Perdemos
la juventud el día que empezamos a valorar el dinero y admitimos que
todo se compra y todo se vende, incluidos nosotros, las personas, que
nos vendemos y nos compramos bien baratos por unos billetes de papel de
banco.
Perdemos
la juventud el día que aceptamos que la realidad es todo lo que hay,
que siempre ha sido así y que nunca podrá hacerse nada para cambiar las
cosas.
Perdemos
la juventud el día que dejamos de estar enamorados, que es el día en
que declaramos solemnemente nuestro amor a otra persona , matando así el
amor que sentíamos, y decidimos casarnos con ella, sepultando nuestros
sentimientos en el sarcófago del matrimonio.
Perdemos
la juventud el día que dejamos de soñar quimeras y utopías, y
despertamos nuestro sentido práctico, entrando por el aro y aceptando
las reglas del juego de la sociedad establecida.
Perdemos
la juventud el día que aceptamos que el ganador es el mejor,
convertimos el éxito y el triunfo en monedas de cambio, y ya no somos
capaces de defender una causa perdida.
Perdemos
la juventud el día que sólo vemos lo que se ve y no nos damos cuenta de
que para ver las cosas hay que cerrar los ojos y olvidarse de las ideas
previas que tenemos.
Perdemos
la juventud el día que nos miramos al espejo y no vemos las arrugas del
alma, y no se nos cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la
vergüenza.
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