Hay
jóvenes frustrados que sienten auténtica rabia y una rebeldía visceral
contra el sistema injusto, esencialmente corrupto, que padecemos, el más injusto, porque es el único que hay,
de toda la historia universal, ya que todos los demás regímenes que en
el mundo han sido han venido a desembocar en éste, en el que vivimos
–cuya monarquía encarna el dinero, la moneda, el vil metal contante y
sonante: Pecuniae unum regimen est rerum omnium, que dijo Publilio Siro en latín hace dos mil años, y
que hoy repetimos con más razón en italiano cuando decimos “il denaro è
il re del mondo”.
Ya no sucede que, como intuyó nuestro Quevedo, Don Dinero sea un poderoso caballero, es que es más: es el más poderoso de todos los caballeros, y aun más: el único y existente Dios verdadero.
Ya no sucede que, como intuyó nuestro Quevedo, Don Dinero sea un poderoso caballero, es que es más: es el más poderoso de todos los caballeros, y aun más: el único y existente Dios verdadero.
Hay jóvenes, decía, cuya rage against the machine/systhem
se encauza hacia el neonazismo, el racismo y las organizaciones
extremistas y fascistas de ultraderecha, no por lo que afirman, que es
algo completamente vil y despreciable, con lo que nadie que tenga más de
dos dedos de frente puede estar cabalmente de acuerdo, sino por lo que
niegan, porque parece que son las únicas que se oponen radicalmente al
sistema democrático y económico vigente de dominación, no menos vil y despreciable
que dichos grupúsculos radicales en los que militan.
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