Los que declaran su amor lo hacen como si estuvieran convencidos de la
entidad permanente y eterna de su sentimiento amoroso, convertido en un
ideal platónico, desentendiéndose de las cosas que le pueden pasar al
amor y a la gente a cada paso, por ejemplo y sin ir más lejos acabarse
un día cualquiera igual que empezó. Ya se sabe que
el amor eterno no dura, en el mejor de los casos, más allá de tres años.
Conviene recordarlo cuando los grandes almacenes festejan el día de
los enamorados señalado a tal fin en el calendario.
La historia está llena de revoluciones fracasadas: todas acaban
sustituyendo un poder por otro. Los revolucionario se levantan contra el
poder; por ejemplo, los bolcheviques en la antigua Rusia. Derrocaron al tirano del Zar, y, para que no se produjera un vacío de poder, ocuparon ellos el trono que había quedado vacante.
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