miércoles, 23 de octubre de 2013

Por la dimisión del gobierno

Mal empezó en su día el año en curso porque mal empiezan todos los años. Todos los años, en efecto, empiezan con la falsa creencia de que el año recién iniciado es un año nuevo, cuando en realidad es más viejo que el primer catarro del mismísimo Matusalén.

Hubo una vez un presidente del Gobierno de España, que, después de llegar al poder en el año 2004 aprovechándose de la campaña orquestada contra la guerra de Iraq con la promesa de retirar las tropas invasoras de Mesopotamia, inició su mandato con la retirada efectiva del país bañado por el Tigris y el Éufrates de los "efectivos" españoles, como se dijo entonces con ridículo eufemismo, pues todos los eufemismos son ridículos. 

Muchos le aplaudimos el gesto. Yo, el primero. Aunque no le voté. Dios me libre de dar el voto a nadie para que gobierne y engañe al pueblo... 

Pero ese mismo presidente de sonrisa bobalicona y planteamientos adolescentes simplistas, resulta que destinó acto seguido de las arcas del Estado, en tiempos de crisis como eran aquellos y siguen siendo estos, y eso no era lo peor, más de ochocientos millones de euros al año procedentes de las recaudaciones de los impuestos de los contribuyentes a operaciones militares, especialmente a la del Líbano, que le era especialmente grata, sin descartar la de Afganistán, a la que más contribuíamos aunque muchos de nosotros no queríamos ni bien ni mal. Entonces seguíamos igual. Todo había cambiado para continuar como estaba. Suma y sigue, contribuyendo a la guerra y llamándola paz.

El expresidente del gobierno dijo en una conferencia internacional que la Tierra no era de nadie (ni siquiera del tiempo o de la infamia de la historia universal) más que del viento, confundiendo la realidad con nuestros más hondos deseos. Tenía que haber proclamado, mejor dicho, que la Tierra no debería ser de nadie más que del viento, su legítimo propietario, por lo que había que ponerse “a desalambrar” como cantó Víctor Jara.

No lo digo yo. Lo dijo la prensa de entonces: “El Gobierno lleva invertidos en la guerra de Afganistán 1.550 millones (de euros) y multiplica por tres el número de soldados (mercenarios) en la zona”. 

Pero lo que a mí más me exasperaba de aquel presidente pseudo-pacifista era su lenguaje políticamente correcto y apotropaico, su empeño de no llamar a las cosas por su verdadero nombre, al pan pan y al vino vino. La crisis económica no era tal crisis económica era... una recesión o no sé qué. La guerra a la que contribuíamos no era tal guerra sino una misión humanitaria de paz encuadrada dentro del marco de la Alianza de las Civilizaciones que él predicaba. 

La función del Gobierno, no nos engañemos, de todos los Gobiernos, es engañar al pueblo. Lo hizo aquel presidente de entonces, y lo hace el actual, que sustituyó a aquel otro después de perder el primero las elecciones. Yo tampoco le he votado. Líbreme Dios de dar mi voto a nadie para que gobierne. Ahora resulta que este Gobierno y toda la cúpula del Partido que lo sostiene ha estado cobrando sobresueldos importantes, inmerso en un proceso de corrupción galopante. 

Se están pidiendo firmas en la Red para que dimitan todos. No me parece mal.  Yo ya he firmado. Os animo a todos a firmar.  Pero quisiera algo más: ¡Que dimita en pleno este Gobierno y todos los demás! Yo, que conste, por si acaso, no quiero elecciones anticipadas, no quiero que se vayan estos para que vuelvan los otros, u otros que al fin y a la postre van a hacer lo mismo que estos porque la corrupción es la esencia de la política, del Gobierno. ¿O es que, acaso, no se puede vivir sin que haya Gobierno, sin que nos gobierne nadie?  No sólo se puede vivir, sino que se debe vivir sin Gobierno. Para ser libres. De una vez por todas. Y lo que digo del Gobierno de España, lo hago extensivo a todos los Gobiernos, al del país vecino, al de Alemania, al de Estados Unidos, al de Gana, si lo tienen, que seguro que lo tienen porque si no, no sería un país...

No hay comentarios:

Publicar un comentario