Una
guitarra al sol de media tarde. Gracias a quien corresponda por este
sol de media tarde y por esa guitarra, antígua cítara de Apolo,
-gratuito regalo inesperado-, y gracias por la melodía que unas manos
sabias arrancan a las cuerdas de esa guitarra que llora y gime y canta
sus letanías en el parque a mi lado, rasgando el silencio de la hora de
la siesta que sólo rompe el vuelo de gaviotas y palomas como si fuera
un suave velo de seda.
¡Música,
maestro! ¡Que suene la música viva de una guitarra española que lleva
el arte en las venas y el eco de una lejana e íntima Andalucía en su
corazón!

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