lunes, 6 de enero de 2014

Peligroso asomarse al interior

Si no existiera el terrorismo, habría que inventarlo. Caviló en su fuero interno el Ministro del Interior del Gobierno de un remoto país. No lo declaró a la prensa porque no podía declarar una cosa así con la boca grande a los medios de comunicación en la rueda de prensa. Pero estaba firmemente convencido de ello. No tenía por qué preocuparse de corroborar esa hipótesis. No necesitaba inventar el terrorismo porque ya existía realmente en ese lejano país. Era el monstruo que había creado el propio Ministro del Interior para poder combatirlo y justificar la existencia de su Ministerio.

Resulta que el presidente del gobierno del país más poderoso del mundo declara ahora, para atizar el fuego, que existe -con el verbo grandilocuente que se emplea para Dios y todas las abstracciones ideológicas- una amenaza terrorista global creíble -con este adjetivo apelan a la vieja fe decimonónica para resucitarla-, es decir, del mundo mundial, que procede de un pequeño país árabe del que casi nadie ha oído hablar pero cuyo nombre inspira pavor. Dicho presidente, en el que algunos ingenuos creyeron ver una esperanza de regeneración para la humanidad, se embarca, por lo tanto, en luchar contra un fantasma que él ha creado, lo que en la lengua del imperio llaman: Global War on Terrorism o sea GWOT. 

El Ministerio del Interior pedía su colaboración a la ciudadanía desde su página web: “La colaboración ciudadana es fundamental para combatir el terrorismo y la delincuencia organizada, por este motivo si Vd. tiene conocimiento, indicio o sospecha de actividades que pudieran estar relacionadas con este tipo de delincuencia, no dude en ponerse en contacto con nosotros: Vd. mismo puede ser un peligroso terrorista e ignorarlo: colabore con la policía: denúnciese.”

El Ministerio de Defensa del mismo lejano y remoto país negociaba la venta de más de doscientos carros de combate a otro país que, lejos de ser una democracia, era una monarquía absoluta pero muy rica gracias a sus yacimientos petrolíferos en la que la mujer vive fuertemente segregada y discriminada por razón de su sexo, y la homosexualidad está castigada como un delito de pena capital con muerte por ahorcamiento.

 Esta situación, lejos de ser un impedimento para el establecimiento de tratos comerciales y lejos de provocar una intervención humanitaria o invasión armada del primer país sobre el segundo, es ignorada y pasada por alto. Sin duda porque el contrato que están a punto de firmar es multimillonario: supera los tres mil millones. Y no estamos hablando de la vieja moneda, sino de la nueva, que multiplicaba por más de ciento cincuenta el valor de la vieja, lo que constituye una suma astronómica, casi incalculable.

El dinero, aunque no proporciona la felicidad y es causa de desgracias múltiples, caviló el primer minsitro, es siempre bienvenido en las arcas y los bolsillos de los magnates del lejano y remoto país que pretendía así solucionar de alguna manera la crisis económica que ellos mismos habían desencadenado y generado.

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