miércoles, 12 de febrero de 2014

¡Quema el dinero y baila!



Unas cuarenta personas, o sea, cuatro gatos, acudieron una vez a una concentración en Madrid para protestar contra una cumbre de mandamases que iba a celebrarse en Guasintón, la capital del Imperio, porque tenían la pretensión de “refundar el capitalismo”, criticando con un acto simbólico y sus palabras recogidas en un pasquín la piedra filosofal del tinglado mundial, que es el dinero, único dios verdadero que existe.

Allí quemaron el dinero simbólicamente, prendiendo fuego a un billete  de cinco euros, y repartieron un panfleto que viene muy a cuento porque, como dijo el poeta, "hoy es siempre todavía", del que extraigo algunas ideas y frases de interés.

Nosotros no queremos refundar el capitalismo, maldito sea, queremos destruirlo y que se hunda de una vez por todas.  Ahora nos dicen que hay crisis y nos están engañando. ¿Crisis? La sabiduría desengañada del pueblo nos enseña que la vida es una puta vieja y que vivir es pagar por cada acto de vida y por cada sueño que se alienta. La esencia del sistema económico capitalista es la crisis: que la paguen ellos, que son los dueños del Estado y del Capital, o sea del dinero. Bien se ha visto cómo el Estado, en España por ejemplo, pero este país no es más que un ejemplo de lo que pasa en los demás y se cuece por doquier,  corre solidario a auxiliar al Capital como primorosa hermanita de la caridad, primos hermanos que son."

"El dinero es deuda, una hipoteca que no acabamos nunca de pagar, condenados como estamos a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente prostituida. ¿No nos lo hemos ganado ya? ¿No hemos malvendido nuestro tiempo de vida a ese mal postor? Pues por eso mismo queremos ponernos a destruirlo, porque no queremos gastarlo en ninguna inutilidad, porque queremos que se consuma él y con él todo el sistema que quieren refundar los capitalistas arruinados. Ha llegado el momento de decir que no queremos el dinero que no nos dan gratuitamente (si nos lo dieran gratis et amore, por lo menos, otro gallo cantaría), queremos destruirlo y bailar del gozo y la alegría”.

Cualquiera de nosotros seríamos capaces de prender fuego a un billete de cinco euros, pero, me pregunto yo, si tuviéramos entre las manos uno de 500, de esos que vemos rara vez,  ¿haríamos lo mismo?  ¿De verdad?

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