Hagamos el elogio aquí de la marihuana
que nos da sosiego, reconforta y nos hermana
divina que es y al mismo tiempo tan humana,
como la épica sánscrita del Ramayana
o el verso de una oda lírica horaciana;
la han condenado y la han proscrito, tan galana,
sin embargo, e inocente que es, y tan cristiana.
Cultivemos, pues, la vieja ciencia de la iguana
que sólo sabe su ignorancia, no la vana
presunción del necio, y alcancemos el nirvana
gracias al consuelo de la sabia marihuana.
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