viernes, 29 de noviembre de 2013

Contra la democracia



“Democracia” es un término engañoso como muy pocos, acuñado por el Poder en el siglo V a de C. en la Grecia de Pericles. Viene del griego ‘demos’, que puede traducirse como «pueblo», y ‘krátos’, que significa «poder» o «gobierno». 

Con esto ya se ve que la palabra junta dos cosas que son incompatibles e irreconciliables: el poder y el pueblo: el Poder, por un lado, que aspira a imponerse y ejercerse sobre el pueblo, que es el objeto de su gobierno; y el pueblo indefinido, que no se somete al Poder, que se resiste a ser gobernado y contado, y que tampoco aspira a él.  El Poder sólo puede ejercerse mediante la fuerza y la violencia sobre el pueblo, por eso el poder es el enemigo público número uno del pueblo. 

¿Qué propuestas puede hacer el pueblo, los de abajo? Si el pueblo hace reivindicaciones dirigidas al Poder, pidiendo su autorización o clemencia, que dicte leyes menos malas, que cambie algo para seguir igual, está reconociendo y aceptando sumisamente ese Poder. El pueblo, en verdad, no quiere ningún gobierno, sólo aspira a que se le deje vivir en paz aquí y ahora.

El movimiento de gente corriente, anónima, sin jefes ni ideología definidas, que algunos llaman "Spanish revolution", tiene la gracia de que está contra el Poder de cualquier tipo que sea, está diciendo NO, sin unas propuestas claras que puedan ser asumidas por los políticos profesionales. No pretende tomar el Poder, eso sería una gran contradicción porque ¿a quién iba a someter? ¿sobre quién iba a ejercerlo? ¿iba a repetir la repugnante labor del Poder actual contra otros?

La clase política de este país, de izquierdas o derechas, que viene a ser lo mismo, o sea, los defensores del Capital y del Estado, quieren utilizar ahora en su beneficio este movimiento diciendo que "entienden a estos jóvenes", que "ellos también han sido jóvenes", que "tienen hijos jóvenes": están mintiendo como bellacos. No hay  izquierdas ni derechas, sino arriba y abajo: ahí está la pelea: entre los de arriba, sean del partido ideológico que sean, y los de abajo, porque lo que se propone es una organización horizontal, no vertical como la actual. Además, no entienden nada. Sólo cuando les dé asco, auténtico asco,  el Poder habrán entendido algo de lo que está pasando. 

Yo de los muchos puntos que decían que reivindican sólo veo claro y razonable uno: el derecho a la buena vida y a pasárselo uno bien. Pero ese derecho es nuestro, del pueblo, de cualquiera de nosotros. No podemos pedírselo al Amo, que es el principal artífice de nuestra mala vida y de hacernos andar como andamos. Él sólo va a darnos aburrimiento y lo que es peor diversión, pero no va a dejar que nos lo pasemos bien. Para eso no tenemos que pedirle permiso a nadie ni para ser felices. Y mucho menos a los de arriba. De arriba no puede venir nada bueno. 

Al Diablo, pues, con el trabajo, la vivienda y el futuro. El trabajo es una esclavitud oprobiosa, una nueva forma de servidumbre a la que nos vemos sometidos, a la fuerza ahorcan, para ganarnos el incierto pan del futuro y la presunta, supuesta, evanescente vida, como si esta dependiera de un salario. Tampoco reclamamos una vivienda, que suele ser una murienda en un bloque de pisos o, lo que es lo mismo, de nichos: un espacio privado donde morirnos de asco, soledad y aburrimiento. Y tampoco queremos futuro: ese invento de los curas antiguos y los políticos de ahora que nos conducían a la bendición de una tierra prometida siempre futura, siempre lejana, siempre inalcanzable como un trampantojo.

Demos contra Cracia: el pueblo se ha levantado contra el Poder; el pueblo se levanta contra la democracia, que es el nombre del sistema de dominio vigente; el pueblo se levanta contra el Dinero, es decir, contra Estado y Capital, y contra los perros guardianes del sistema,  que son, ante todo, los políticos, esos economistas que se pliegan dócilmente a la lógica de los mercados.


El Estado democrático, al que algunos apellidan Estado del Bienestar, es el gran Moloch de nuestra era, el gran ídolo que todos los políticos y/o economistas veneran como si de una nueva religión se tratara, imponiéndoselo a ese engendro suyo que es la denominada "opinión pública" y presentándolo como el menos malo de los regímenes políticos posibles.

Algunos, los más ingenuos, le piden que sea más generoso, más humanitario, más tolerante, menos exigente, que los proteja del malvado Capital, ignorando que Estado y Capital son uña y carne, la cara y la cruz de la misma moneda, hermanos gemelos que han crecido y se han criado juntos y confundido hasta el punto de que nada ni nadie puede ya distinguirlos: pareja de hecho que son y de derecho. 

El pueblo no es nunca el poder, es la víctima del poder. El poder significa que tienes a mucha gente a tu servicio, trabajando para ti. Tener mucho dinero es poder: poder de adquisición, poder de elección. Cuando un rico se compra un yate, han trabajado para él miles de curritos. Cuando un banco te concede el favor de un crédito, consigue que un buen número de horas de tu vida diaria, convertida en trabajo diario y asalariado -ese es nuestro único pan nuestro de cada día, nuestro pan cotidiano- sean para la entidad usurera.

Yo hace tiempo que intuí eso. Es una tontería creer que se va a conseguir cambiar el hecho de que, realmente, quien gobierna es el dinero.... Ha sido así toda la vida.

Lo que se puede hacer es concienciarse firmemente de que el objetivo del poder (denominación que engloba y confunde a Estado y Capital, la misma moneda) es endeudarte lo más posible. Y te endeudará más, cuanto más difícil sea para ti devolver ese dinero. Pues entonces serás su esclavo: te llamarán ciudadano, te convocarán a las urnas cada cuatro años para que te creas que cuentas. Claro que cuentas, como un idiota más con su Documento Nacional de Identidad: cuentas como contribuyente y votante, como alguien que contribuye con su voto y sus impuestos directos e indirectos al sostenimiento de este tinglado insostenible. 

Algunos presumen de haber luchado en su lejanísima juventud contra la dictadura. Hoy la flor y nata de nuestra juventud, los jóvenes indignados, luchan contra la democracia, porque es la forma de dominio vigente. Los que lucharon contra la dictadura, les dicen, sin embargo, que acepten el yugo "menos malo" de la democracia porque es más llevadero que el de la dictadura: mentira. La democracia es el nombre que ha adoptado la vieja dictadura para subsistir: el mismo perro con otro nombre, otro collar, pero el mismo perro.

¡Pásalo! ¡Que rule por ahí y que haga lo que pueda, si puede hacer algo!  




No hay comentarios:

Publicar un comentario