El artista dirá, seguramente, que el arte es lo que da sentido a su vida, pintura o escultura, música o poesía o lo que sea; para el enamorado, será el amor y el erotismo o, simplemente, la persona amada. El obsesionado por el sexo dirá, si se atreve a proclamarlo, que lo que da sentido a su vida es el consumo compulsivo de pornografía; para el economista, será quizá el dinero y la eterna crisis económica; el político dirá que el buen gobierno; y para el hombre religioso, será quizá la búsqueda infructuosa de Dios lo que dé sentido a su vida.
Pero para mí la vida no tiene propósito, sentido ni objetivo alguno porque, sencillamente, no necesita tenerlo, y eso es lo bueno de ella: carece de cualquier sentido. Puede tener cualquiera y, sin embargo, de por sí no no tiene ninguno en absoluto.
El hecho de que pueda adoptar tantas y tan variadas orientaciones es lo que revela que no tiene ninguna en absoluto, y que, si la tuviera, sería relativa, y, por lo tanto, válida sólo para la persona que la tiene, pero no extensible a los demás.
La vida no tiene ningún sentido. Y eso, lejos de ser algo malo, es lo bueno de ella: caminante, no hay camino sino estelas en la mar (fin de la cita de Antonio Machado).
Pero para mí la vida no tiene propósito, sentido ni objetivo alguno porque, sencillamente, no necesita tenerlo, y eso es lo bueno de ella: carece de cualquier sentido. Puede tener cualquiera y, sin embargo, de por sí no no tiene ninguno en absoluto.
El hecho de que pueda adoptar tantas y tan variadas orientaciones es lo que revela que no tiene ninguna en absoluto, y que, si la tuviera, sería relativa, y, por lo tanto, válida sólo para la persona que la tiene, pero no extensible a los demás.
La vida no tiene ningún sentido. Y eso, lejos de ser algo malo, es lo bueno de ella: caminante, no hay camino sino estelas en la mar (fin de la cita de Antonio Machado).
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