domingo, 3 de noviembre de 2013

Re-flexiones



¿Cuándo surge la dicha? Cuando no la persigo. Cuando menos se la espera y allí donde menos se la espera. Si soy feliz y exclamo: "¡Qué feliz soy!", he conjurado a la desdicha: dejo automáticamente de ser dichoso. Meter la conciencia es meter la pata, es ponerle la zancadilla a la felicidad.



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 La Organización de Naciones Unidas no puede servir para nada bueno. ¿Acaso no vemos que "naciones" y "unidas" son términos contradictorios? Para que haya unidad o unión entre nosotros, sobran las naciones, las nacionalidades y los nacionalismos, y, por supuesto, la organización esa, la ONU que le dicen, que pretende aglutinarlas. 


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Últimas noticias sobre la epidemia de la gripe:  La gripe dura una semana con tratamiento y siete días sin él, por lo que la vacuna antigripal puede ser contraproducente.


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¡Cuarenta años, doblando la edad de la letra del tango, no es nada! En la vida de todo hombre hay un momento en el que uno mira hacia atrás y uno ya no reconoce nada ni a nadie. Ni siquiera a sí mismo. Se ha hecho viejo. Cualquier cosa nos hace volver la cabeza y pone frente a los ojos del recuerdo al extraño aquel que llevó nuestro nombre y ya no somos, nuestro antepasado, si sólo hemos tenido uno y no varios. La memoria nos engaña porque no habla de nosotros, que la evocamos; habla del que ya no existe, de los que fuimos y hemos dejado de ser; del mundo que fue suyo, y que ya no existe, reducido a cenizas que esparce el viento. Y el pronombre de primera persona, «yo», nos engaña cuando conjugamos el verbo “recordar”. No, no hay pasado más que en esta mentira del ahora que lo inventa al narrarlo. No hay nada que recordar. Ni nadie que recuerde.

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Hay una íntima relación entre la pasión  erótica y el instinto tanático de muerte. Es lo que nos enseñan las femmes fatales como  Judith y Salomé,  que acabaron con su pareja masculina, pero también el jeune homme fatal David que, después de derribarlo con una honda, le arrebató su espada y con ella misma le cortó la cabeza, fetiche erótico, al gigantesco Goliath.

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La Luna, inalcanzable y lejana, como siempre, a pesar de que el Hombre, según dicen, pusiera su pie en ella para hollarla y mancillarla, se ha enamorado del joven poeta romántico Endimión, y lo devora vivo. El bello y lánguido efebo duerme y agoniza a la luz del rayo lunático. Tiene un sueño. El sueño de la muerte lo tiene a él. 


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Una paradoja: Resulta que el Gobierno español ha creado un "banco malo". ¿Por qué lo llaman así? Para que creamos -y es mentira, claro, como todas las creencias que albergamos las humanas criaturas- que los demás bancos son buenos.

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