domingo, 13 de octubre de 2013

Maldito SIDA

El SIDA ha sido la mayor contrarrevolución sexual que se ha podido inventar y se ha inventado precisamente para eso, para condenar el amor libre. Porque, que conste y quede claro desde el principio de esta columna virtual que no pretende sostener el sistema, sino todo lo contrario, el SIDA es un invento del Gobierno.

Por eso es la peor arma de destrucción masiva: no sólo por los cadáveres que se ha llevado al otro barrio, que son muchos, sino por el miedo que nos ha inculcado a machamartillo en el cuerpo y el espíritu a los que estamos supuestamente, aunque es mucho suponer, vivitos y coleando todavía, amargándonos los gozos de los que podíamos disfrutar libremente, introduciendo el maldito preservativo, que arruina nuestras relaciones, por lo que conlleva de responsabilidad y planificación. 

Han conseguido meter el futuro, que es la muerte, en la actividad más gozosamente delicuescente que había, en el placentero polvo, porque te hacía olvidar todo lo demás.

En otro tiempo, los homosexuales eran quemados en la hoguera o reducidos en campos de concentración y exterminio. Decían que, además, se condenaban al infierno para toda la eternidad.

Ahora que podían holgar irresponsablemente, es decir, descuidados y tranquilos sobre todo entre hombres (porque todo lo puede Dios, excepto hacer parir a los hombres, por lo que no había cuidado de que ninguno se quedara embarazado), resulta que van y te meten la responsabilidad, o sea, el sentimiento judeocristiano de culpa encima, obligándote a hacerlo con la bendición del profiláctico,  o, en caso contrario, a no hacerlo.

Las cosas no han cambiado mucho, si bien se mira: ahora se llama SIDA, AIDS ó VIH o HIV, igual da, al infierno, la condenación eterna y la hoguera. De lo que se trataba entonces y ahora es de que no holgáramos libre e irresponsablemente, porque seríamos castigados por la cólera de Dios. 

Maldito sea el SIDA, maldita sea la madre que lo parió, maldito sea el que difundió la enfermedad y el miedo a contraerla, que propagaron multiplicándolo los medios de masificación. Maldito sea el Gobierno. Maldito el miedo, el puto miedo a la muerte, que es lo peor que hay, que es el barro del que estamos hechos, y lo que arruina las múltiples posibilidades de vida.


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