Empecemos por el principio, pero ¿dónde está el principio?
En un principio era la palabra viva, la palabra que se
llevaba el viento, pero enseguida vino la escritura, la fijación por escrito
que paralizó el vuelo de vocales y consontantes: uerba uolant, scripta manent,
que dijeron los antiguos: las palabras se las lleva el viento, porque son como
las hojas muertas de los árboles en otoño, pero, si las fijas por escrito, les
quitas el vuelo y las encierras como pájaros prisioneros en una celda de papel
o virtual, y "aunque la jaula sea de oro / no deja de ser prisión".
¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo?
Escribo para liberarme de un pasado que me atormenta, de
unas obsesiones que me asedian, de unos fantasmas que se me aparecen y que con
su aparición crean la oscuridad, sumiéndome en las tinieblas. Y es que, como
dijo alguien, es muy difícil si no imposible ser original sin volver uno a sus
orígenes, que es de donde viene la palabra original.
Pero la escritura, lejos de ser un estimulante de la
memoria, es un fármaco para el olvido: de hecho, escribo las cosas que escribo
no para recordarlas, sino para librarme de su recuerdo, es decir, para
olvidarme de ellas, para desembarazarme de su lastre maléfico.
Theuth, cuenta el divino Platón, le presentó su invento de
las letras al faraón Thamus como la panacea contra el olvido: la escritura,
según su inventor, era el remedio ideal para no olvidar las cosas. El faraón,
dándole la vuelta al argumento, le aseguró que, al revés, las letras
producirían el olvido “en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la
memoria”.
Es algo que sabemos todos los estudiantes: ¿por qué hay que estudiar
los apuntes? Porque cuando los estamos tomando en clase, dejamos de atender a
las explicaciones del profesor desde su cátedra, confiándonos en el registro
escrito que estamos haciendo de sus palabras. Será preciso revivir esas
palabras, cosa que haremos cuando estudiemos ante la proximidad urgente de un
examen, esos apuntes: sólo entonces haremos que vivan de alguna manera las
letras saltando del papel para volver a resonar en nuestros oídos como palabras
vivas…
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