domingo, 13 de octubre de 2013

Juventud, divino tesoro

Perdemos la juventud el día que empezamos a valorar el dinero y admitimos que todo se compra y todo se vende, incluidos nosotros, las personas, que nos vendemos y nos compramos bien baratos por unos billetes de papel de banco.

Perdemos la juventud el día que aceptamos que la realidad es todo lo que hay, que siempre ha sido así y que nunca podrá hacerse nada para cambiar las cosas.

Perdemos la juventud el día que dejamos de estar enamorados, que es el día en que declaramos solemnemente nuestro amor a otra persona , matando así el amor que sentíamos, y decidimos casarnos con ella, sepultando nuestros sentimientos en el sarcófago del matrimonio.

Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar quimeras y utopías, y despertamos nuestro sentido práctico, entrando por el aro y aceptando las reglas del juego de la sociedad establecida.

Perdemos la juventud el día que aceptamos que el ganador es el mejor, convertimos el éxito y el triunfo en monedas de cambio, y ya no somos capaces de defender una causa perdida.

Perdemos la juventud el día que sólo vemos lo que se ve y no nos damos cuenta de que para ver las cosas hay que cerrar los ojos y olvidarse de las ideas previas que tenemos.

Perdemos la juventud el día que nos miramos al espejo y no vemos las arrugas del alma, y no se nos cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la vergüenza. 

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