Se
dice “cherchez la femme!”, lo que significa que hay que buscar a la mujer como
móvil del crimen en las novelas policiacas que se basan en la realidad
de la vida cotidiana, y que a veces la superan. Pero no hay que entender esta
expresión en sentido literal, sino en el
figurado, algo más allá de lo que dice: hay que buscar el móvil sexual
en todo crimen porque el sexo es el motor del mundo. El sexo es la expresión de una pulsión primaria. Algunos dicen que es la expresión del amor, pues bien, el amor también es el móvil de muchos crímenes porque, como dice el refrán, hay
amores que matan.
Lo de que hay que buscar a la hembra se explica por la vieja pelea por el coño por el que rivalizamos los machos. Algunos, por miedo de la vulva misma de la mujer, que imaginan como una vagina dentada, la sustituyen por el trasero de un efebo, por lo que también se debe decir que en algunos casos hay que “chercher le garçon” es decir, que hay que buscar al chico, porque tanto el chico como la mujer pueden ser manifestaciones de la vieja pelea por la posesión del coño primordial y primigenio, es decir, del móvil sexual del crimen.
Poco importa que el chico no tenga propiamente coño, y la mujer sí: el muchacho tiene el coño metafórico de su boca, o el preciso de su culo, o los millares de resquicios de los poros de su piel por donde puede ser penetrado. Estoy hablando de lugares metafóricos pero reales, penetrables.
Lo de que hay que buscar a la hembra se explica por la vieja pelea por el coño por el que rivalizamos los machos. Algunos, por miedo de la vulva misma de la mujer, que imaginan como una vagina dentada, la sustituyen por el trasero de un efebo, por lo que también se debe decir que en algunos casos hay que “chercher le garçon” es decir, que hay que buscar al chico, porque tanto el chico como la mujer pueden ser manifestaciones de la vieja pelea por la posesión del coño primordial y primigenio, es decir, del móvil sexual del crimen.
Poco importa que el chico no tenga propiamente coño, y la mujer sí: el muchacho tiene el coño metafórico de su boca, o el preciso de su culo, o los millares de resquicios de los poros de su piel por donde puede ser penetrado. Estoy hablando de lugares metafóricos pero reales, penetrables.
Estoy sugiriendo con lo dicho que la homosexualidad es un trasunto de la heterosexualidad, y que se explica por el miedo atávico del varón al sexo femenino, por el "metus cunni" o miedo a perderse en un pozo sin fondo que nos empuja a sustituirlo por un sucedáneo o simulacro perfectamente válido.
No estoy diciendo que haya nada de malo en la homosexualidad. Líbreme Dios, si existe, que no existe y por lo tanto no va a poder librarme de ello. Digo, simplemente, que las cosas son así. Por eso el matrimonio homosexual no difiere gran cosa del heterosexual. Por eso ahora, una vez legalizado éste, se empieza a hablar del divorcio homosexual: el divorcio que refuerza la institución matrimonial.
De todas formas, me dice un amigo homosexual que los varones, seamos heterosexuales convencidos o no, no debemos renunciar a "sacar del armario al mariconcete que todos -pronuncia con énfasis lo de "todos"- llevamos dentro aunque no queramos, y a dejarnos encular, ofreciéndoles a otros varones las primicias de nuestra virginidad anal".
El ano, razona mi amigo, no es como piensan algunos sólo una válvula de escape, una puerta de salida, sino que también puede ser la puerta de entrada al séptimo cielo, al jardín del Edén, donde se halla el fruto prohibido del árbol del bien y del mal, que es la próstata, el punto neurálgico del placer masculino.
Creo que lo que quiere mi amigo cuando me dice que saque del armario al mariconcete que llevo dentro, es descerrajarme el ojete del culo, cosa que no me han hecho nunca todavía. Me asegura que hay tanto placer en recibir como en dar, e incluso afirma que hay más placer en la recepción que en la dádiva.
No sé, no lo veo claro. Es verdad que cuenta la leyenda que el adivino Tiresias, que había sido sucesivamente macho y hembra, cuando fue preguntado por Zeus que quién sentía más placer en la relación carnal si el varón o la fémina, contestó que indudablemente la mujer.
Es verdad que cuando contestó eso él, que podía ser macho y hembra sucesivamente, era mujer. Eso es lo que dijo el sabio ciego, que veía con sus ojos ciegos lo que los demás no vemos. Es posible que el orgasmo femenino sea infinitamente superior al masculino. ¿Cómo podemos averiguarlo?
Mi amigo asegura que dejándonos sodomizar bien sodomizados, dejándonos penetrar por la puerta de atrás, por la vagina que tenemos los varones para ofrecérsela a nuestros congéneres masculinos y para que nos hagan sentirnos mujeres y experimentar las mieles del orgasmo femenino multiplicado por la estimulación prostática.
No sé. A mí no acaba de convencerme, aunque a veces estoy tentado de probar. Me da la sensación de que aunque pueda llegar a ser placentero tiene que ser a la vez muy doloroso. Total, por probar una vez... Pero no acabo de decidirme. ¿Qué me decís vosotros, lectores masculinos si hay alguno? ¿Os han sodomizado alguna vez? ¿Habéis hallado algún asomo de placer en ello? ¿Y vosotras, lectoras femeninas? ¿Lo habéis probado? ¿Merece la pena o es mejor olvidarse de ello?
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