sábado, 11 de enero de 2014

La jerga politizante



Ya sé que es un rollo, más que rollo, un enorme coñazo,  pero conviene analizar el lenguaje que usan los políticos amateurs y profesionales y los medios que tienen a su servicio para ver cómo nos engañan y nos la meten doblada, corruptos todos, mentirosos todos que son. Y conviene hacerlo para librarnos de esa peste y para no caer en la tentación de hablar como ellos. Como muestra un botón sacado de un editorial de un periódico: “En muchos países europeos, los Gobiernos y los partidos que les sustentan vienen siendo contundentemente desalojados del poder central o local por los electores, en busca de una alternativa posible que mejore la vida de los ciudadanos.”

La jerga del editorial parece chino mandarín, es deliberadamente incomprensible. Analicémosla: Dejemos aparte y de entrada el adverbio “contundentemente” más apropiado para otros desalojos por la fuerza y brutalidad policial, y pongamos la primera parte de la frase en voz activa, que es lo normal en castellano –la pasiva es cosa de periodistas, pedantes y economistas-: los electores desalojan del poder en muchos países europeos a los Gobiernos -ojo a la mayúscula con que han escrito la palabra Gobierno, como si fuera Dios-  y los partidos que los sustentan.

Centrémonos ahora en la segunda parte: ¿por qué dice "desalojar" en vez de "echar", que es lo normal y corriente? Precisamente por eso, porque "echar" lo entiende todo el mundo, y "desalojar" no, por lo que resulta más culto, más propio de "entendidos", que son los que no quieren entender nada de nada, y porque además parece que significa otra cosa. Sigamos:  ¿se desaloja -o sea, se echa- a los gobiernos del poder para buscar con la alternativa “que mejore la vida de los ciudadanos”?  No, Evidentemente: se echa a un partido del gobierno para que deje de hacernos la vida imposible, que eso es lo que hacen todos sean del signo que sean. Lo malo -la trampa en la que caemos- es que para echar a uno hay que poner a otro que va a seguir haciéndonos lo mismo de mala manera. Ellos lo dirían así: para desalojar a un partido hay que alojar a otro. Nosotros nos preguntamos: ¿Por qué no desalojamos a todos de una vez por todas?

La vida de los ciudadanos mejoraría no con el cambio de gobierno (o  de gobernanza, como dicen ahora algunos de ellos para camuflar el mismo perro pulgoso con distinto collar), sino con el desgobierno, con la desgobernanza  y, en definitiva, con la libertad. El problema es que la mayoría de la gente –no vamos a decir “todo el mundo” como hacen ellos, los políticos correctamente democráticos y los medios de formación de masas a su servicio, que hacen valer la opinión de la mayoría por la de todos-  espera una intervención de la providencia divina y/o estatal que venga como por arte de magia y milagro a resolverlo todo a modo de deus ex machina.  Y no hay providencia divina ni estatal ni Dios ni gobierno que valga: sólo el Dinero, que no sólo no nos da la felicidad, sino que nos quita la poca que teníamos.

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