Decidme qué sería de esta sociedad
sin la cocaína y los antidepresivos varios,
sin drogas ya legales o ilegalizadas;
se vendría abajo el orden que hay establecido:
la democracia occidental globalizada.
sin la cocaína y los antidepresivos varios,
sin drogas ya legales o ilegalizadas;
se vendría abajo el orden que hay establecido:
la democracia occidental globalizada.
¿Qué
diablos va a ser eso del gobierno del pueblo a través de sus legítimos
representantes? Esa es la falacia: que a los gobernadores civiles,
ministros, directores provinciales, presidentes del parlamento,
diputados, senadores y demás animales del zoo político social se los
considera representantes de la voluntad popular, ocultando su verdadero
rostro de gobernadores y funcionarios del Estado, es decir, de H.G.P. o
Hijos de la Gran Puta.
La Gran Puta, por cierto, no es tanto su madre de carne y hueso como esta otra, no menos real pero simbólica madre, si no es un padre, que es el Estado prostituido como está al Becerro de Oro, que es el nombre veterotestamentario del Capital.
La Gran Puta, por cierto, no es tanto su madre de carne y hueso como esta otra, no menos real pero simbólica madre, si no es un padre, que es el Estado prostituido como está al Becerro de Oro, que es el nombre veterotestamentario del Capital.
Si los hijos todos de puta se echan a volar,
no se vería en todo el año el sol brillar.
no se vería en todo el año el sol brillar.
Si
el pueblo es de veras soberano, no puede haber ningún dios ni ningún
estado ni ningún jefe del estado por encima de él: ni dios ni estado, ni
mucho menos esta mascarada del gobierno de los representantes de la
voluntad popular que, en lugar de representar la voluntad del pueblo, la
usurpan para ejercer su tiranía en el nombre del pueblo, es decir, por
el sufragio universal, como antaño se hacía en el nombre de Dios, por la
gracia de Dios como se leía en la vieja moneda de una peseta de
Francisco Franco: Caudillo de España por la gracida de Dios. Y es que el pueblo
(demo- en griego) ha venido a sustituir a Dios (teo- en la lengua de
Homero), por lo que la democracia es en realidad una teocracia de nuevo
cuño, enmascarada, disfrazada.
Si sirvieran las elecciones para transformar
la vida, el voto no estaría permitido,
ni el sufragio universal sería un derecho.
Si el voto es un derecho, dicen, y un deber
es porque no se cambia nada con el voto.
la vida, el voto no estaría permitido,
ni el sufragio universal sería un derecho.
Si el voto es un derecho, dicen, y un deber
es porque no se cambia nada con el voto.
Algunos
dicen que la democracia tal como la conocemos no es perfecta, pero es
el mejor sistema de gobierno que se ha inventado. Efectivamente, el
mejor que hay, por eso lo hay, por eso se está imponiendo en casi todo el mundo
mundial. Pero eso no quiere decir que sea bueno, quiere decir que es lo que hay. Dicen que de los
males es el mal menor, pero es un mal, no lo olvidemos. Y lo de menor es
muy relativo: menor porque no se ve lo malo que es, no porque sea menos
malo que, pongamos por caso y mencionemos a la bicha, la dictadura.
Los que mandan son los más mandados. Todos esos ministros y ministras,
jefes de estado, alcaldesos y alcaldesas y demás ejemplares del zoo político social no pintan
nada, no mandan nada; ni siquiera se puede decir que hagan lo que les da
la gana y que nos impongan su despótica voluntad como los pocos tiranos
déspotas que en el mundo quedan. Ellos sólo pueden hacer lo que está mandado, lo que Dios manda, lo que el Becerro de Oro
al que sirven sumisamente sin darse cuenta les ordena: son economistas, no políticos en el verdadero sentido de la
palabra: lo único que hacen es facilitar los intercambios económicos,
los flujos y reflujos de capital. No pueden hacer otra cosa.
Desgraciadamente,
además, hoy no parecer existir en ningún lugar del mundo algo que se
parezca mínimamente a una oposición política que no sea una mera
alternativa de poder, un recambio en el gobierno.
Los sindicatos obreros en lugar de liberar a la clase trabajadora de las
cadenas del trabajo asalariado, aseguran más su sujeción, colaborando
con la patronal y el Estado, que es el paraguas o
condón del Capital, el dios omnipotente, real y falso, al mismo tiempo,
el más poderoso e impotente paradójicamente de todos los caballeros, don
Dinero.
Las
reivindicaciones puramente materiales o económicas de derechos
laborales, las luchas por las mejoras en las condiciones del medio
proletario, como la conquista del fin de semana o el mes de vacaciones
como tiempo libre, estaban ya dentro de una estrategia de adaptación a
la sociedad de consumo. El tiempo libre conquistado por los obreros era
pronto asimilado al consumo turístico y la industria de ocio.
Lo que
podía parecer una liberación temporal del trabajo asalariado se ha visto
después que ha servido para justificar la propia existencia y dureza de
la explotación capitalista y la sujeción de los curritos al duro yugo:
uno se libera el fin de semana para volver el lunes al trabajo como
nuevo y soportar la semana laboral, o el mes de agosto para volver el
uno de septiembre con las baterías cargadas para soportar lo que de otra
forma no se podría tolerar.
Las
reivindicaciones salariales de los trabajadores con el fin de mejorar
sus convenios colectivos, condiciones laborales y aumentos de sueldo han
servido para consolidar el sistema de explotación capitalista, lo mismo
que la lucha por mejorar las condiciones de la esclavitud -fue la
postura de la iglesia católica- no abolió la esclavitud, sino que la
consolidó "humanizándola". Así pues, las luchas obreras, según la
retórica izquierdista, no han servido, por lo tanto, para la
emancipación de la clase obrera, sino para su embrutecimiento y su
alienación.
La
vanguardia intelectual del sedicente movimiento de resistencia global
reivindicaba, por ejemplo, la renta básica, el software libre y la
libertad de movimientos transfronterizos, cosas que supuestamente iban a
liberar a las multitudes, como si de consignas revolucionarias se
trataran, cuando en realidad todo ello sirve para fortalecer el propio
sistema al que dicen oponerse a fin de que funcione mejor. El llamado
antagonismo hace que mejore, paradójicamente, el protagonismo del Estado
y el Capital.
No hay comentarios:
Publicar un comentario