De amor y olvido convaleciente aquí,
a orillas de este río que anhela el mar
al término de su discurso,
voy paseando en la tarde a solas,
un día azul de octubre y de vértigo,
bajo los chopos de oro impertérritos,
tras ti, mi niño antiguo, como
sátiro yo y pederasta viejo
detrás de los chiquillos, buscándote
desesperado, para recuperar
la sombra de mi propia infancia,
y el resplandor de sus soles de oro.
Pronuncio al aire libre tu nombre a voz
en grito. Nada, nadie responde. No hay
siquiera un ruido. Sólo se oye,
sordo disparo, el silencio y su eco.
Pronuncio en el silencio tu nombre y es
un pájaro que vuela al olvido, allí
donde naufraga todo nombre
propio, en el mar del anonimato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario