sábado, 25 de enero de 2014

¿Qué es violencia?


Violencia es tener que ganarse la vida con el sudor prostituido de la frente, según la bíblica maldición veterotestamentaria, sin darnos cuenta de la pérdida de vida que supone esa ganancia a cambio de nuestra venta al mejor postor, que es el único dios verdadero, o sea, don Dinero.


Violencia es trabajar los mejores años de nuestra vida, pongamos  que 35 ó  40 años, por un salario de miseria como son todos los jornales al fin y a la postre,  preguntándote cuándo llegará la jubilación, sin saber siquiera si vas a poder cobrar la pensión.


Violencia son los bonos del Estado, los fondos de pensiones robados, los seguros de vida, que es lo más inseguro que hay,  las acciones y el fraude del mercado de valores… de bolsa, que son los únicos valores capitalistas. Porque ya no se trata de elegir entre la bolsa o la vida, es que nuestra vida -o existencia, mejor dicho- se ha convertido en un valor bursátil nunca en alza, cada vez más a la baja.


Violencia es verte obligado a pedir una hipoteca que tendrás que pagar con muchas creces a la entidad prestataria,  el mayor usurero que puede haber, que es el Banco, auténtico atracador.


Violencia es tener que añadir a la jornada laboral de ocho horas diarias otras dos, por ejemplo,  en concepto de traslado al centro de trabajo todos los días del año. 
 
 
Violencia es, igualmente, no tener trabajo y, por lo tanto, posibilidad de ganar dinero, y sentirse uno como un paria de la sociedad, como si uno tuviera la culpa de ser un parado de larga duración.


Violencia es tener que comprarte un coche para que te lleve de casa al trabajo y viceversa, arriesgándote a morir o a accidentarte in itinere, lo que a veces es peor que la muerte.


Violencia es el derecho de los directivos, jefes y empresarios a despedirte cuando quieran y a prescindir de tus servicios después de haberte utilizado como si fueras un pañuelo moquero.


Si violencia es el trabajo, no menos violencia es el paro, esa sensación que te embarga de desempleo, de que ya no vales para nada, de que no eres útil a la sociedad de conumo que (te) ha consumido los mejores años de tu vida preparándote para nada.


Violencia son los “accidentes” laborales, ocasionados por el ahorro de los empresarios en costes de seguridad, que ponen de manifiesto que el accidente no es accidental ni casual.


Violencia es enfermar por las duras condiciones físicas y/o psicológicas, tanto monta, monta tanto, del trabajo.


Violencia es el consumo de psicofármacos –antidepresivos y ansiolíticos- y vitaminas para poder aguantar las jornadas laborales hasta la extenuación.


Violencia es trabajar para ganar dinero a fin de poder comprar medicinas que remedien nuestra salud, enferma de tanto trabajar.


Violencia es pensar que el trabajo nos hace libres. Es lo mismo que creer que las cadenas nos liberan de la esclavitud. Pero eso nos han inculcado toda la vida: que la esclavitud, es decir, el trabajo es la libertad.


Violencia es el fin de semana, cuya única razón de ser es hacernos más soportable el lunes, como violencia son las vacaciones por la misma razón: el ocio es violencia porque su razón de ser es justificar el trabajo, y porque él mismo se ha convertido en un trabajo, es decir, en un negocio o negación de sí mismo. 


Violencia es morir en camas preparadas en hospitales horribles, sufriendo como un perro, porque el sufrimiento dignifica al hombre y es muy cristiano, ya que sufriendo murió Cristo para –dicen- redimir al género humano.



(Panfleto repartido en una calle de Atenas en diciembre de 2008)

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