EL
AMIGO DE UN AMIGO DE LA CUÑADA DE LA VECINA DE LA NOVIA DE MI HERMANO DICE QUE
UNA VEZ VIO UNO. Hay gente que, según reza la letra pequeña del anuncio publicitario, afirma
que alguna vez vio uno... Hay incluso quien dice conocer a alguien que conoce
al dueño de uno. ¿De qué oscuro objeto del
deseo nos están hablando?
Los
publicitarios, que han elegido el color azul del cielo, un azul turquesa aún no
contaminado como fondo, nos desvelan el misterio: Tiene un motor de no sé
cuantísimos caballos y válvulas, tomas de aire laterales, llantas de bastantes
pulgadas, chasis rebajado, mejor estabilidad y la máxima seguridad y potencia. ¡Ah! Algo
era ello: un auto.
CREAMOS
AUTOMÓVILES. No los hacen, los crean, afirman. Y quieren hacernos creer que han
creado un coche absolutamente único, radicalmente nuevo, como si no los
construyeran en serie y en cadena, clónicos. Nos dicen que no nos hagamos
ilusiones, que no esperemos verlo detenido ante cualquier semáforo en rojo. Insisten
en la singularidad del producto, lo que es tan falso como la singularidad del
comprador a la que supuestamente apelan. Invocan a nuestra individualidad de
todos y cada uno de nosotros para que decidamos comprar masivamente el coche
tan absolutamente único y ser sus dueños. Aunque, bien mirado ¿quién es el
dueño de quién? ¿quién posee a quién? ¿el conductor tiene un coche
supuestamente único o es el propio coche el que tiene un conductor, por no
decir un chófer, no menos único?
¿No
sabemos, acaso, que el último modelo, el mejor de todos, el que no contamina y
no consume, el que alcanza velocidades supersónicas y superiores a las de la
luz, el que no tiene nunca problemas de aparcamiento ni de atascos a la entrada
o salida de las grandes urbes, el coche absolutamente único, el que nunca va a
provocar ningún accidente, el más seguro, el mejor, en definitiva, es, como
siempre, el que no existe, precisamente el que no existe y por eso mismo, por
mucho que digan, no lo ha visto ni lo verá nadie nunca detenido ante ningún
semáforo en rojo?
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