Todos los periódicos y televisiones muestran y retrasnmiten con un
impúdico e indecente exhibicionismo pornográfico imágenes del dolor
ajeno en el que nos regocijamos porque podría ser el nuestro y no lo es.
De la muerte es de lo único que no tengo ni puedo tener ninguna experiencia previa: por eso no puedo hablar de ella.
Si te digo la verdad y soy sincero contigo, te mentiría.
Mejor que tratar de resolver los muchos problemas que se nos plantean es
disolverlos mediante la pregunta corrosiva como la sosa cáustica: ¿Qué?
.
¡En España ya no hay cuatro millones de parados! ¡Tenemos pleno
empleo! Según el presidente del gobierno, un parado no es un parado sino un trabajador en proceso de
formación, un trabajador que está formándose gracias a los cursillos que
tendrá que seguir para disimular las estadísticas, un trabajador en
potencia, que diría Aristóteles. Curiosa manera de acabar con el
desempleo.
Trágica duda. Eurípides, el poeta trágico griego, ha formulado
una pregunta para la eternidad que ha sembrado la duda y el
escepticismo, que nos obliga a poner en tela de juicio todas nuestras
creencias: “Pero ¿quién sabe si el vivir no es morir, / y es morir lo
que los hombres creen que es vivir?” Hay alguien que lo sepa. ¿Lo sabe
alguien? ¿Quién lo sabe?
Canta la soleá: ¡Qué cosas tiene este loco / que nunca dice verdad / pero mentira tampoco!
El amor y sus metáforas bélicas. La realidad de la tribu son las
metáforas de su vocabulario semántico, sus palabras, su palabrería, por
eso se funde el amor con la guerra en nuestro mundo y orden establecido
dictado desde el futuro, que es la muerte. El amor es una guerra, por
eso se habla de conquista. Se conquista a la persona amada.
Penas para los clientes. En
algunos países democráticos se está cociendo un proyecto de ley que
prevé penas de cárcel para los clientes de las prostitutas. Si llega a
convertirse en ley, podríamos llegar a ver a muchos parlamentarios
arrestados, pero esos parlamentarios se librarían de ser condenados por
la inmunidad, que es impunidad, parlamentaria de la que gozan,
mientras que un camionero, por ejemplo, se vería obligado a pagar el
pato. No hay derecho. No hay justicia. El Rey puede irse de putas, el
último de sus vasallos no.
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