viernes, 6 de diciembre de 2013

Apuntes al natural



-En algún momento, en algún lugar, sin que el tiempo dejara de correr, se me paró el reloj.

-(Como la mujer del César). En esta sociedad nuestra, no basta con estar cuerdo, también hay que parecerlo.

-Compañero, compañera: compartimos el pan del compango y el desconocimiento mutuo.

-No tratemos al dinero como si fuese un dios, a Él, que tanto nos desprecia. 
 
-No es que no sepamos cuándo moriremos, es que no sabemos si no hemos muerto ya: si no estaremos todos muertos.

-(El tiempo es oro) Si envejeces no te olvides de que te vas, como el viejo Rey Midas, haciendo de oro.

-¡Cuánta angustia nos ahorraríamos si no nos quisiéramos tanto, o si no nos quisiéramos tan poco como nos queremos!

-(Contra el refrán que dice: “Para atrás ni para coger impulso”) Camina y mira hacia atrás, no para coger impulso, como dice el refrán, sino para ser original volviendo a tus orígenes.

-Todo el mundo baila. Bailamos. Tenemos que hacerlo. Al son que nos tocan. Lo que varía es el ritmo y la letra de la canción. Y, a veces, la pista de baile.

-Todo el mundo baja la basura. Pero todos guardamos los trapos sucios en casa.

-¿Cigarrillos? ¡Sí, pero para ocultarme tras el humo! 

-Escúchale al corazón, que siempre tiene razón.

-Puedo hacer cualquier cosa:  pero, cuando estoy a solas,  lo que más me da por hacer  es reírme, por no llorar,   a mandíbula batiente, de todos y de todo:  de mí y de mi propia sombra.

-¡NO A LA GUERRA!: Aunque habría mucho que discutir sobre si la guerra de verdad que no se declara no se habrá disfrazado de paz en este perpetuo carnaval del teatro del mundo en que vivimos para pasar desapercibida: la guerra, un lobo disfrazado de cordero para ahogar los numerosos gritos que se levantan, otra vez, contra ella en todo el mundo y en todas las lenguas, porque no hay guerras justas, señor presidente del gobierno: ninguna guerra lo es. Ninguna bomba está justificada. Las que llueven ahora sobre Trípoli y toda la Libia tampoco. 
 
-Y ahora que somos un poco menos niños, ahora que nos hemos vendido y rendido un poco, que nos hemos prostituido y entregado el alma al diablo; ahora que el tiempo, ese gran mentiroso, nos ha obligado a entrar por el aro, ahora ¿qué?

-El porvenir nunca llega. No esperes el porvenir, porque como su propio nombre indica el “por-venir” nunca llega, está siempre pendiente de cumplimiento, siempre por venir, nunca por llegar. Está siempre a punto de... pero se abre un hiato, un abismo que hace imposible que llegue.


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