domingo, 9 de marzo de 2014

Advertencia

Nuestros gobernantes prefieren llamarse a sí mismos “representantes”, ridículo eufemismo que oculta lo esencial, que son quienes nos gobiernan.
Dicen representar la voluntad del pueblo, pero la voluntad soberana del pueblo se rebela contra toda forma de gobierno, representación y jerarquía, porque en el pueblo “nadie es ni manda más que nadie”.
Nuestros gobernantes confunden la libertad de los hombres con la libertad del mercado, el Estado del Bienestar con el bienestar del Estado.
Pero somos cada día más los que nos vamos acercando a los diversos movimientos antisistema, enterrando las urnas y sus promesas electorales en el cementerio de los sueños rotos.
Cada vez somos más los que nos oponemos tanto al nacionalismo internacionalista -europeo- como al nacionalismo central –españolista- como a los nacionalismos periféricos –catalanista, andalucista… y un largo etcétera-, porque nos declaramos antinacionalistas sin ningún complejo.
Estamos convencidos de que las naciones son las jaulas del zoológico humano, y no queremos sustituir una bandera por otra, sino que queremos que no se ice  ninguna bandera. Las naciones y los estados izan banderas y establecen fronteras, pero el pueblo no tiene ninguna bandera ni frontera.
No nos falta nada: al contrario. Lo que pasa es que nos sobran muchas cosas: policía, gobierno, cárceles, ejército, manicomios, escuelas, instituciones que no pretendemos reformar para que funcionen mejor, sino que dejen de funcionar. Y nos sobra, sobre todo, el dinero. No porque tengamos mucho, sino porque para vivir no nos hace falta. Tampoco nos hace falta para ser felices. Al contrario, el dinero es la fuente de la que brota la desgracia.
Pero es que en España, ay, y en todas partes por doquier,  tenemos doble ración de todo eso: gobierno central y gobierno autonómico, policía nacional y autonómica, nacionalismo central y nacionalismo autonómico… ¿No queríamos taza? Pues nos han dado, idiotas en sentido aristotélico que somos, taza y media.
No pertenecemos ni a la izquierda ni a la derecha democráticas, líbrenos Dios, el demonio o quien sea de semejante falsa dualidad y del embeleco diabólico de la democracia, que es la dictadura más perfecta porque casi pasa desapercibida.
Es más, digámoslo ya: estamos en contra abiertamente del sistema de dominación democrático vigente de explotación del hombre por el hombre.
Contra esta democracia intrínsecamente perversa luchamos los que hemos decidido recoger el testigo de las pasadas generaciones de descontentos que lucharon en defensa de la emancipación del ser humano y de la libertad, los indignados, los enojados.

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