser prisión".

¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo?

Escribo para liberarme de un pasado que me atormenta, de unas obsesiones que me asedian, de unos fantasmas que se me aparecen y que con su aparición crean la oscuridad, sumiéndome en las tinieblas. Y es que, como dijo alguien, es muy difícil si no imposible ser original sin volver uno a sus orígenes, que es de donde viene la palabra original.

Pero la escritura, lejos de ser un estimulante de la memoria, es un fármaco para el olvido: de hecho, escribo las cosas que escribo no para recordarlas, sino para librarme de su recuerdo, es decir, para olvidarme de ellas, para desembarazarme de su lastre maléfico.

Theuth, cuenta el divino Platón, le presentó su invento de las letras al faraón Thamus como la panacea contra el olvido: la escritura, según su inventor, era el remedio ideal para no olvidar las cosas. El faraón, dándole la vuelta al argumento, le aseguró que, al revés, las letras producirían el olvido “en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria”. 

Es algo que sabemos todos los estudiantes: ¿por qué hay que estudiar los apuntes? Porque cuando los estamos tomando en clase, dejamos de atender a las explicaciones del profesor desde su cátedra, confiándonos en el registro escrito que estamos haciendo de sus palabras. Será preciso revivir esas palabras, cosa que haremos cuando estudiemos ante la proximidad urgente de un examen, esos apuntes: sólo entonces haremos que vivan de alguna manera las letras saltando del papel para volver a resonar en nuestros oídos como palabras vivas…

jueves, 6 de febrero de 2014

Coplas irreverentes a la Virgen del Pilar


El Ebro nace en Reinosa, 
  y se desagua en la mar, 
  y al pasar por Zaragoza,  
se pone allí a murmurar. 


Oiréis lo que el Ebro dice
arribando a Zaragoza:
“Si me aparece la Virgen,
de gozo bailo la jota.”


Y he aquí que en la ribera,
María se está bañando,
tan desnuda toda entera
que el río la va abrazando.


Sin querer la va besando
y apretando entre las ingles:
cometió el Ebro el pecado
de desvirgar a la Virgen.


Ya María no es doncella.
“Doncellez, ¿a dónde has ido?”.
Se pregunta,  y la respuesta
se la va llevando el río.


  Comienza la Pilarica
agachadica a sangrar.
Lleva el Ebro agua bendita
de Zaragoza hasta el mar.

martes, 4 de febrero de 2014

Saetas



El crimen de Adra: En Adra, provincia de Almería, se ha cometido un crimen: un hombre ha matado a su compañero sentimental, con el que estaba casado legalmente. ¿Esto es violencia machista? Que lo dictaminen los jueces, que para eso les paga el Estado, para que emitan los excrementos de sus sentencias y para que finjan impartir una justicia en un mundo como este nuestro en el que la justicia, como todos sabemos, brilla por su ausencia en los tribunales y juzgados,  porque no existe. La creencia equivocada de que el otro te pertenece en exclusiva es la cuestión por la cual hombres y mujeres llegan a maltratar o matar a su pareja: la/o maté porque era mía/o, o lo/a maté para que fuera mío/a para siempre. Esta creencia, errónea como toda creencia, puede hacer también que el agresor acabe suicidándose: es tan suyo que por eso mismo se suicida, porque es dueño de su cuerpo, y para ser más suyo todavía, tanto al menos como su víctima.

Sin esperanza ni desesperación: Hemos de desechar de una vez por todas la añoranza y la esperanza, esos dos males endémicos, el “érase una vez” de los cuentos de hadas infantiles que nos sugieren que cualquier tiempo pasado fue mejor, paraíso perdido y arcadia feliz en la noche prehistórica de los siglos de los siglos; pero hemos de desechar, además,  las chispas y fogonazos del futuro en cuyas aras se sacrifica inmolada nuestra vida, un futuro pluscuamperfecto de final supuestamente feliz en que el príncipe y la princesa se casan, como si el matrimonio fuera el summum de la felicidad y la perfección,  y comen perdices...


Celebraciones familiares: Todos y cada uno de nosotros podemos dar testimonio de lo que suponen cada vez las reuniones y celebraciones familiares, las falsas sonrisas esbozadas, las conversaciones aburridas sobre los consabidos temas de siempre, las dosis enormes de tristeza y frustración acumuladas, los apuros de ver disimular en vano a todo el mundo, ese sentimiento inevitable de que hay un cadáver ahí, sobre la mesa, hediondo y putrefacto, y todo el mundo haciendo como si no pasara nada, como si no lo viera, como si no lo oliera, como si no lo supiera, mirando hipócritamente hacia otra parte.

Perfect body: La presión que ejercen los medios de formación de masas y la publicidad sobre la importancia de tener un 'cuerpo perfecto' hace que ellas quieren ser esbeltas como maniquíes y, ellos musculosos como culturistas. Cuando decimos ellos y ellas nos referimos a niños y niñas de diez añitos, chavales preocupados excesivamente por su físico como dicen ellos (imagen, peso y sobrepeso), y nada por su psíquico (vamos a llamarlo así para contraponerlo a lo otro, aunque lo uno y lo otro no se contrapongan tanto de ordinario), lo que les lleva a estar descontentos con su cuerpo y a ser infelices y a sufrir lo indecible acomplejados por ello; jóvenes que calibran su valor como personas en función de su potencial sexual. El efecto dañino de esta sexualización general reinante recae en principio sobre la infancia, especialmente sobre las preadolescentes y adolescentes, luego sobre las mujeres jóvenes en general, que se han liberado de todas las ataduras salvo de la más perniciosa que es la de la belleza, se prolonga en la etapa adulta y se extiende a los chicos, a los hombres adultos y a toda la sociedad en general .

domingo, 2 de febrero de 2014

Tu verdadero nombre


Acabo de descubrir, ay, lo que me temía; y te confieso que no me ha gustado nada el descubrimiento, que tu nombre, el nombre propio con el que te me habías dado a conocer, era un pseudónimo, un nombre falso. ¿Cómo puedo confiar a partir de ahora en ti?  Debía de haberme percatado si no fuera porque eran un nombre y un apellido tan comunes que me parecía que bien podías  llamarte así. ¿Cuál es tu verdadero nombre propio? ¿Vas a decírmelo ahora de verdad?  ¿O vas a darme otro nombre artístico? ¿Tienes algún nombre verdadero? Es más, ya no te pregunto por tu nombre, sino por tu identidad: ¿Tienes una identidad verdadera que yo pueda conocer o toda tu ontología se basa en la falsedad y realidad al mismo tiempo, es decir, en la mentira toda de tu persona, máscara hipócrita?

sábado, 1 de febrero de 2014

Grageas varias


Versión temporal de la parábola budista de la casa en llamas: si tu casa está ardiendo no te preguntes cuál es el origen del fuego, de quién es la culpa, maldita sea, qué habrá fuera de la casa, cuáles son las predicciones meteorológicas para las próximas veinticuatro horas: todas esas preguntas no hacen más que entretenerte dentro de una casa que está ardiendo contigo dentro, cuando deberías salir de inmediato y ponerte a salvo del incendio. Lo que venga después ya se verá, ya vendrá, ahora no importa. Además tu casa ni siquiera es "tu" casa: es pasto de las llamas y aquí se va a quedar, mientras que tú, que tampoco eres tuyo, no  deberías quedarte aquí.

¿Esto es vida?  Una pintada irónica en una pared  de Bristol reza: “Ve a trabajar, manda a tus hijos a la escuela, sigue la moda, compórtate normalmente, camina por la acera, mira la tele, ahorra para cuando seas viejo, obedece la ley. Repite conmigo: soy libre.” Podría haber concluido también diciendo:  “Estoy vivo”, porque esa es la vida que la mayoría de la gente ha elegido, la vida que nos espera.

Publicidad: Sentado en el sofá, delante de la pantalla estupefaciente de la tele viendo concursos y sobre todo mucha publicidad, que a veces es lo mejor de la televisión, porque es lo que importa y lo que cuesta y vale más dinero, publicidad que nos hace desear coches y cosas que no tenemos, que nos hace dejarnos los cuernos en un trabajo que aborrecemos para comprar lo que no necesitamos, programación televisiva que embota la mente mientras nos atiborramos de comida basura.


Heuatontimorúmenos: (Comedia de Terencio llena de bondadosa filosofía y de humanidad, cuyo título significa en griego “el que se castiga a sí mismo”. O el que es víctima y por lo tanto verdugo también de sí mismo). ¿Por qué no podremos disfrutar de lo que ya tenemos, de aquello a lo que no hace falta que aspiremos porque ya es