Nuestros
gobernantes prefieren llamarse a sí mismos “representantes”, ridículo
eufemismo que oculta lo esencial, que son quienes nos gobiernan.
Dicen
representar la voluntad del pueblo, pero la voluntad soberana del
pueblo se rebela contra toda forma de gobierno, representación y
jerarquía, porque en el pueblo “nadie es ni manda más que nadie”.
Nuestros gobernantes confunden la libertad de los hombres con la libertad del mercado, el Estado del Bienestar con el bienestar del Estado.
Pero
somos cada día más los que nos vamos acercando a los diversos
movimientos antisistema, enterrando las urnas y sus promesas electorales
en el cementerio de los sueños rotos.
Cada
vez somos más los que nos oponemos tanto al nacionalismo internacionalista -europeo- como al nacionalismo central
–españolista- como a los nacionalismos periféricos –catalanista,
andalucista… y un largo etcétera-, porque nos declaramos
antinacionalistas sin ningún complejo.
Estamos
convencidos de que las naciones son las jaulas del zoológico humano, y
no queremos sustituir una bandera por otra, sino que queremos que no se ice ninguna bandera. Las naciones y los estados izan banderas y
establecen fronteras, pero el pueblo no tiene ninguna bandera ni frontera.
No
nos falta nada: al contrario. Lo que pasa es que nos sobran muchas
cosas: policía,
gobierno, cárceles, ejército, manicomios, escuelas, instituciones que no
pretendemos reformar para que funcionen mejor, sino que dejen de
funcionar. Y nos sobra, sobre todo, el dinero. No porque tengamos mucho,
sino porque para vivir no nos hace falta. Tampoco nos hace falta para
ser felices. Al contrario, el dinero es la fuente de la que brota la
desgracia.
Pero
es que en España, ay, y en todas partes por doquier, tenemos doble ración de todo eso: gobierno
central y gobierno autonómico, policía nacional y autonómica,
nacionalismo central y nacionalismo autonómico… ¿No queríamos taza? Pues
nos han dado, idiotas en sentido aristotélico que somos, taza y media.
No
pertenecemos ni a la izquierda ni a la derecha democráticas, líbrenos
Dios, el demonio o quien sea de semejante falsa dualidad y del embeleco
diabólico de la democracia, que es la dictadura más perfecta porque casi
pasa desapercibida.
Es más, digámoslo ya: estamos en contra abiertamente del sistema de dominación democrático vigente de explotación del hombre por el hombre.
Contra
esta democracia intrínsecamente perversa luchamos los que hemos
decidido recoger el testigo de las pasadas generaciones de descontentos
que lucharon en defensa de la emancipación del ser humano y de la
libertad, los indignados, los enojados.
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