-En algún momento, en algún lugar, sin que el tiempo dejara
de correr, se me paró el reloj.
-(Como la mujer del César). En esta sociedad nuestra, no
basta con estar cuerdo, también hay que parecerlo.
-Compañero, compañera: compartimos el pan del compango y el
desconocimiento mutuo.
-No tratemos al dinero como si fuese un dios, a Él, que
tanto nos desprecia.
-No es que no sepamos cuándo moriremos, es que no sabemos si
no hemos muerto ya: si no estaremos todos muertos.
-(El tiempo es oro) Si envejeces no te olvides de que te
vas, como el viejo Rey Midas, haciendo de oro.
-¡Cuánta angustia nos ahorraríamos si no nos quisiéramos
tanto, o si no nos quisiéramos tan poco como nos queremos!
-(Contra el refrán que dice: “Para atrás ni para coger
impulso”) Camina y mira hacia atrás, no para coger impulso, como dice el
refrán, sino para ser original volviendo a tus orígenes.
-Todo el mundo baila. Bailamos. Tenemos que hacerlo. Al son
que nos tocan. Lo que varía es el ritmo y la letra de la canción. Y, a veces,
la pista de baile.
-Todo el mundo baja la basura. Pero todos guardamos los
trapos sucios en casa.
-¿Cigarrillos? ¡Sí, pero para ocultarme tras el humo!
-Escúchale al corazón, que siempre tiene razón.
-Puedo hacer cualquier cosa: pero, cuando estoy a solas, lo que más me da por hacer es reírme, por no llorar, a
mandíbula batiente, de todos y de todo: de mí y de mi propia sombra.
-¡NO A LA GUERRA!: Aunque habría mucho que discutir sobre si
la guerra de verdad que no se declara no se habrá disfrazado de paz en este
perpetuo carnaval del teatro del mundo en que vivimos para pasar desapercibida: la guerra, un lobo
disfrazado de cordero para ahogar los numerosos gritos que se levantan, otra vez, contra ella en todo el mundo y en todas
las lenguas, porque no hay guerras justas, señor presidente del gobierno:
ninguna guerra lo es. Ninguna bomba está justificada. Las que llueven ahora
sobre Trípoli y toda la Libia tampoco.
-Y ahora que somos un poco menos niños, ahora que nos hemos
vendido y rendido un poco, que nos hemos prostituido y entregado el alma al
diablo; ahora que el tiempo, ese gran mentiroso, nos ha obligado a entrar por
el aro, ahora ¿qué?
-El porvenir nunca llega. No esperes el porvenir, porque
como su propio nombre indica el “por-venir” nunca llega, está siempre pendiente
de cumplimiento, siempre por venir, nunca por llegar. Está siempre a punto de...
pero se abre un hiato, un abismo que hace imposible que llegue.
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