(Crucifijos en las escuelas) EL Gobierno socialista de España quiso
retirar los símbolos religiosos de las escuelas públicas, entiéndase el
crucifijo que colgaba todavía en algunas de ellas. Y ya tuvimos polémica
en marcha por una nimiedad para distraernos del problema de fondo, que
era la presencia de adoctrinamiento católico, apostólico y romano en
todas las escuelas públicas españolas. ¿Por qué no quitan el retrato del
rey y el adoctrinamiento que supone su imagen presidiendo la clase? La
imagen del rey es el moderno crucifijo laico: el jefe del estado
democrático y letal preside, como antaño Herodes -un sólo pedagogo hubo-
la ceremonia de asesinato de los niños en la escuela. Es verdad que la
religión no es obligatoria, como lo era antes. No. Ya no hay nada
obligatorio en esta España tan permisiva. Es optativa, como se dice
ahora, u opcional, con anglicismo flagrante. Pero la hay. No ha dejado
de haber religión. Hay profesor de Moral y Religión Católica en todos
los establecimientos escolares españoles, contratado por el obispado y
pagado por el Ministerio de Educación y Ciencia con el dinero de todos
los contribuyentes. Y eso no lo quitan. Quieren distraernos de esa
realidad con la tontería de si quito los crucifijos o los dejo como
están. Que venga Dios y lo vea.
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Ni amor ni odio eternos, porque, como dice Gracián, “No se ha de querer ni aborrecer para siempre” porque los sentimientos son coyunturales, flores de un día. Es un ataque al sagrado vínculo del matrimonio y a la institución del amor eterno combatiendo su contrario, el aborrecimiento eterno.
oOo
Los
muros más difíciles de franquear son los que nos ponemos nosotros
mismos. Nuestros enemigos más difíciles de vencer somos nosotros mismos.
Los obstáculos más trabajosos de superar son los límites que nos
trazamos nosotros mismos, muchísimo más que los que nos
impone la propia naturaleza o la sociedad. Estas
dos viejas damas, solteronas recalcitrantes, que son la sociedad y la madre naturaleza, a
veces no son más que excusas en que se acorazan nuestros
prejuicios, es decir, nuestra personalidad forjada en la fragua de los miedos.
No luchamos, por lo tanto,
contra nuestras propias limitaciones porque no somos conscientes de que
son nuestras y de que son limitaciones que nos hemos impuesto nosotros, por lo que preferimos
achacárselas a esos dos factores externos. Pero los demás y lo demás son, en este caso, los de menos y lo
de menos. No
nos atrevemos a evadirnos de la cárcel porque no sabemos que vivimos en
una jaula que, aunque sea de oro, sigue siendo prisión. No nos
atrevemos a ser libres porque no somos conscientes de que somos
esclavos, eslabones de la cadena: nuestra cárcel somos nosotros mismos.
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No hay hechos futuros -la expresión "hecho
futuro" es una contradicción en sus términos: si está hecho no puede ser futuro- ni
presente, sólo hay hechos, por definición, concluidos, acabados, terminados,
historia, agua pasada que no mueve molino.
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El miedo al otro, al enemigo, hace que nos parezcamos al otro que tememos y que nos teme.
oOo
No hago lo que me da la gana porque,
sencillamente, mi propia voluntad no es lo que más quiero, sino que es
la muerte de los más íntimos deseos que me asaltan. Debo reconocerlo. Además, soy consciente de que si sé lo que quiero, dejo de quererlo y desearlo.
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Desde aqúí hago una llamada desesperada a la insurreción contra la servidumbre voluntaria que nos hemos impuesto. ¿Vas
acaso a seguir tragando todo lo que te echen, haciendo de tripas corazón, y
comprando todo lo que te venden ahora que están a punto de comenzar las
rebajas en los centros comerciales, sucedáneos de la verdadera vida de verdad,
cuyas existencias se han agotado?
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