Me
escribiste una vez una postal con una puesta de sol y una frase
lapidaria de un tal R. Bach que decía literalmente: “Tu única obligación
en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo.” Te
contesto aquí y ahora, después de muchos años:
Ser uno mismo, fiel a sí mismo, ser sincero parece una de las primeras exigencias juveniles, lo que no me extraña viniendo como viene de ti y de tus dieciocho recién estrenados años, cuyas primicias me ofrecías y yo no quise tomar, por lo que me limité a invitarte a una cocacola...
Pero el discurso del “yo no miento” es siempre falso porque la hipocresía, el disimulo y el engaño forman parte del comportamiento humano, y no son ni mejores ni peores que la sinceridad, la verdad y la audacia. Hablando (sinceramente o no) puedes arreglar o empeorar las cosas, y callando puede ocurrir a veces que se olviden, que es lo mejor que les puede pasar a algunas cosas. Diciendo "las cosas a la cara" o yendo con la verdad por delante puedes darle el día a quien sea tu víctima, mientras que callando puedes dejarlo vivir en la paz de la ignorancia. Piensa, por lo tanto, que cuando hablas de ser "fiel a ti mismo", o de "ser uno mismo", lo más probable es que te estés ciñendo a un comportamiento preestablecido por la propaganda del sistema y de las series de televisión juveniles que te dictan el modelo que esperan que tú sigas. Uno es verdaderamente "uno mismo" sólo cuando es libre e independiente, cosa bastante complicada, por no decir que imposible, por lo que no se da prácticamente nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario