domingo, 9 de febrero de 2014

En el principio era la palabra



Empecemos por el principio, pero ¿dónde está el principio?

En un principio era la palabra viva, la palabra que se llevaba el viento, pero enseguida vino la escritura, la fijación por escrito que paralizó el vuelo de vocales y consontantes: uerba uolant, scripta manent, que dijeron los antiguos: las palabras se las lleva el viento, porque son como las hojas muertas de los árboles en otoño, pero, si las fijas por escrito, les quitas el vuelo y las encierras como pájaros prisioneros en una celda de papel o virtual, y "aunque la jaula sea de oro / no deja de ser prisión".

¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo?

Escribo para liberarme de un pasado que me atormenta, de unas obsesiones que me asedian, de unos fantasmas que se me aparecen y que con su aparición crean la oscuridad, sumiéndome en las tinieblas. Y es que, como dijo alguien, es muy difícil si no imposible ser original sin volver uno a sus orígenes, que es de donde viene la palabra original.

Pero la escritura, lejos de ser un estimulante de la memoria, es un fármaco para el olvido: de hecho, escribo las cosas que escribo no para recordarlas, sino para librarme de su recuerdo, es decir, para olvidarme de ellas, para desembarazarme de su lastre maléfico.

Theuth, cuenta el divino Platón, le presentó su invento de las letras al faraón Thamus como la panacea contra el olvido: la escritura, según su inventor, era el remedio ideal para no olvidar las cosas. El faraón, dándole la vuelta al argumento, le aseguró que, al revés, las letras producirían el olvido “en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria”. 

Es algo que sabemos todos los estudiantes: ¿por qué hay que estudiar los apuntes? Porque cuando los estamos tomando en clase, dejamos de atender a las explicaciones del profesor desde su cátedra, confiándonos en el registro escrito que estamos haciendo de sus palabras. Será preciso revivir esas palabras, cosa que haremos cuando estudiemos ante la proximidad urgente de un examen, esos apuntes: sólo entonces haremos que vivan de alguna manera las letras saltando del papel para volver a resonar en nuestros oídos como palabras vivas…

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