¿Donde está la felicidad, que yo no la veo por ninguna parte? ¿Se puede
hacer algo para obtener un simulacro de felicidad, ya que no se puede ser feliz
en esta puta vida? ¿Dónde está esa dama tan esquiva que cuando la buscamos
afanosamente no la encontramos nunca y cuando no la buscamos ni preguntamos por
ella aparece donde menos se piensa? Desde luego, yo no sé dónde está, pero sé
dónde no está: y no está en los libros de autoayuda que te prometen el oro y el
moro y que te dan consejos para ser feliz, como si se pudiera serlo en la
vida...
Te dicen cosas tan banales y tontas como que las relaciones sociales y sexuales son o pueden ser un elemento crucial y determinante para la felicidad, pero resulta que también pueden ser una fuente de problemas y la causa de todos nuestros males y desgracias. Y eso lo sabemos todos. Y no te lo dicen.
Yo lo único que sé es que el que la busca no la encuentra porque no se
trata de encontrar algo que no poseemos, sino de perder algo, mucho, que
llevamos encima y que nos sobra y nos impide ser felices: nuestra desdicha. Hay
que huir del sufrimiento, que es inútil, y del estrés que provoca la mayoría de
los problemas. Nosotros mismos somos los causantes de nuestro propio
sufrimiento. Y, aunque suene a broma, una buena estrategia puede residir en
algo tan simple como potenciar el sentido del humor, riéndose uno de todo y de
todos pero, especialmente y sobremanera, de uno mismo y de su ridícula sombra.
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