domingo, 22 de septiembre de 2013

Sagrada comunión




No me conformo con la sagrada eucaristía,
quiero la verdadera comunión contigo.
Déjate de hostias, simulacros y símbolos
de tu carne y sangre, de tu espíritu y tu cuerpo.
Quiero comerte, Cristo, vivo y crudo a ti
como el carnívoro caníbal a su presa
y beber el flujo de tus venas cual vampiro,
devorarte todo entero y vero, y engullirte,
comulgar contigo y no con tus metáforas
del pan y el vino: quiero poseerte a ti,
que seas carne y sangre de mi carne y sangre,
que seas mío y sólo mío porque tú eres
mi solo y único y mi verdadero Dios.






Semidesnudo, míralo, y atado al poste,
azotado por un par de esbirros con la fusta
hasta que se abren sus blancas carnes flageladas
y la sangre corre. Hay placer en el sadismo
de los verdugos que disfrutan como Dios.
Se ve en sus caras, que reflejan el horror
del que goza con el sufrimiento de los otros.
Seguramente están sus vergas bien arrechas
y bien hinchados sus testículos preñados
de semen de odio largo tiempo retenido.
...Y placer en el masoquismo de la víctima
que se presta al propio sacrificio como Dios.
Se ve en su rostro que el dolor es placentero,
y que el placer es doloroso, y que se ofrece
para salvarnos a nosotros y enseñarnos
el camino de la autoinmolación presentando
la otra mejilla y la sonrisa más amable
del que sabe que, hagan lo que hagan, no podrán
hacerle daño alguno pues convertirá
el sufrimiento y la pasión en un orgasmo,
su abierta carne en pan, su roja sangre en vino,
en amor el odio, y su fracaso en éxito.



Dios no es más que el pretexto o, si se prefiere, la disculpa que tiene mucha gente, incluidos los sedicentes ateos, para creer en algo.

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